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Innoporc, la granja familiar segoviana que invita a Garzón a trabajar con sus cerdos

Con casi 40 años de historia, cuentan con explotaciones repartidas por toda la provincia castellana y con una filial de proyectos ligados a la sostenibilidad ambiental

Imagen de un cerdo pequeño en una explotación ganadera.

Imagen de un cerdo pequeño en una explotación ganadera. Innoporc

La campaña contra el consumo de carne puesta en marcha por el ministro Alberto Garzón ha provocado una auténtica tormenta no sólo en el sector ganadero y la industria cárnica, sino en el propio Consejo de Ministros y en todo el ámbito político. Pero al margen de eso, en las explotaciones dicen sentirse especialmente molestos por los términos en que ha planteado la campaña el también líder de Izquierda Unida.

«Se te queda cara de tonto», se lamenta Miguel Antona, director general de Innporc, una empresa familiar segoviana dedicada a la producción porcina que no ha dudado en invitar al titular de Consumo a mancharse las botas «durante unos días» para conocer de primera mano la actividad de sus granjas. «Si el motivo es el desconocimiento, estamos encantados de explicarle cómo es la realidad, que dista mucho de lo que ha trasladado», asegura en conversación con El Independiente.

Antona, diplomado en Relaciones Laborales, relata cómo su abuelo comenzó hace cincuenta años criando cerdos «como se hacía entonces; en la parte trasera de su casa y comerciando luego con ellos por los pueblos de la zona». Años más tarde, su padre se incorporó al negocio, ya con una granja cerca del pueblo. Y aquella primera explotación fue creciendo hasta convertirse en un grupo especializado en cerdo de capa blanca que surte a uno de los principales proveedores de una gran cadena española de supermercados.

Con una facturación de 52 millones de euros, cuenta con casi 100 trabajadores repartidos en 25 explotaciones de tamaño medio que se distribuyen por toda la provincia castellana. En ellas trabajan desde veterinarios e ingenieros agrícolas hasta químicos y diversos especialistas. Asimismo, tienen su propia fábrica de piensos compuestos, ubicada en la localidad de Tabladillo, una de esas localidades de la denominada ‘España vaciada’ donde apenas viven 15 habitantes.

Precisamente, Antona destaca que este tipo de actividad es una de las pocas que aún fijan y retienen población fuera de las grandes ciudades, pues gran parte de los trabajadores de sus granjas viven en localidades cercanas a los centros de producción, «a 20 kilómetros como máximo».

Investigación en sostenibilidad

En su campaña en redes sociales, el ministro Garzón hacía especial hincapié en que el actual modelo de producción cárnica, en líneas generales, no es sostenible. Sin embargo, en esta empresa hacen gala de haber puesto en marcha hace solo dos años una filial (Innosost), dedicada al desarrollo de proyectos de innovación ligados a la sostenibilidad ambiental y a la economía circular. «Toda actividad productiva tiene un impacto, pero tratamos de que cada vez sea menor», abunda Antona.

Asimismo, la empresa ha querido subirse al tren de los prometidos fondos europeos para la recuperación y ha diseñado cinco Manifestaciones de Interés para poder financiar proyectos ligados a la digitalización y la innovación. Entre ellos, uno que busca obtener gas natural comprimido a partir de la mezcla de purines con restos hortofrutícolas, muy abundantes en la zona, para poder utilizarlo como fuente de energía.

Imagen de una de las instalaciones. Innporc (Facebook)

Asimismo, pretenden crear una comunidad energética para que la producción de energía renovable que generan en los pueblos donde se ubican sus explotaciones puedan revertir en los vecinos y que éstos vean reducido su gasto energético.

Sobre los casos de explotaciones donde no se cumple con la normativa o los estándares de calidad y bienestar animal, Antona responde rotundo: «Si hay granjas donde no hay buena praxis, el primero que lo debe denunciar es el sector».

Al margen de eso, confiesa su desazón después de haber pasado año y medio de pandemia a «pico y pala todos los días para poder llevar el alimento al supermercado». «Que te lo paguen así es frustrante y desilusionante, sobre todo cuando viene de un representante público«, concluye.

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