España

Luz y gas: un tercio de los hogares sigue descontento con su factura pese a la caída de precios

El volumen de la queja se ha reducido, pero sigue siendo elevado. Lo marcan el precio del gas y de la electricidad, que se mantienen como el principal motivo de malestar sobre los suministros energéticos en los hogares españoles. Una insatisfacción que, pese a todo, se ha reducido casi a la mitad respecto a la de hace una década. Lo ha hecho al mismo ritmo que crecía la penetración de las energías renovables en nuestro país y, con ello, la moderación de los precios de producción.

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Si en 2015 el 60% de los hogares aseguraba estar poco o nada satisfecho con el precio de la luz, el último informe de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) rebaja ese porcentaje en la actualidad al 37%. En el caso del gas la evolución ha sido similar, si bien el malestar es algo más moderado: hace diez años, los usuarios insatisfechos alcanzaban el 46,6%, mientras que el último dato del Panel de Hogares lo rebaja al 34,7%.

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De este modo, la insatisfacción con las tarifas de luz y gas está presente en un tercio de las viviendas de nuestro país. Esa reducción se ha compensado con quienes consideran que la situación ha mejorado notablemente. El número de hogares que ve hoy con mayor satisfacción lo que paga en sus facturas eléctricas se ha incrementado de manera significativa: a finales de 2015 apenas representaban un 6,9% y actualmente superan el 28%.

Volatilidad de precios y autoconsumo

Se trata de una década marcada por la volatilidad de precios y numerosos cambios en el sector. También han influido las reducciones fiscales aplicadas tras la crisis energética provocada por la guerra de Ucrania, que terminaron a finales de 2025. Un factor determinante ha sido el auge del autoconsumo fotovoltaico; esta transición, impulsada por las ayudas públicas y el abaratamiento de la tecnología solar, ha permitido que parte de la población mitigue el impacto del mercado mayorista al generar su propia energía, reduciendo la dependencia de la red.

En estos años, producir energía en España se ha abaratado de manera importante gracias a las renovables. Sin embargo, esa reducción apenas se ha notado en el recibo final, ya que ha quedado compensada por el retorno de las cargas fiscales. En 2025 se recuperó la normalidad tributaria, lo que supuso que el IVA de la electricidad subiera del tipo reducido (5% o 10%) al 21% previo a la crisis, sumado a la recuperación del Impuesto Especial sobre la Electricidad.

De este modo se eliminó cierto "espejismo" de precios. En 2015, el coste estaba muy ligado al carbón y al ciclo combinado de gas; a partir de ahí, pese a los precios de cero euros en horas de alta producción renovable, la volatilidad y los costes fijos de la factura mantienen el importe elevado para el consumidor final.

Calidad del servicio

El malestar por el precio se compensa, en parte, con una mayor satisfacción en la calidad del servicio energético. Según la CNMC, hace una década el 21% de los clientes de electricidad estaban insatisfechos con el servicio técnico, cifra que ha caído al 11,8%. En el servicio de gas, la insatisfacción ha bajado del 14,5% al 9,6%.

Aun así, persiste una brecha de información considerable: muchos usuarios todavía desconocen si su contrato pertenece al mercado libre o al mercado regulado (PVPC), o si tienen derecho al Bono Social. Esta falta de transparencia hace que el consumidor perciba la estructura de costes y peajes como un laberinto burocrático. Por tanto, la insatisfacción actual no responde solo al importe final, sino también a la complejidad del sector energético, que el ciudadano todavía siente ajeno y difícil de auditar.

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