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Podemos admite que no atrae a los indecisos a pesar de su campaña contra el "fascismo"

En Moncloa no descartan que tras las elecciones Pedro Sánchez se ponga en contacto con Pablo Casado para rebajar la tensión política

Iglesias este martes en un acto electoral en Getafe

Iglesias este martes en un acto electoral en Getafe Europa Press

Los más de 600.000 indecisos que hace una semana aseguraban que acudirán a votar el 4-M pero aún no tienen decidido el sentido de su voto, siguen en el mismo dilema. Ni siquiera todo lo acontecido desde el debate de Telemadrid del pasado miércoles o, dos días más tarde, en la cadena SER, con el evidente cambio de estrategia del bloque de la izquierda en su lucha contra el «fascismo» y la gravedad de unas amenazas de muerte, les termina de decidir.

Los trackings diarios que manejan los morados muestran la tozudez de los datos. Calculan, de hecho, más de 650.000 indecisos que continúan sin definirse «y ya llevamos una semana así», admiten fuentes de Unidas Podemos. Crece, sin embargo, «y no es contradictorio», los que dicen que acudirán a votar, hasta situarlos en una proporción de entre el 68 y el 70 por ciento de participación.

También es muy probable que entre los que se declaran indecisos haya mucho voto oculto, encuestados que no quieren confesar a quien votarán, y otros que, asegurando que irán a su colegio electoral, luego se refugien en la abstención.

Insisten en todo caso las fuentes consultadas en que el escenario electoral está, hoy por hoy, en manos de 60.000 a 70.000 votos que van fluctuando, según el día, a favor de un bloque o de otro, en «dientes de sierra«. Fenómeno que comenzó al arranque de la campaña «cuando antes ganaba claramente la derecha», esto es, la suma de PP y Vox.

Decisiones de última hora

«Los indecisos siguen indecisos. Pasan los días y no acaban de decidirse. Por tanto vamos a un escenario que ya aventuraba el CIS preelectoral y el sondeo flash de toma de decisiones de muy última hora», explican fuentes moradas en conversación con El Independiente, aunque el barómetro de Tezanos daba a la izquierda el escaño de la mayoría absoluta en las horquillas más altas.

Significa que, hasta el momento, el cambio de discurso de la izquierda, en general, y de Unidas Podemos, en particular, no parece haber hecho mella en este inmenso grupo de electores, ni siquiera, las graves amenazas de muerte que ha recibido el candidato morado, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y la directora general de la Guardia Civil, María Gámez. La autoría de las amenazas a la titular de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, han quedado resueltas. Se trata de una persona con problemas mentales que ya ha remitido en el pasado alguna carta más a otros políticos, aunque nunca con una navaja que parecía ensangrentada.

Los datos que manejan en el PP confirman los trackings de Podemos. «Las tendencias no están detectando el cambio de discurso de la izquierda», explican fuentes del entorno de Díaz Ayuso, aunque a diferencia de los morados, que creen que hasta el día de las votación hay posibilidad de un vuelco, los populares creen que «va a ser difícil cambiar las tendencias que dan los sondeos por más que lo intenten».

A raíz de estos acontecimientos Iglesias ha subido el tono hasta el punto de vincular a la Casa Real con Vox. En un extraño juego de concomitancias y tras destacar este martes en un acto en Getafe que el partido «más monárquico de España» es Vox, se preguntó “cómo es posible” que Zarzuela «todavía» no haya dicho “una sola palabra condenando la violencia fascista” tras las amenazas de muerte “reales y verificadas” por el Ministerio del Interior.

Casi el 10 por ciento del censo electoral se declara indeciso u oculta el sentido de su voto

Moncloa también apunta a la formación liderada por Santiago Abascal al acusarla de crear el «caldo de cultivo» que alienta las gravísimas amenazas de muerte convertidas en protagonistas de la campaña en la que se confronta el «comunismo o libertad» de Díaz Ayuso con el «fascismo o democracia» de la izquierda.

Sin embargo, la estrategia de la bronca, la confrontación, la crispación y el guerracivilismo no termina de ser movilizadora. En Moncloa dicen no descartar que tras las elecciones autonómicas el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, se ponga en contacto con el líder del PP, Pablo Casado, para rebajar la tensión política, aunque todo dependerá de los resultados y de si Ayuso, como todo apunta, necesita de Monasterio para gobernar. En ese escenario, Moncloa no va a desaprovechar la ocasión de hablar de la alianza del PP con la ultraderecha.

Este 4 de mayo están convocados 5.112.658 electores, por lo que los indecisos son algo más del 10 por ciento del censo, un porcentaje lo suficientemente significativo como para inclinar la balanza por una opción u otra. En la izquierda siguen defendiendo que «hay partido,» pero el llamamiento de candidatos como el socialista Ángel Gabilondo para hacer un «cordón sanitario» a Vox viene a ser la asunción de que Díaz Ayuso sumará con Rocío Monasterio y la única manera de evitar su investidura es, ya no sólo no pactar con el partido de Santiago Abascal sino, directamente, rechazar los votos de Vox.

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