Conozco a Daniel Lacalle desde hace muchos años, he compartido platós, charlas amenas y no siempre estoy de acuerdo con sus opiniones, reflexiones y teorías económicas. Sin embargo en su último libro, Libertad o igualdad (Deusto), he podido encontrar un espejo bastante real a mis ideas sobre liderazgo y capitalismo social, pero en su vertiente más económica.

“El capitalismo proporciona a todo el mundo más riqueza y mayores oportunidades, mientras que el socialismo y el intervencionismo fracasan sistemáticamente y empobrecen a quienes lo padecen. El intervencionismo, con su afán igualitario, lo único que consigue es igualar a la baja, creando un número mayor de pobres. Siendo esto un hecho contrastado, hay que reconocer, sin embargo, que en muchas partes del mundo occidental las clases medias están perdiendo la fe en el capitalismo. Por suerte estamos a tiempo de cambiar eso”.

Un larga premisa por este nuevo libro de uno de los economistas más respetados en el mundo que en en 315 páginas y en esta entrevista intenta subrayar las virtudes del ahorro, inversión e innovación pero a la vez plantea cómo el capitalismo puede mejorar el bienestar general de los ciudadanos.

Daniel Lacalle es nieto del militar José Daniel Lacalle Larraga, ministro del Aire durante la dictadura franquista, e hijo del sociólogo José Daniel Lacalle Sousa, autor de varios libros sobre mercado laboral, militante del Partido Comunista Español. Una herencia familiar que en ningún caso deja indiferente y una carrera profesional muy exitosa marcada siempre por unas ideas muy claras y un empeño coherente para mejorar la vida de los ciudadanos sin perder de vista la salud económica de los estados. Muy crítico con la crispación política actual y con las decisiones económicas que está tomando el Gobierno de coalición en España, mira con lupa las decisiones de la Unión Europea que, sin ninguna duda, marcarán la agenda económica de nuestro país en los próximos meses y años.

Pregunta.- Tu libro, Libertad o igualdad, no nace en el momento del coronavirus, sin embargo, hay muchísimas cosas de este libro que llaman la atención y parecen escritas en relación con el momento que estamos viviendo.

Respuesta.- Este libro nace en inglés, después traducido al español, respecto a las soluciones novedosas que se estaban presentando en Estados Unidos por parte de Bernie Sanders. Nace con la idea de aportar un argumentario, datos e ideas sobre los riesgos y oportunidades del momento, para el ciudadano que está interesado en la economía, pero que no tiene, necesariamente, un enorme conocimiento económico.

Cuando lo publicamos, adaptado a España, resultó que el 90% de las cosas de las que hablamos son las que se están diciendo ahora, por ejemplo, algunas ideas del Gobierno relacionadas con la nacionalización, la enorme deuda que cada vez es más inaguantable, la necesitad de liquidez para poder sobrevivir a esta tormenta inesperada.

Todo esto se ha convertido, como me decía uno de los lectores, en un manual perfecto para las cosas que escuchas en la televisión estos días. La idea es, precisamente, darle al ciudadano información, datos y que tenga argumentos para contrastar lo que se nos está diciendo.

P.- ¿Cómo has vivido, desde tu punto de vista de ciudadano y en tu familia, este estado de alarma?

R.- El estado de alarma ha sido un grave error en general. Si hay algo que nosotros ya teníamos contrastado que funciona es la cooperación entre las comunidades autónomas y la descentralización. El mando único y el estado de alarma no solamente no han sido positivos desde el punto de vista económico, sino que no han hecho nada relevante con respecto a la crisis sanitaria. Se podían haber hecho muchas más cosas dejando mucha más autonomía a las comunidades.

El mando único y el estado de alarma no solamente no han sido positivos desde el punto de vista económico, sino que no han hecho nada relevante con respecto a la crisis sanitaria»

P. Entonces, ¿cómo obligar los ciudadanos a confinarse? Se ha hablado mucho de que era la única posibilidad para prohibir que las personas pudieran salir de casa, de su provincia o comunidad autónoma. La alternativa al estado de alarma no ha sido clara o sencillamente no existía, ¿no crees?

R.- Hemos cometido muchos errores, no solo en España, sino en la Unión Europea. El primero y más grave, no coordinarse e interesarse en lo que estaban haciendo los países que primero se habían enfrentado a la pandemia como Corea del Sur, Singapur, Taiwán y la misma China, a pesar de todas las mentiras que pueda haber dicho y su retraso en informar de lo que estaba pasando.

