España ENTREVISTA

Juan Carlos Girauta: "En Ciudadanos hubo una conspiración interna para derrocar a Rivera"

Juan Carlos Girauta (Barcelona, 1961) no se piensa ni un segundo la respuesta a la pregunta de si él volvería a hacerse la foto de Colón. «Sin duda», ratifica. En conversación con El Independiente el columnista, cantante frustrado y ex portavoz de Cs en el Congreso resalta lo «injusto» de que se tilde a Vox de extrema derecha. De hecho, incide en que uno de los mayores errores que explican el hundimiento de Ciudadanos como fuerza política fue el de «empeñarse en tratar a Vox como si fueran lo mismo que Podemos» que «sí es extrema izquierda». Y aprovecha para aconsejar a Pablo Casado que no cometa el mismo error, y que rectifique el discurso de la moción de censura contra Santiago Abascal si de verdad quiere «acabar con el ‘sanchismo'».

Para Girauta, el golpe mortal que acabó con Albert Rivera fuera de la política no lo asestaron las urnas. El gatillo lo apretaron algunos de sus compañeros de filas y un establishment político, económico y mediático que conspiró para derrocar al ex dirigente catalán, según asegura el escritor, que prefiere no dar nombres. «De pronto, Rivera decidió no contestar al teléfono cuando sonaba. Y esto sentó muy mal a algunos».

Pregunta.- Pablo Iglesias se corta la coleta y usted se deja melena. ¿Opuestos hasta para elegir corte de pelo?

Respuesta.- Él y yo siempre iremos en sentido contrario. He de decir que a mí el tema no me interesa lo más mínimo. No me interesa Pablo Iglesias y menos lo que suceda con su pelo.

P.- Bueno, el corte de pelo del ex líder morado se vendió como una exclusiva.

R.- Sinceramente, no leí la crónica de Pedro Vallín. Pero sí opino que deberá buscarse algún otro político al que servir, porque con la salida de Iglesias se ha quedado muy solo. Su manera de hacer periodismo me deja un poco descolocado.

P.- ¿Por qué se ha dejado el pelo largo? ¿También tiene un doble significado?

R.- No, no [ríe]. La verdadera razón no la puedo decir. Por extraño que parezca, no lo puedo decir porque he firmado una cláusula de confidencialidad.

P.- Coincida o no con él, Pablo Iglesias llegó a convertirse en uno de los personajes políticos de mayor relevancia de los últimos años. Ahora se retira de la política. ¿Cuál diría que es su legado?

R.- El legado de Iglesias es el descrédito de las instituciones de la democracia española, aunque todo ese legado no existiría sin Pedro Sánchez. Por eso el ‘sanchismo’ va más allá de su figura. Quiere decir algo diferente. Es un régimen en el que partidos destructivos para el sistema forman alianzas estables de poder con el Gobierno, como es el caso de ERC o de Bildu.

El legado del 15-M lo destruyó Rajoy, Sánchez y muchos ejecutivos del Ibex

P.- Ayer se cumplieron 10 años del 15-M. ¿Qué queda de aquel movimiento?

R.- No queda nada. Si el 15-M lo depuramos de las chorradas estéticas y te vas a los puntos importantes que se planteaban, te encuentras con que la mayoría de las reformas las defendió Ciudadanos y las llevó como condiciones principales cuando negociábamos con el PSOE y con el PP. Fuimos los únicos que las defendimos. Desde luego, Podemos no las ha suscrito desde que está en el Gobierno, y por tanto ha renunciado a ellas. Aquello de que un imputado no podía estar en una lista o que un condenado tenía que marcharse… ya les importa un comino. Podemos tiene un doble baremo, uno para ellos y otro para todos los demás.

P.- Si no queda nada, ¿diría entonces que fue una farsa?

R.- No, no lo fue. El 15-M fue una mezcla de reivindicaciones de regeneración democrática que siguen siendo necesarias, aunque ya nadie las defiende explícitamente. Ciudadanos sí abrazó esas reformas. Pero con el paso del tiempo, también las abandonaron porque ahora se han convertido en la alfombrilla de Sánchez. El legado del 15-M lo destruyó un establishment político, empresarial y mediático, gente muy miope como Rajoy, el propio Sánchez y muchos ejecutivos del Ibex, que se aferraron al esquema bipartidista porque les daba mucho miedo cambiar las cosas.

P.- ¿Cómo ve a Yolanda Díaz como sustituta de Pablo Iglesias en el Gobierno?

