La llamada ‘ruta del narco’ andaluza, desde el Campo de Gibraltar hasta la costa de Huelva, pasando por Barbate o Marbella, ha dejado en estas elecciones una fotografía política distinta a la de hace apenas cuatro años. Este pasado domingo creció la participación, la fragmentación y hubo un evidente crecimiento del voto de protesta. Un fenómeno transversal que beneficia tanto a Vox como a Adelante Andalucía o a candidaturas locales. Además, refleja el desgaste del bipartidismo en algunas de las zonas más golpeadas por el narcotráfico en España.
Los datos muestran un patrón común en prácticamente todos los municipios analizados. En aquellos puntos donde el narcotráfico, las narcolanchas o el blanqueo de capitales forman parte desde hace años del debate público, la participación se ha disparado respecto a 2022. En La Línea de la Concepción se ha pasado del 39,7% al 50%; en Barbate, del 42,4% al 53,4%; en Isla Cristina, del 39,5% al 52,3%; y en Algeciras, del 46,7% al 55,8%. Marbella también supera el 56% de participación, siete puntos más que hace cuatro años. La abstención, que históricamente había sido muy elevada en varios de estos municipios, ha caído de forma notable.
No hay fortalecimiento de PP y PSOE
Pero esa mayor movilización no se traduce en un fortalecimiento claro de PP y PSOE. Al contrario. Aunque el PP sigue siendo la fuerza más votada en casi todas estas localidades, pierde peso porcentual en buena parte de ellas. El ejemplo más evidente es La Línea de la Concepción, una de las ciudades más asociadas históricamente al narcotráfico y al contrabando en España. Allí, el PP pasa del 44,8% de los votos en 2022 al 27,2% actual, perdiendo casi 18 puntos. Ese desplome coincide con el auge de la candidatura local '100x100', que logra un 31,8% y se convierte en la primera fuerza política del municipio.
En Barbate, escenario del asesinato de los dos guardias civiles arrollados por una narcolancha en febrero de 2024, el PP también retrocede con claridad. Pasa del 46% al 36,5%, mientras Vox crece del 11,8% al 14,4% y Adelante Andalucía escala hasta el 11,4%. El PSOE mejora ligeramente y alcanza el 22,1%, pero sigue lejos de capitalizar completamente el desgaste de los populares. La fragmentación aumenta y el voto se dispersa mucho más que hace cuatro años.
En Algeciras ocurre algo similar. El PP pierde más de cuatro puntos respecto a 2022 y se queda en el 37%, mientras Vox supera ya el 22% y Adelante Andalucía roza el 10%. También emergen candidaturas pequeñas y plataformas locales que consiguen porcentajes relevantes para unas elecciones andaluzas. El PSOE apenas mejora unas décimas y permanece en torno al 17%, muy lejos de recuperar la hegemonía histórica que tuvo durante décadas en muchas zonas obreras del Campo de Gibraltar.
Ruta del hachís y cocaína en Huelva
La evolución de Isla Cristina resulta especialmente significativa porque refleja cómo el fenómeno se extiende ya más allá de Cádiz. La localidad onubense, situada en una costa cada vez más utilizada por las redes del narcotráfico, registra una de las mayores subidas de participación con más de 13 puntos. Sin embargo, el PP cae de más del 50% al 44,6%; Vox sube casi tres puntos. Adelante Andalucía prácticamente duplica resultados; y el espacio político aparece mucho más repartido que en 2022. La abstención baja más de doce puntos en una de las zonas donde las fuerzas de seguridad llevan tiempo alertando del desplazamiento de las rutas del hachís y de la cocaína hacia Huelva.
Marbella ofrece otro matiz del mismo fenómeno. Allí el narcotráfico no se expresa tanto mediante narcolanchas como a través del blanqueo de capitales y la presencia de mafias internacionales asentadas desde hace décadas en la Costa del Sol. El PP continúa dominando con claridad y roza el 46%, pero también pierde apoyos respecto a las anteriores elecciones. Vox crece hasta el 16,4% y Adelante Andalucía más que duplica su porcentaje anterior. La fragmentación aumenta incluso en uno de los grandes bastiones históricos del voto conservador en Andalucía.
