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Ortuzar, el jugador de pala proclamado para blindar el poder del PNV hasta 2024

La Asamblea del partido lo reelegirá hoy para un tercer mandato como presidente del PNV tras un proceso sin más candidatos. Está llamado a proteger el poder del partido de la amenaza de un 'frente de izquierdas' entre Bildu, Podemos y el PSE.

El presidentedel PNV, Andoni Ortuzar, se dispone a acceder al estrado hoy enel 'Alderdi Eguma' en Foronda (Alava).

Será por aclamación de los suyos. Lo hará sin rival, sin cuestionamiento y enfilando uno de los mandatos más prolongados en la historia del partido. Las bases del PNV oficializan hoy la renovación para un tercer mandato de Andoni Ortuzar (Abanto y Zierbena, 1962) como presidente de la formación. En el largo proceso electoral interno nadie ha osado disputarle el cargo al que llegó en enero de 2013 tras la elección de su predecesor, Iñigo Urkullu, como lehendakari.

Los estatutos establecen que la norma es que nadie ocupe un cargo interno más de dos mandatos. Lo de Ortuzar es una excepción que la Asamblea del PNV debe autorizar de manera “expresa e individualizada”, tal y como establece el artículo 92 de sus estatutos. Con el tercer mandato habrá completado doce años como presidente del EBB, uno de los más largos del partido, si bien lejos de los 21 años que Xabier Arzalluz lo lideró. Sin duda, quien ha rebasado todos los límites es quien hoy también será reelegido por octava vez para presidir el PNV en Guipúzcoa. Joseba Egibar, el representante del ala más soberanista del partido, volverá a presidir el GBB, cargo que ocupa desde 1987 con la salvedad del periodo 2000-2004.

Esta tercera etapa de Ortuzar al frente del PNV no se parecerá a las dos anteriores. La primera, la que le tocó asumir entre 2013 y 2016, fue la de gestionar el regreso al poder tras los cuatro años en la oposición. Fue la que forzó la alianza PSE-PP que hizo a Patxi López lehendakari. El presidente del PNV había heredado un partido internamente renovado. El trabajo más complicado lo había hecho Urkullu. En la oposición y con el desgaste del periodo Ibarretxe por gestionar, renovó el mensaje, las estructuras e incluso la imagen de la formación. Fue Urkullu quien preparó al PNV para recuperar cuanto antes el poder del Gobierno vasco y que él mismo lideraría a partir del 15 de diciembre de 2012.

De regreso en Ajuria Enea, a Ortuzar le correspondió recomponer puentes, en particular con el PSE. Fue una labor ardua tras una dura legislatura 2009-2012 de reproches entre socialistas y nacionalistas. El camino se fue aplanando y los acuerdos llegaron. Incluso con el PP se logró un acercamiento que poco después tendría incluso su reflejo en el Congreso de los Diputados. Su segundo mandato como presidente del PNV, desde 2016 a la actualidad, ha sido el de la consolidación de ese acercamiento en Euskadi con el PSE, no así con el PP.

Proteger sus alianzas

Desde la pasada legislatura los acuerdos del PNV con los socialistas se ha materializado en pactos de coalición en las principales instituciones vascas. Desde entonces el PNV disfruta de la mayor cuota de poder jamás ostentada. Con el PP en cambio, los últimos años han pasado de la sintonía con Rajoy a la fractura con Casado.

En la tercera ‘legislatura’ de Ortuzar al frente del PNV (2020-2024) los retos serán otros. El fundamental, conservar el entendimiento con el PSOE sin que la intromisión de Podemos y su líder, Pablo Iglesias pueda dañarla. Si el primer mandato fue el de la recuperación, el segundo el de la consolidación, en el tercero se asoma a un nuevo escenario: el del blindaje de su poder.

El PNV que desde esta tarde seguirá liderando Ortuzar con un apoyo casi unánime en sus bases se enfrenta a un horizonte novedoso. Las incertidumbres procedentes de la política nacional amenazan con tener un impacto en la política vasca. La innegable alianza que Podemos y EH Bildu, junto a ERC, han consolidado amenaza con incluir también al socialismo. En el País Vasco el PSE ya ha cerrado acuerdos con Podemos en varios ayuntamientos. El riesgo es que las circunstancias del futuro puedan favorecer a los partidarios de un ‘frente de izquierdas’ y ello pueda desbancar al PNV. Supondría una pérdida de poder en Euskadi y de influencia en Madrid.

