El capítulo II de nuestra serie de Culturas Políticas sobre los efectos del Covid aborda el impacto de la pandemia sobre el ecosistema de partidos desde las ideas del politólogo irlandés Peter Mair y con la ayuda de nuestro invitado Ángel Rivero, profesor de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid. 

Este programa analiza cómo ha afectado el Covid a los partidos políticos tradicionales, que ya afrontaban una grave crisis desde al menos la gran recesión que sufrió la economía global entre 2008 y 2012. En España se ha traducido en el surgimiento de partidos políticos populistas que parecen ser enormemente influyentes más allá de sus resultados electorales inmediatos. 

En 2009 Peter Mair observó que los partidos, sobre todos los partidos en el gobierno, tienen dos funciones ineludibles, simultáneas y, sin embargo, con frecuencia, contradictorias entre sí: la capacidad de responder al electorado y la capacidad de gobernar, o proponer que van a gobernar, con responsabilidad. Y la pandemia no ha hecho más que exacerbar esta realidad. 

En primer lugar, tenemos la necesidad de responder al público y atender las necesidades percibidas por este. Es importante subrayar la dimensión percibida. Peter Mair tenía en mente, sobre todo, el dilema de los gobiernos ante, por ejemplo, la última crisis económica, cuando tuvieron que decidir entre dedicar recursos limitados para salvar a la banca al mismo tiempo que se dejaba caer a los ciudadanos (normalmente los más vulnerables) incapaces de hacer frente a la hipoteca. 

Salvar vidas o salvar la economía

Los paralelos con el efecto Covid son inmediatamente obvios. Pero también las diferencias. La política responsable en un primer momento significaba preservar la integridad del sistema sanitario, salvar vidas y confinar a la población. El resultado también fue infligir sufrimiento físico y mental sobre el electorado y, además, provocar una crisis económica de consecuencias inmediatas y con frecuencia y severísimas.

Ante semejante elección binaria «salvar vidas o salvar la economía», la opinión pública y del resto de partidos, prácticamente en bloque, estaba alineada con el gobierno sobre qué era responsable y necesario. Y por eso se aceptó el sufrimiento. 

Pasado ese primer momento, no obstante, la percepción empezó a cambiar, y además, en distintas direcciones en distintos sectores de la opinión pública. La percepción de una parte de la opinión pública, por ejemplo la hostelería, que fue la primera víctima de la crisis económica, exigía abrir la economía.

Acto seguido, el común de la población, hastiada de las restricciones y poco después, grupúsculos negacionistas sumarían sus propias demandas. Aparecieron por tanto dos grupos de víctimas de sectores vulnerables distintos: los más expuestos a la enfermedad y los más expuestos a la crisis económica. 

Seguir o no a los expertos

Ante semejante tesitura la reacción en distintos teatros políticos ha sido muy distinta. Por un lado, Donald Trump, parecía coincidir con Peter Mair y despreció continuamente a sus expertos. Por otro lado, en Italia han creado justo ahora un gobierno de coalición liderado por Mario Draghi – un tecnócrata. Aquí en España, parece que el recurso a los expertos ha alejado aún más a los partidos políticos de la opinión pública y, de paso, ha devaluado el valor de los especialistas, que además están divididos entre sí.

La tesis de Mair iba en la dirección contraria de la famosa máxima de Joseph Schumpeter y según la cual lo que de verdad necesitan las democracias para funcionar correctamente es públicos desinteresados que dejen hacer a los expertos. Schumpeter pensaba en los efectos negativos de la desafección polarizada e intensamente ideologizada de los años de entreguerras y Mair en los efectos negativos de la desafección provocada por la desideologización de la segunda mitad del siglo XX.

Sea cual fuera la opción correcta, lo cierto es que la crisis sanitaria ha repolitizado la economía con todavía más intensidad que la crisis económica. 

¿Qué nos revela entonces la crisis del Covid sobre el presente y el futuro de nuestro sistema político?

Preguntas para el diálogo:

  • Es evidente que el ecosistema político y social del año 2020 está más polarizado y es más políticamente diverso que el dominante antes de la Gran Recesión. Los gobiernos y los electorados ya no afrontan una disyuntiva binaria, sino múltiples. ¿Sigue siendo vigente el análisis de Peter Mair? 
  • Los efectos de la pandemia ¿apuntan a un cambio de paradigma? 
  • ¿Hemos abandonado la placidez política de los últimos cincuenta años para retornar a una conflictividad más parecida a la de los años 30?
  • Ante la polarización, ¿está el futuro de la democracia liberal en la tecnocracia?

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