El teléfono rojo, el teléfono de bañera, el teléfono de actriz achampanada en jabón, esperando la llamada, recibiendo la llamada como haciendo el amor, con una punta de la boa de pelusa rosa mojándose como un dedo gordo, quizá un cigarro también de pantera rosa, fumar esperando, la mecha que dejan el tiempo y la lujuria en el aire, esperar fumando la llamada, el pecado, en el teléfono rojo, sexy como unos zapatos rojos de tacón. Torra, esperanzado y como travestido, como si fuera Javier Gurruchaga, esperando la llamada de Pedro Sánchez, su amor/desamor arisco de cara cortada, que en la Navidad siempre llega la llamada del solitario, del desesperado, del friolero, el que acaba cayendo en cualquier chimenea y en cualquier taberna y en cualquier amor aturronado, y si no, al menos llama, con borrachera de deseo y de distancia, a una amistad olvidada o a un amor desperdiciado o a una línea caliente siquiera.
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