El voto protesta a Vox y Adelante Andalucía
El crecimiento del voto de protesta, además, no se concentra en un único espacio ideológico. En los municipios más golpeados por el narcotráfico y la sensación de abandono institucional, el descontento se reparte entre opciones muy distintas entre sí. Vox aumenta apoyos en prácticamente todas las localidades analizadas, especialmente en aquellas donde el debate sobre seguridad, control fronterizo y refuerzo policial ha ganado peso tras la expansión de las narcolanchas y el aumento de la violencia ligada al narco. En Algeciras supera ya el 22% de los votos; en Barbate crece más de dos puntos; y en Marbella consolida un 16,4% en uno de los grandes enclaves históricos del crimen organizado y el blanqueo en España.
Pero ese malestar también impulsa a opciones situadas en el otro extremo ideológico. Adelante Andalucía mejora resultados en todos los municipios analizados y logra porcentajes especialmente relevantes en localidades como Barbate, donde alcanza el 11,4%, o Algeciras, donde roza el 10%. Su discurso andalucista y de denuncia del abandono histórico del sur conecta con una parte del electorado. Estos votantes interpretan que ni Madrid ni Sevilla han sido capaces de responder al deterioro económico, social y de seguridad que arrastran estas zonas desde hace años.
El narcotráfico como problema político
La lectura política de fondo conecta directamente con una realidad que ya no se limita al Campo de Gibraltar. El narcotráfico se ha expandido por buena parte de la costa andaluza y ha dejado de ser únicamente un problema policial para convertirse en un fenómeno económico, social y político. La presión de las redes criminales, la sensación de impunidad y la falta de medios denunciada durante años por las fuerzas de seguridad han ido generando un caldo de cultivo de hartazgo que ahora también se refleja en las urnas.
çLa presión del narcotráfico sobre la costa andaluza volvió a quedar patente hace apenas unos días con la muerte de dos guardias civiles durante una persecución a una narcolancha frente a las costas de Huelva. Los agentes fallecieron después de que dos embarcaciones del Servicio Marítimo colisionaran en plena operación contra los narcotraficantes, a unas 80 millas del litoral onubense.
El suceso, que dejó además otros dos agentes heridos, reabrió el debate sobre el avance de las mafias en Andalucía. Además de subrayar las condiciones en las que trabajan las fuerzas de seguridad frente a organizaciones cada vez más rápidas, violentas y mejor equipadas. La tragedia recordó inevitablemente al caso de Barbate.
Barbate 2024
El episodio que marcó un antes y un después fue el asesinato de los guardias civiles Miguel Ángel González y David Pérez en Barbate en febrero de 2024, cuando una narcolancha embistió la zodiac en la que se encontraban durante una operación en el puerto gaditano. La muerte de los agentes provocó una enorme conmoción nacional.
Aquel suceso intensificó además las críticas de asociaciones de guardias civiles y sindicatos policiales. Desde hace años denuncian falta de medios, escasez de personal y pérdida del principio de autoridad frente a organizaciones criminales cada vez más violentas y mejor equipadas. Las imágenes de narcolanchas entrando a plena luz del día en puertos, ríos y desembocaduras se han convertido en habituales. Sobre todo en distintos puntos de Cádiz y Huelva.
Deterioro institucional
Mientras, Marbella y la Costa del Sol continúan siendo uno de los grandes centros europeos de blanqueo de capitales y asentamiento de mafias internacionales. Allí confluyen redes vinculadas al narcotráfico, grupos del crimen organizado procedentes del este de Europa y estructuras dedicadas al lavado de dinero. Distintas operaciones policiales desarrolladas en los últimos años han confirmado esa consolidación de la Costa del Sol como enclave estratégico del crimen organizado internacional.
Todo ello ha ido construyendo una percepción de deterioro institucional en muchos de estos municipios. Una parte de los votantes considera que ni PP ni PSOE han logrado frenar un fenómeno que cada vez tiene mayor impacto en la vida cotidiana. Y ese malestar parece estar traduciéndose en un voto menos ideológico y más emocional, dirigido hacia opciones que representan ruptura, protesta o defensa de intereses locales.
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