Puedes llevar a cabo un confinamiento organizado y coordinado, sin entrar en un cierre forzoso de la economía. Hay matices, colores, diferentes niveles, fijándome en los maravillosos cuadros de tu colección, hay diferencias cromáticas; respecto a la pandemia pasa lo mismo, ha sido una avalancha imprevista por parte del Gobierno, en la que nos hemos encontrado que se toma una decisión fruto del pánico, que también se tomó en Inglaterra y en Estados Unidos y que ha sido igualmente negativo, pero, con la diferencia de que nosotros no teníamos un colchón económico y financiero, nuestro nivel de desempleo era ya muy alto y la economía todavía no está saneada.

Por esta razón, siempre he estado en contra del estado de alarma como concepto. Creo que ha habido países en la Unión Europea, incluso más cercanos como la propia Italia, que han llevado a cabo unos niveles de control de la movilidad sin necesidad de introducir un cierre total de la economía.

En mi opinión, el gran error ha sido que todos los mecanismos que teníamos, que pueden ser más o menos criticables pero que funcionaban, se abandonaron para hacer una gestión unificada y centralizada, que para mí ha sido un error absoluto.

P.- El Banco de España ha dicho que nos moveremos entre un mínimo del 9% y un máximo del 15 % de bajada del PIB durante este año, además de un desempleo que debería estar entre 18% y el 24%. Si tenemos en cuenta los años de la reciente crisis pasada, ¿esto es soportable? ¿España puede soportar estos números tan devastadores de paro?

R.- Difícilmente. Esto nos pone en el punto de partida, estábamos en una economía con importantes dificultades, ya teníamos un alto desempleo, ya teníamos una situación de ralentización y ya teníamos, prácticamente, el 60% de las empresas de España en pérdidas.

Recuerdo que, hablando con una persona del Gobierno, me decía que estas iban a ser como unas vacaciones. El cierre de la economía por completo durante dos meses no son unas vacaciones, esto genera unas implicaciones a largo plazo muy grandes, unos efectos que, lo veremos pronto, son devastadores.

De toda manera quiero mencionar cosas positivas para nuestros lectores, las familias y las empresas se han comportado de una manera admirable, igual que los bancos, la respuesta ha sido increíble. El canto de sirena de que estas iban a ser unas vacaciones, una recuperación en V, no se lo ha creído nadie. Gracias a que no se lo ha creído nadie, no vamos a entrar en una depresión, en mi opinión, como la que podríamos haber sufrido si nos hubiésemos creído, de nuevo, el concepto de Zapatero, el de los brotes verdes, uno de los grandes errores del anterior Gobierno socialista que nos llevó casi a la quiebra y que gracias a los esfuerzos del siguiente ejecutivo de Mariano Rajoy conseguimos subsanar en parte.

Creo que también va a ser muy difícil recuperar la enorme cantidad de empleo destruido, ese es el gran problema; si el empleo no se recupera rápidamente, el consumo y la inversión tampoco.

El problema fundamental y la diferencia entre las dos crisis es que en la crisis del 2008 teníamos sectores que estaban creciendo a doble dígito. Ahora, si miras en la Eurozona, todos los sectores están en contracción.

Una persona del Gobierno me dijo que esto iba a ser como unas vacaciones. El cierre de la economía por completo durante dos meses no son unas vacaciones. Tendrá unos efectos devastadores, lo veremos pronto»

R.- Yo no creo que sea inevitable. No me gusta que el Gobierno utilice el Ingreso Mínimo Vital como algo que ellos han inventado y algo que no existía antes, todas las comunidades autónomas tienen Renta Mínima de Inserción. Además, no me gusta la utilización demagógica; si realmente hubieran querido reforzar ese mecanismo, con darle un poco más de capacidad a las comunidades autónomas para gestionar esa renta mínima hubiera sido suficiente.

Estos días estamos viendo al vicepresidente segundo, el señor Iglesias, sacar pecho para hacernos creer que es algo que ha inventado Podemos. Además es importante no olvidar los posibles efectos colaterales que puede tener esta iniciativa. Nosotros tenemos una economía muy diferente a otros países de la zona euro.  España tiene mayor economía sumergida y tienen mucho mayor desempleo, entonces no podemos ignorar el riesgo de que se incentive la economía sumergida, con una medida como ésta.

Es un debate ridículo decir que eso no va a ocurrir. Me parece que había otras medidas posibles, sobre todo cuando has visto un esfuerzo tan importante por parte de las empresas con los ERTE para mantener el empleo.

