Todo comienza con una nota que alguien desliza debajo de la puerta. Es el inicio de una investigación en el más puro y auténtico género negro.

En este caso, y sin miedo a desvelar la trama, ya solo por el título, hay que investigar el Asesinato de un fotógrafo. Y lo haremos nosotros. Nos guiará el avispado y clásico detective, (no podía faltar); mejor que la policía no se inmiscuya en este asunto, pues contaminará todas las pruebas.

Y ya que se trata de un fotógrafo, veamos, pues, fotografías. Hay un tiempo limitado, pero no se puede trabajar a contrarreloj, todo el ambiente nos irá detallando qué es lo que ha sucedido. Habrá que ir estrechando el cerco.

Y lo traza estupendamente, Pablo Rosal, que ha escrito esta historia de intriga y suspense y, además, nos la cuenta. Nos convierte en testigos, en ayudantes, en curiosos, en confidentes. Él solo. Frente a todas las pruebas, frente a todos los personajes implicados y sospechosos a los que no se les ve la cara, porque la atención debe recaer sobre la trama en sí misma. Y es mejor no airearlo, por mucho que haya un periodista por medio, un recepcionista de hotel, una ex mujer (de pareja, me refiero) con influencias sociales y un matrimonio mecenas en una especie de triángulo hogar, dulce hogar.

Magníficamente narrado, es como si estuviéramos leyendo una novela policiaca, asistiendo a un pase privado de una película de culto sobre un detective mítico (incluyendo su banda sonora), al relato hecho por entregas en una publicación especializada de casos sin resolver, al juicio como jurado de un caso de asesinato donde todos podemos ser los asesinos.

Ferran Dordal i Lalueza lo dirige con la asepsia necesaria para no ocultar pruebas y que todo el tiempo estemos pensando ¿quién cometió el delito?

El escenario, vacío. Y, al mismo tiempo, cargado del ambiente en el que el asesinato ha sido cometido. Podemos apreciar casi cada minuto y cada escenario de las pesquisas del detective Julio Romero, que desgranará para nosotros todas las pruebas, cada sospecha, también lo imprevisto y en lo que, nosotros, neófitos, no habíamos caído.

El relato te mantiene en tensión; intentas, sin querer, ser el primero en descubrirlo. Ayudarle en sus investigaciones, reparar en detalles que, a lo mejor, a él se le han pasado por alto. Pero no. Está todo claramente definido y, como buena historia detectivesca, (ya hemos dicho que la policía no interviene, de momento), entendemos que el “simple arte de matar” no es tan sencillo.

Ni es fácil poner en escena un montaje tan enrevesado y, al tiempo, tan veraz, tan natural, por mucho que descubrir un cadáver no sea algo cotidiano pero, en este caso, sí entretenido.

Ficha artística

Autoría e interpretación: Pablo Rosal

Dirección: Ferran Dordal i Lalueza

Fotografía: Noemí Elias Bascuñana

Espacio: Teatro de la Abadía

Este texto recibió una ayuda para la escritura teatral en la temporada 2020-21 de la Sala Beckett con el apoyo de la Fundación SGAE


Alberto Morate, escritor, poeta, director de escena, profesor de Literatura y Teatro y Academíco de la Academia Norteamericana de Literatura Moderna Internacional (ANLMI).