El INE (Instituto Nacional de Estadística) ha confirmado este miércoles que la inflación se ha disparado en septiembre un 4,9% respecto al mismo mes de 2025. Se trata del segundo nivel más alto para este mes desde que existe registro, tan solo superado por el episodio inflacionario de 2022, cuando Rusia invadió Ucrania y provocó un shock energético en los mercados internacionales. De forma similar ha sucedido en 2026, la guerra en Irán ha disparado los precios de los combustibles un 64,7% interanual.
Pese a ello, la inflación subyacente —que excluye los productos energéticos y los alimentos no elaborados, cuyos precios suelen ser más volátiles— se ha mantenido en un entorno controlado. Por ejemplo, en septiembre de 2022, se situó en el 6,2% frente al 3% previo a la invasión rusa. Por el contrario, en septiembre de este año se ha situado en el 3,1%, tan solo cuatro décimas más que en febrero (antes del estallido del conflicto en Oriente Medio).
Este indicador es clave porque permite observar si el encarecimiento de la energía termina trasladándose al conjunto de los bienes y servicios. Por ello, se trata del principal riesgo que están vigilando los gobiernos y los bancos centrales, entre ellos el Banco de España y el Banco Central Europeo (BCE), a fin de evitar los efectos de segunda ronda. Es decir, que la subida inicial de los costes acabe alimentando nuevas alzas de precios. Por el momento, esta presión no se refleja; sin embargo, empiezan a saltar las alarmas.
Algunos alimentos registran tasas de crecimiento de sus precios que duplican incluso el promedio de inflación. Frente al 4,9%: los huevos suben un 12,3%, las legumbres y hortalizas frescas, un 9,8%, las frutas frescas, un 9,6%, y la ternera, un 7,9%. Y es una mala señal. Se trata de productos cuyo precio depende de una cadena de producción y distribución (por tanto, también dependientes del encarecimiento de la energía). Mientras que una conserva o un producto envasado puede permanecer almacenado, los alimentos frescos tienen un recorrido distinto hasta llegar al supermercado: deben producirse, transportarse y ponerse a la venta en plazos más cortos.
Los supermercados alertan de 130 millones en sobrecostes
De hecho, la patronal ASEDAS (Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados) ha advertido este miércoles en un comunicado de que los supermercados acumulan más de 130 millones de euros en sobrecostes por el encarecimiento de los suministros, entre 20 y 25 millones de euros adicionales cada mes.
Un incremento de los sobrecostes que asocian a tres elementos: electricidad, combustibles y materias primas del envase plástico. Según señalan: "Los dos focos más relevantes son la energía y la logística. En el caso del primero, preocupa mucho la escalada de los servicios de ajuste eléctrico, que mantienen una trayectoria de fuerte crecimiento (+53% frente a octubre de 2025) y que se refleja de manera directa en la factura de las empresas; el segundo, porque el precio del gasóleo (+35,5% frente a octubre de 2025) afecta a la estructura de costes del transporte y, por extensión, a los flujos de aprovisionamiento y distribución. Pero, además, hay que tener en cuenta un tercer factor, que es la subida del precio de los envases por el impacto de la guerra de Oriente Medio en la industria petroquímica de fabricación de plástico (+25% materias primas plásticas en el último año)".
Pese a ello, también señalan que la cadena agroalimentaria está funcionando como "dique de contención frente al consumidor", ya que el IPC (Índice de Precios al Consumo) medio de los alimentos "sigue mostrando una respuesta mucho más moderada que el general, alcanzando una tasa anual del 2,7% en el mes de septiembre, más de dos puntos por debajo del IPC general".
Sin embargo, aunque el conjunto de los alimentos mantiene una subida más moderada, como se ha explicado, algunos productos frescos ya registran incrementos que duplican la inflación general y habrá que seguir de cerca su evolución en los siguientes meses para comprobar hasta qué punto se colará la inflación derivada del shock energético en el resto de bienes y servicios de la economía.
De hecho, hace dos semanas, el gobernador del Banco de España, José Luis Escrivá, advirtió de que empezaban a apreciarse "efectos indirectos, no solo en componentes de energía, sino en otros componentes", aunque precisó que, por el momento, la institución no detectaba efectos de segunda ronda.
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