Internamente los ocho años que acumula como presidente del PNV han sido tranquilos. Quizá los cuatro próximos lo sean algo menos. En el PNV las ‘dos almas’ tradicionales, la pragmática moderada y la soberanista dispuesta a abrir grietas con el Estado, parecen vivir una tranquila cohabitación. Ortuzar, como Urkullu, pertenece al primer bloque, al menos rupturista. Partidario de explorar más el diálogo y el acuerdo que la confrontación, defiende con convencimiento la legalidad más que del órdago y el pulso. Ortuzar es partidario de exprimir los márgenes de la ley antes que avanzar saltándosela.

El ‘nuevo estatus’, pendiente

En este tercer mandato que ahora comienza el presidente del EBB ha visto cómo una de las aspiraciones del PNV, el nuevo encaje de Euskadi en España, pierde peso en las prioridades. La urgencia económica y pandémica ha obligado a relegar aspiraciones en clave soberanista. Quizá en la última parte de la legislatura la cuestión pueda retomarse, pero nada hace augurar que la solución esté cerca. El PNV ya planteó para 2015 la celebración de un referéndum por un nuevo estatus vasco que se antoja muy lejano, cuando no imposible a corto plazo.

Una de las primeras labores en las que deberá enfilar el partido será la de blindar sus alianzas y desgastar sus amenazas. En ellas están la sintonía creciente entre Bildu y Podemos. El PNV insiste en desgastar a unos y otros. Es probable que en el horizonte la necesidad de reconstruir puentes rotos, como el que ahora existe con el PP también irrumpa en la carpeta de tareas a reabrir.

No será la primera vez que lo haga. En estos ocho años que ha presidido el partido en su teléfono han sonado los números de los dirigentes del PP antes de que la moción de censura de mayo de 2018 hiciera saltar por los aires el entendimiento que llegó a valer un apoyo de presupuestos en Euskadi. Hoy Ortuzar debería entenderse con Iturgaiz en Euskadi, alejado de la posición más moderada de Alfonso Alonso, y con Casado en Madrid, distante del moderado de Rajoy con quien llegó a sintonizar.

En el cronograma de esta tercera ‘legislatura’ al frente del PNV figura abordar otra de las cuestiones más complejas a medio plazo: la renovación orgánica e institucional. Sería una suerte de cambio de ciclo que podría implicar a la tradicional bicefalia del partida, la interna y la institucional. El lehendakari Urkullu afronta ya su tercer mandato.

¿Relevo generacional?

Inicialmente concurrió asegurando que solo optaría a una reelección. Parece complicado que cuando la actual legislatura concluya, allá por 2024, Urkullu quiera continuar un cuarto mandato. Comenzar a explorar relevos será una labor muy relevante en el seno del partido para concurrir a las próximas autonómicas… ¿con una candidata mujer a lehendakari? También en clave interna podría abrirse un nuevo tiempo para dar paso a otra generación de dirigentes en el seno del partido.

Ortuzar ha sabido mantener cohesionado el partido. Las voces críticas internas apenas han aflorado. Ni siquiera entre los muchos cargos institucionales del PNV las disensiones han aparecido. El presidente del PNV ha sabido cerrar las pocas crisis internas que ha tenido que gestionar. La más grave, sin duda, fue la condena de algunos de sus exdirigentes por delitos de corrupción en el llamado ‘Caso De Miguel’. Aquella condena hizo que tanto él como su predecesor en la presidencia del PNV, Urkullu, pidieran públicamente perdón.

La tercera etapa en el sillón de control del PNV la recorrerá con algunos de sus colaboradores más estrechos ocupando lugares destacados. En la Ejecutiva que esta tarde elegirá la Asamblea Nacional también figurarán Koldo Mediavilla, como responsable institucional, o el ‘fontanero’ del partido, Joseba Aurrekoetxea como encargado de la organización del PNV.

La de Ortuzar ha sido la única candidatura propuesta por las bases. Militante desde muy joven, con apenas 14 años se afilió a EGI -las juventudes del PNV- , se afilió dos años después, en 1978. Su trayectoria política incluye responsabilidades en el Gobierno vasco en el área de Acción Exterior o en el área de comunicación. Fue director de la Radio Televisión Publica Vasca (EiTB), dirigió el diario ‘Deia’ y antes de asumir la presidencia del PNV ocupó la presidencia de la dirección vizcaína del partido.

Jugador de pala, “modalidad paleta-cuero”, aclara en su presentación en la página web del partido, el presidente del PNV -58 años-, padre de dos hijas, es aficionado a la recogida de setas y hongos, la música de Sabina, Phil Collins, Benito Lertxundi y Fito, y amante de la cocina y a la buena mesa.

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