Es la primera vez en casi una década que un presidente de Estados Unidos viaja a China. Donald Trump llega este miércoles por la noche a Pekín en un momento de especial debilidad para la primera potencia mundial. Empantanado en la guerra de Irán, Trump se verá con un Xi Jinping que tratará de avanzar en la cuestión que le obsesiona, Taiwán. Con su soberbia habitual, antes de despegar, Trump ha dicho que no necesita ninguna ayuda con Irán, porque finalmente se resolverá de forma pacífica o por las malas. Pero a nadie, tampoco a EEUU, le interesa una escalada.

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Trump viaja con los grandes magnates tecnológicos, incluidos Elon Musk, con quien parece que se ha reconciliado. También estará junto a él Tim Cook, de Apple. Sin embargo, no viaja a China Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, justo cuando Nvidia espera la aprobación de Washington y Pekín para poder enviar a China el chip H200, uno de sus modelos de inteligencia artificial.

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"Lo que está en juego es la capacidad de ambas partes para estabilizar la situación y afrontar las diferencias sin derivar en graves enfrentamientos", explica Xulio Ríos, fundador del Observatorio de Política China y asesor de Casa Asia. "Trump tiene muchos frentes abiertos: Irán, la cuestión económica y comercial, la tecnológica y quiere llegar en las mejores condiciones posibles a las elecciones de mitad de mandato de noviembre", añade Ríos. "Xi no va a regalar nada. Sabe que Trump le necesita. Si logra algún cambio, lo venderá como un gran éxito de cara al próximo congreso de 2027. Si l la cumbre acaba bien y luego culmina con un viaje de Estado a EEUU se realzará más su figura política".

Guerra contra Irán

La visita estaba prevista para hace mes y medio pero se tuvo que reagendar por la guerra contra Irán. Estados Unidos e Israel atacaron Irán el pasado 28 de febrero. Desde el 7 de abril está en vigor una tregua cada día más frágil. Trump quería viajar una vez resuelto el conflicto pero los iraníes siguen sin plegarse a las exigencias de Estados Unidos. Es uno de los asuntos que van a tratar Xi y Trump.

Trump también necesita la cooperación de Pekín. En menos de seis meses le esperan las elecciones al Congreso, en las que los republicanos podrían perder la mayoría no solo en la Cámara de Representantes, sino también en el Senado. Para evitar tal derrota, que de facto ataría de manos al presidente de EEUU hasta el final de su mandato, el líder estadounidense intentará convencer a Xi para que consiga que Irán haga concesiones. Teherán es el aliado más cercano de Pekín en Oriente Medio. Sin embargo, aunque los chinos están sufriendo duramente las consecuencias de los altos precios del petróleo, para ellos es importante que sean los iraníes quienes salgan victoriosos del enfrentamiento con los estadounidenses. Esto debilitaría mucho la posición global de Estados Unidos en el mundo.

Otra baza de los chinos es que llevan años apostando por las energías renovables y los coches eléctricos. Por lo tanto, los altos precios del petróleo podrían ayudar a China a alcanzar el dominio definitivo a escala mundial en este ámbito. Trump ha apostado por una extracción ilimitada de petróleo, incluso a costa del medio ambiente. Pero hoy, aunque Estados Unidos se ha convertido en el principal exportador de este producto en el mundo, el galón de gasolina cuesta más de 4,5 dólares en las gasolineras estadounidenses, frente a menos de tres dólares antes del inicio de la campaña contra Irán. 

"A nadie le conviene que el conflicto se enroque. A China le preocupa la estabilidad y la seguridad energética. Pero es indudable que para Estados Unidos es más complicado. Le puede ocurrir como a Rusia con Ucrania y está muy condicionado por la política interna, y por sus propios aliados, tanto en Asia como en Europa. Hay razones de sobra para que se busque una solución", señala Xulio Ríos. "China apuesta por una salida política". Pakistán es el mediador a la medida de China.

Taiwán, palabras mayores para China

Xi Jinping espera que, durante las conversaciones con Donald Trump que se prolongarán hasta el viernes, consiga que Estados Unidos cambie su postura respecto a Taiwán. Desde hace años, EEUU "no apoya" la independencia de la isla, pero China quiere que Trump declare que "se opone" a la independencia.