Las comunidades autónomas saben mejor cómo gestionar una medida de ese tipo y cuanto más muevas la decisión hacia el Estado central, más posibilidades de ineficiencias y de fraude tienes.

Tampoco me gusta la idea del asistencialismo ante una crisis generada por el cierre forzoso de la economía, no es que esto haya sido una devastación venida del cielo, es que hay una causa muy específica. El tejido productivo, el talento, la inversión… Todo eso no se ha destruido, está totalmente intacto; entonces yo hubiera preferido, por ejemplo, una combinación de una ayuda, como la de la Renta Mínima de Inserción de las comunidades autónomas, más un impuesto negativo, que ayudase a recuperar el empleo y a los ciudadanos, que a lo mejor iban a recibir un salario que no era maravilloso, a recibir más dinero en su bolsillo.

P.- ¿Cómo valoras las medidas que ha tomado la Unión Europea?

R.- No son medidas malas, pero me recuerdan demasiado a lo que ocurrió en el año 2008, es decir, cuando tú tomas medidas que van de arriba abajo, de manera dirigista, lo que terminas haciendo es que rescatas todo lo que ya iba a ser rescatado en cualquier caso, y dejas morir todo lo que ya estaba muriendo.

En la Unión Europea se están tomando medidas que están ayudando a empresas que ya tenían deudas, que ya tenían acceso a crédito y ya tenían exceso de empleados, mientras se están dejando morir a muchísimas empresas pequeñas y medianas, por no hablar de la situación terrible de los autónomos. Creo que se deberían ayudar a las empresas con más liquidez, evitar que todo el sector servicios, pequeños y medianos comercios, además del turismo, entren en una crisis sin solución.

Lo que se está haciendo lo llamo rescatar el pasado para dejar morir el futuro. Si tú ves, por ejemplo, Alemania, está rescatando todos los sectores que ya tenían dificultades en 2018-2019 y está dejando caer en barrena todos los sectores que podían empezar a hacer algún tipo de cambio de patrón de crecimiento. En esto los alemanes son mucho más pragmáticos. La música me suena demasiado a la que se sonó el año 2009.

En aquel año, el plan de crecimiento y empleo de la Unión Europea invirtió en ayudas y subvenciones, y nos metimos en una crisis todavía mayor.

La idea de que todo se tiene que apalancar en el balance de la banca es muy peligrosa, el riesgo es ayudar a sectores que no necesiten ayuda, por ejemplo el de las aerolíneas. No entiendo por qué unas empresas que hoy pueden acceder a los mercados a tipos reales negativos, sin ningún tipo de problema, necesitan ser nacionalizadas o ser salvadas por el Estado. Caemos siempre en el mismo error. Al final la mayor parte de las ayudas van a quien menos las necesita. 

No podemos tener un ministro de Consumo que diga que el sector del turismo en España no genera valor añadido, porque, aparte de ser una mentira, representa el 12% del PIB»

P.- ¿Qué es para ti el Capitalismo Social?

R.- Es muy importante no olvidar que todo lo que hemos conseguido hasta ahora no ha venido gratis, décadas y décadas de desarrollo se han conseguido gracias al capitalismo. Pero ahora mismo necesitamos desarrollar el capitalismo de una manera diferente. Es un proceso que ya estamos viviendo. Las empresas cada vez invierten más en actividades socialmente responsables como sanidad, medio ambiente o educación, en lo que se llama entorno social, que no es otra cosa que el bienestar social.

P.- ¿Esto es incompatible con un gobierno de izquierdas? 

R.- Es incompatible con un gobierno totalitario o con intenciones totalitarias, pero no con un gobierno de izquierdas. Tenemos el ejemplo de Portugal.

P.- ¿El Gobierno actual es totalitario?

R.- No el Gobierno, pero sí tiene un socio que está liderando muchas de las decisiones, que tiene intenciones totalitarias. Estamos hablando de un vicepresidente segundo que en sede parlamentaria defiende el intervencionismo comunista y una ministra de Igualdad que acaba de tener una conferencia poniendo como ejemplo Argentina para España.

P.- ¿Desde tu punto de vista, los ministros de UNIDAS PODEMOS, están teniendo un peso importante en este gobierno?

R.- Mucho más importante de lo que seguro le gustaría al PSOE. Por ejemplo, fíjate que, antes de esta crisis, nos hablaban constantemente del “milagro portugués”; ahora, en cambio, ha desaparecido del debate. Porque el Gobierno portugués, siendo un gobierno de izquierdas y socialista, ha aplicado medidas de fiscalidad atractiva para la inversión, de seriedad en cuanto a atracción de inversión y seguridad, en definitiva, medidas liberales.

