La Fuerza Aérea israelí ha atacado este miércoles una instalación de procesamiento de gas natural en el suroeste iraní, en lo que supone un salto cualitativo en la campaña militar contra la República Islámica: por primera vez, el objetivo directo no es solo militar o nuclear, sino una infraestructura energética crítica para la economía iraní, en una coyuntura marcada por la escalda de los precios del gas y el petróleo. "Atacar el campo de gas de Asaluyeh es un crimen de guerra que no quedará impune", ha advertido una fuente militar iraní citada por la agencia estatal Fars. "Atacaremos las infraestructuras del enemigo".

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El ataque, dirigido contra instalaciones del gigantesco yacimiento de South Pars, cerca de Bushehr, apunta al nervio económico de un país asfixiado por las sanciones pero aún dependiente de sus exportaciones energéticas. La agencia semioficial iraní Tasnim ha informado de que varios complejos fueron alcanzados y que equipos de emergencia trataban de sofocar incendios en la zona, sin detallar por ahora víctimas ni el alcance total de los daños. En concreto, ha sido alcanzado la mayor planta de procesamiento de gas iraní, situada en Asaluyeh, en la provincia de Bushehr, que forma parte de la infraestructura del yacimiento de gas de South Pars.

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South Pars representa alrededor del 75 % de la producción de gas natural de Irán, y se estima que aproximadamente el 80 % de la red eléctrica del país funciona con gas natural. El movimiento no es menor. South Pars, compartido con Qatar, constituye el mayor campo de gas del mundo y una pieza clave en la arquitectura energética iraní. Atacarlo implica elevar la presión más allá del terreno militar convencional y adentrarse en una guerra económica de alto riesgo.

Qatar, otro de los actores directamente implicados, ha reaccionado condenando la acción. "El ataque israelí contra instalaciones vinculadas al yacimiento iraní de South Pars, una extensión del yacimiento qatarí de North, es un paso peligroso e irresponsable en medio de la actual escalada militar en la región", ha señalado el portavoz de Exteriores qatarí Majed al Ansari.

"Atacar la infraestructura energética constituye una amenaza para la seguridad energética mundial, así como para los pueblos de la región y su medio ambiente. Reiteramos, como ya hemos recalcado en repetidas ocasiones, la necesidad de evitar ataques contra instalaciones vitales. Hacemos un llamamiento a todas las partes para que actúen con moderación, respeten el derecho internacional y trabajen para reducir la tensión de manera que se preserve la seguridad y la estabilidad de la región", ha agregado el funcionario qatarí.

Fuentes israelíes subrayan que la operación fue coordinada y aprobada por la administración de Donald Trump, un dato que revela el grado de alineamiento entre Washington y Tel Aviv en esta fase del conflicto. No siempre ha sido así. En episodios anteriores, la Casa Blanca había frenado los impulsos israelíes de atacar infraestructuras energéticas. De hecho, la administración Trump se opuso a un bombardeo previo contra depósitos de petróleo en Teherán y pidió explícitamente evitar este tipo de objetivos sin contar con la luz verde estadounidense.

La ofensiva envía un mensaje a los mercados energéticos globales, sensibles a cualquier alteración en la producción o transporte de gas y petróleo en la región. El estrecho de Ormuz, arteria por la que transita una quinta parte del crudo mundial, vuelve a situarse en el epicentro de las preocupaciones.

Irán anuncia represalias

Por su parte, la Guardia Revolucionaria iraní ha informado de ataques de represalia contra instalaciones de gas y petróleo de la Península Arábiga. En concreto, los blancos don la refinería de Samref en Arabia Saudí; el yacimiento de gas de Al Hasan, en Emiratos Árabes Unidos; el complejo petroquímico de Jubail, en Arabia Saudí; y el complejo petroquímico de Mesaieed y Mesaieed Holding Company (filial de Chevron), en Qatar.

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