A pesar de todo, desde que volvió al poder hace casi un año y medio, Trump ha aprobado un paquete de suministro de armas a Taiwán por valor de 11.000 millones de dólares y está preparando otro por valor de 14.000 millones de dólares. Esto supera el apoyo militar que Joe Biden concedió a los taiwaneses durante todo su mandato de cuatro años. Al observar el desastroso resultado de la campaña ucraniana para Vladímir Putin y de la iraní para Donald Trump, Xi Jinping sin duda actuará con gran cautela antes de emprender cualquier plan de invasión de Taiwán.

"En este momento de debilidad de Trump. China presionará al máximo sobre esta cuestión. Puede traducirse en cuestiones como los contactos políticos o condicionar las ventas de armas, pero el foco está en que pase de no apoyar a rechazar la independencia. Eso es una cuestión política de gran alcance que lamina la posición de ambigüedad estratégica", apunta Ríos. "Finalmente, creo que puede haber gestos pero dudo que haya una concesión de fondo, ya que sería muy criticada en EEUU".

Japón, Corea del Sur y Filipinas prestarán gran atención a todo lo que concierne a est asunto. Quieren saber si pueden seguir contando con el apoyo de los estadounidenses frente a las ambiciones imperialistas de China, o si deben acelerar sus propios programas de armamento. La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, ya apuesta firmemente por esta última opción: Tokio ha duplicado su presupuesto de defensa.

La guerra comercial

Al desencadenar en abril del año pasado una guerra comercial sin precedentes, Trump logró imponer concesiones de gran alcance a casi todo el mundo. Sin embargo, China resultó ser una excepción clave. Xi Jinping puso en marcha sus propias sanciones contra Estados Unidos, en particular en lo que respecta al suministro de metales raros, fundamentales para la industria electrónica. Trump se rindió: hace seis meses, en la cumbre con el líder chino en Corea del Sur, aceptó suspender durante un año los aranceles estadounidenses de hasta el 145% sobre las importaciones de productos de China. 

Ahora Xi espera poder convertir esta tregua en una paz duradera. La economía china está orientada a la exportación, en parte porque una parte importante de la población, al carecer de pensiones, prefiere ahorrar para la vejez en lugar de consumir. Como consecuencia de la interminable campaña iraní y de los elevados precios del petróleo y el gas que esta provoca, la economía china se está desacelerando: según el FMI, este año crecerá solo un 4,4 %.

La carrera por la IA

China y Estados Unidos se encuentran inmersos en una carrera por la inteligencia artificial que se está convirtiendo en una especie de guerra fría tecnológica. En abril, la Casa Blanca acusó a China de robar propiedad intelectual de los laboratorios de IA estadounidenses a escala industrial, acusaciones que Pekín negó. Mientras tanto, Pekín se ha visto frustrado por la reticencia de Washington a permitir que Nvidia exporte sus chips de procesamiento más potentes a China. En enero, la Casa Blanca afirmó que Nvidia podría exportar su segundo chip más potente, el H200, pero aún no se ha realizado ningún envío.

Trump y Xi hablarán sobre la creación de unas directrices no vinculantes sobre IA, incluido el intercambio de información sobre el uso indebido y la seguridad de la IA. Se consideran medidas de protección fundamentales ante la llegada de las armas basadas en IA y su adopción por parte de los ejércitos.

La pesadilla americana del fentanilo

El fentanilo es un tema clave en la agenda de Trump esta semana, según ha publicado Politico. Estados Unidos lleva mucho tiempo acusando a las empresas chinas de suministrar a sabiendas los precursores químicos a los cárteles mexicanos. A los seguidores de base de Trump, el movimiento MAGA, les gusta que su líder presione a Trump por el fentanilo. Decenas de miles de estadounidenses mueren cada año por esta adicción. China quiere que la retiren de la lista anual del Departamento de Estado de "principales países de tránsito o productores de drogas ilícitas". Va a actualizarse en septiembre.