En el libro hablo del caso de Portugal, como un gobierno de izquierdas que quiere lo mejor para sus ciudadanos, no lo mejor para los miembros de su gobierno. Un gobierno que se fija en el exterior, en las mejores prácticas económica y no tiene ideas preconcebidas.

Hablando con uno de los secretarios de Estado en Portugal me decía: “Tenemos dos opciones, o volver a la quiebra o mirar hacia fuera, y si miras hacia fuera no puedes tener una fiscalidad extractiva, no puedes pensar en echar a los ricos, no puedes pensar en echar a las empresas y no puedes pensar en delirios bolivarianos o totalitarios, no tiene sentido”. No podemos tener un ministro de Consumo que diga que el sector del turismo en España no genera valor añadido, porque, aparte de ser una mentira, representa el 12% del PIB.

El sector del turismo es un motor para las industrias españolas y, sobre todo, la tarjeta de visita para el mundo.  Yo recuerdo que en la crisis del año 2008 algunos de mis amigos de fuera, cuando veían los datos de España, decían: “¡Madre mía! Qué horror lo de España”. Pero luego nos visitaban y, gracias a las excelencias del turismo, cambiaban de opinión.  

P.- En España nos resistimos a la meritocracia en el centro de las organizaciones. ¿Qué opinas? ¿Hemos mejorado en algo?

R.- Creo que sí. Está mejorando mucho, pero todavía no tenemos un sistema de remuneración basado en la meritocracia. España es uno de los países donde menos se usa la retribución variable. Mucha gente piensa que es una paga extra.

Es fundamental que todo el mundo entienda que cada persona es dueña de sus éxitos y de sus fracasos; en España con tal de esconder los fracasos escondemos los méritos.

P.- ¿Qué es el fracaso para ti?

R.- Una oportunidad para aprender. Mi éxito es la suma de los aprendizajes de todos mis fracasos, yo he tenido la enorme suerte de trabajar en Estados Unidos y en Inglaterra recibiendo charlas y comentarios de gente enormemente exitosa, que nos contaba sus fracasos. Recuerdo una charla de Colin Powell en la que nos explicaba la cadena de fracasos que le llevaron al éxito.

P.- El fracaso no se entiende así en España, ¿de quién es la culpa?

R.- Tengo un amigo norteamericano que dice que la familia en España es la mayor bendición y maldición. Por un lado, es un maravilloso tejido de apoyo y de ayuda en las malas épocas, pero el peso negativo que tiene a la hora de tomar riesgos es tremendo.

P.- La diferencia con Italia, allí tu familia te quiere y te protege pero no te ata. De hecho, los italianos cogemos la maleta y nos vamos con mucha más facilidad que en España.

R.– En España la familia, además de muchos otros factores culturales y sin criticar a ninguno, intenta protegerte de un riesgo del que no te puede proteger y no necesariamente es un riesgo malo. ¡Hay que volar y para hacerlo hay que arriesgar!

La generación constante de tensión, de crispación y de odio al contrario, ese guerracivilismo que busca solo la destrucción del adversario es impresentable»

P.- Hay quien dice que vamos a salir de la crisis en forma de V, quien dice U y quien la salida será con la forma del logo de Nike. ¿Cómo vamos a salir de ésta?

R.- Tenemos la evidencia de que en todas las salidas de las crisis, desde los años 90, más o menos, se sale con un mayor endeudamiento, mucho menor crecimiento de la productividad y mucho menor crecimiento de la inversión.

Incuestionablemente, la salidas más frecuentes son las que se llaman en L, de hecho, cualquier ciudadano español coincidirá en que la evidencia de la crisis del 2008 es una salida en L.

Me parece que, más que hablar de forma de la salida de la crisis, es saber cómo vamos a salir. Estoy convencido de que será muchísimo más endeudados, con un menor crecimiento de la inversión y mucho menor crecimiento de la productividad que, desafortunadamente, implica menor crecimiento salarial.

P.- ¿Habrá rescate en otoño?

R.- Seguro que lo habrá. Me decía un eurodiputado británico que lo más importante de un rescate es buscarle un nombre creativo, y es verdad, yo creo que además en esto coincidimos todos los economistas de cualquier tipo de ideología.

No hay fórmula en la que no tengamos que pedir rescates. Tenemos que entender que la ayudas vienen de mayores dificultades para los ciudadanos de los países que apoyan.La gente piensa que el dinero de la Unión Europea viene como de una especie de maná y eso es dinero de los contribuyentes de los demás países. Aquí nadie regala nada y es impensable creer que el dinero que llegue de la UE no tenga contrapartidas y medidas.

