Este viernes, el portavoz de Unidas Podemos en el Congreso, Pablo Echenique, publicaba un tuit en el que mostraba su rechazo al ataque con explosivos que se ha producido en la sede de la formación morada en Cartagena, que ha tildado de «atentado terrorista». «Es la consecuencia natural de normalizar los discursos de odio en el Parlamento y en algunos medios de comunicación», escribía en la red social. No hace mucho que éste mismo diputado alentaba las protestas en las calles de los que pedían «justicia y libertad de expresión» por el encarcelamiento del rapero Pablo Hásel. Algunos de estos «jóvenes antifascistas», como les denominó Echenique, emplearon cócteles molotov con los que intentaron incluso quemar una furgoneta de la Guardia Urbana con algunos agentes dentro. Paradójicamente, es el mismo artefacto explosivo que ha sido utilizado este viernes por los radicales para incendiar, en este caso, la sede de Podemos en Cartagena.

El brutal ataque perpetrado en las dependencias de la formación morada en Murcia ha avivado el debate sobre la violencia, consecuencia de la polarización en que se ha instalado en la política española y que se ha acrecentado a causa del adelanto electoral en Madrid. La grabación de las cámaras de seguridad, difundidas primero por el coordinador autonómico de Podemos, Javier Sánchez Serna, y después por el propio Pablo Iglesias, no deja dudas de la ferocidad de un ataque que dirigentes de la formación morada no han dudado en calificar de «atentado terrorista».

La polémica ha comenzado a causa de la condena que han ido realizando las distintas formaciones políticas de lo sucedido. El PP, de la mano de su portavoz nacional, José Luis Martínez-Almeida, abría la veda. «Condenamos todos los ataques, vengan de donde vengan, pero ha habido otros ataques a sedes del PP que Podemos no sólo no ha condenado, sino que incluso ha justificado esa violencia», afirmaba. Ese ‘pero’ es el que ha encendido la mecha de Podemos, desde donde entienden que una condena «con matices» no es una condena. «El PP sabe que sus ‘pero’ dan aire a los violentos», respondía Iglesias en Twitter.

En el mismo sentido se expresaba el flagrante fichaje del PP para las elecciones madrileñas, Toni Cantó, que expresaba en redes su «condena» al ataque con cócteles molotov en la sede de Podemos, pero añadía: «Nosotros no somos como ellos. No lanzamos a la gente a la calle por un mal resultado electoral. No alentamos violentos desde las redes sociales». Hacía referencia el ex dirigente de Ciudadanos, de nuevo, a las veces en que Podemos, a su juicio, no ha condenado la violencia cuando afectaba a un partido político con el signo contrario.

Y más allá de las protestas por Hásel, ejemplificaba cómo Echenique llegó a afirmar en redes que la pedrada que recibió Rocío de Meer, diputada de Vox, durante un acto de campaña era un «bulo» para el que «sólo hizo falta un poco de ketchup». «Cuando tienes que condenar un ataque a otro partido vs. cuando otros partidos están condenando un ataque al tuyo», comparaba Cantó.

En Vox, por su parte, se ha manifestado al respecto del ataque la candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Rocío Monasterio. «Yo he condenado y condeno la violencia contra otros partidos o políticos siempre», escribía en Twitter. Más polémico ha sido el mensaje del portavoz en el Congreso de la formación, Iván Espinosa de los Monteros, quien ha afirmado que el ataque sufrido por Podemos «sigue la misma lógica que ellos empezaron», y ha censurado que la formación morada culpe directamente a la «extrema derecha» que «no tiene nada que ver con Vox» de lo ocurrido. «Se ve que en Podemos son especialistas en ataques a sedes», añadía.