P.- ¿Compartes la reacción, que para muchos ha sido tremendamente egoísta, de países como Holanda?

R.- La actitud no la comparto. Yo creo que las formas son muy importantes en una crisis y deberíamos haberlo aprendido de la de 2008. Una cosa es que, como no puede ser de otra manera, yo entiendo perfectamente que el Gobierno de Holanda diga que van a ayudar, pero lo que no van a hacer es pagar los 23 ministros y tantos otros altos cargos. No me parece bien las formas, estoy de acuerdo que fueron impresentables.

P.- ¿Qué opinión tienes de la crispación política?

R.- Me parece intolerable, una falta de respeto a las decenas de miles de muertos y sus familiares. La generación constante de tensión, de crispación y de odio al contrario, ese guerracivilismo que busca solo la destrucción del adversario es impresentable. Hablar con un objetivo despreciativo, la acusación de intentos de golpe de Estado en este país, todo tipo de cosas con mensajes completamente destructivos me parecen muy impresentables, nos enfocan en las diferencias magnificándolas. Sin embargo, hay muchas cosas que nos unen.

¿Cuántos grados de separación habrá entre mis ideas y las propuestas que yo puedo pensar que son buenas para España y las que tiene la ministra de Economía, Nadia Calviño? A lo mejor tres grados de separación, no mucho.

P.- Creo que los políticos han asumido que en España la única forma de supervivencia en el poder es la crispación.

R.- Yo creo que el objetivo de una persona que se dedique a la política debe ser pasar a la historia como alguien que ayudó.

La igualdad es el resultado del crecimiento, del progreso y del empleo, no puedes poner la igualdad como política, la igualdad no es una política, es una consecuencia» 

P.- ¿Puede haber libertad sin igualdad? ¿E igualdad sin libertad?

R.- Puede haber igualdad y puede haber igualitarismo sin libertad. Sin libertad solo puede haber igualdad en la miseria. La igualdad es el resultado del crecimiento, del progreso y del empleo, no puedes poner la igualdad como política, la igualdad no es una política, es una consecuencia.  Cuando tú pones una consecuencia como política no consigues ni la igualdad, ni el crecimiento, ni el empleo, ni la prosperidad.

Para mí es extremadamente peligroso, por lo tanto, está tendencia que se está dando en muchos países, de poner como políticas de gobierno cosas que son consecuencias de otros elementos.

Yo hablo en el libro, por ejemplo, de que la desigualdad en sí misma no es mala. Por ejemplo, si tú eres una persona que has tenido éxito, que has trabajado mucho y que has conseguido un montón de cosas, eso para mí es un ejemplo para continuar mejorando.

Esas son las desigualdades positivas, si tú eliminas eso, el Gobierno lo único que puede hacer es igualar a la baja. Muchos intervencionistas defienden que mientras yo me quede donde estoy no me importa que bajen a los ricos, pero no es así, es que te bajan con ellos. 

En España asumimos que cualquier persona con dinero lo tiene porque lo ha heredado, robado o que todo le ha sido fácil y no es así. La inmensa cantidad de la gente que ha tenido éxito ha pasado por varios fracasos, un ejemplo es la carrera de Miguel Bosé, una carrera muy, muy compleja que mucha gente resume en ser hijo de alguien.

P.- Me gustaría acabar con un consejo. La realidad es que ahora mismo estamos en un país donde uno de cada cuatro españoles está en el paro o en un ERTE. ¿Qué consejo le das a este 25 % de la población española? ¿Cómo puede ayudarles tu libro?

R.- Sobre todo, que no caiga en el error de pensar que esto es una fatalidad y que de esto no va a salir y todavía peor, que lo que tienen que hacer es entregar su libertad y su seguridad a alguien que ni le va a dar la libertad, ni la seguridad, ni tampoco el empleo.

Hay salidas, vamos a salir gracias al ingenio, a las empresas y a los ciudadanos. Yo les diría que lo que en España llamamos “lo nuestro” no es solamente eso, que la paleta de opciones que tiene en el mercado laboral, para buscar una salida, son muchas más que las que a lo mejor piensa. Pensar fuera de la caja y, como yo decía en mi primer libro “la caja te está diciendo que te quedes dentro, es nuestro enemigo”.

Que no caiga en el canto de sirena de pensar que, si se entregan al fatalismo y al Gobierno que sea, les van a arreglar la vida.