R.- Un liberal clásico como yo está a años luz de una persona como Yolanda Díaz. Ella es comunista, y no lo digo como insulto. Dicho lo cual, Yolanda me parece una persona bien intencionada, trabajadora y una persona que se toma en serio lo que hace. Si se pusiese al frente de Podemos, al menos tendríamos a alguien con buenas intenciones. Aunque el infierno está empedrado de ellas.

P.- ¿Tras las elecciones madrileñas ha habido un cambio de ciclo político?

R.- Yo lo veo con un poco más de optimismo. Hay una esperanza de sacar a Sánchez de la Moncloa en un plazo más corto del que parecía. Se dan todas las señales de que estamos ante un cambio de ciclo. El triunfo del PP en Madrid ha sido muy destacado y el PSOE está por debajo de los mínimos. En estas elecciones, Ayuso ha liquidado la figura política de Iglesias, el agente que tiraba de las fuerzas destructivas con el sistema del 78, de la monarquía parlamentaria y hasta de la relación del poder con los medios de comunicación. Que unas elecciones provoquen tantas consecuencias tiene mucho que ver con un error de bulto de Sánchez: creer que Ayuso era una contrincante fácil e infravalorarla. Se implicó de tal modo que el triunfo de ella corresponde al fracaso de él. Y, además, no ha aprendido la lección, sino que sigue con el mismo esquema de creer que arengar ciertas etiquetas como la del fascismo va a compensar el hecho de que esté arruinando el país.

P.- ¿Cree que la derecha ha encontrado entonces la fórmula para sacar a Pedro Sánchez de la Moncloa?

R.- Sánchez es un personaje vacío. Su única vocación es el poder. La derecha tiene que saber que la única fórmula que tienen es que PP y Vox sumen 176 escaños. La única. Como he dicho antes, el ‘sanchismo’ no es el Gobierno de Pedro Sánchez. Es la posibilidad, por primera vez en la historia democrática, de que el PSOE sume con la extrema izquierda un Gobierno apoyado en golpistas y en los herederos políticos de ETA. Él va a aferrarse a todo lo que no sea derecha para él… ¡como si el PNV no fuera de derechas!

Casado debe corregir el discurso de la moción de censura si quiere acabar con el ‘sanchismo’

P.- Si PP y Vox necesitan pactar para desplazar a Sánchez, ¿no debería Casado rectificar primero su discurso de la moción de censura?

R.- Es precisamente lo único que necesita Pablo Casado: corregir su discurso de la moción de censura. Lo de que si son unos franquistas, los de la España grande y libre… cuando tú dices eso a alguien, lo que estás diciendo es que te vas a comer el espacio de la derecha y que yo sólo podré sumar. Pero eso no va a pasar. Vox va a sobrevivir como un partido importante, de modo que la única manera de acabar con el ‘sanchismo’ será un pacto entre PP y Vox. Esto tiene además mucho que ver con la deriva de Ciudadanos, que es un partido que ya murió y que se ha tragado el PP. Todo lo que vino después de la dimisión de Albert Rivera ha sido un disparate sin ningún sentido. Se han hundido, y todo porque se quisieron hacer los incompatibles con Vox. Les pedían los votos para gobernar y luego marcaban unas distancias absurdas. Se empeñaron en tratar a Vox como si fuera lo mismo que Podemos.

P.- ¿No considera que se pueda equiparar a Vox con Podemos como dos extremos?

R.- Ni de lejos son lo mismo. Yo recuerdo a la extrema derecha en España. Era complicado y jodido. Y puedo decir que, ahora mismo, es inexistente en España. No son nadie, tres o cuatro nazis, no tienen ninguna fuerza. Entonces, llamar extrema derecha a Vox, que es un partido que soporta que le tiren piedras en sus pacíficas, democráticas y legítimas concentraciones… es acojonante. Pero Podemos sí es extrema izquierda, porque tiene todos los componentes de una formación marxista-leninista. Y no en el ideario, que lo han adaptado a los tiempos y que ahora tiene más que ver con el populismo iberoamericano, sino con las formas: la coacción, los escraches… ¡lo inventaron ellos!

Llamar a Vox extrema derecha me parece acojonante

P.- ¿Encuadra también al PSOE de Pedro Sánchez en la extrema izquierda?

R.- ¡Qué va! El PSOE de Sánchez no es nada. Es una vieja marca en manos de un tío que tiene la cabeza vacía, con una fascinación por la ostentación de poder, por posar con aviones, helicópteros gafas de sol, militares formando para él… es un tío ridículo. No ser nada, al mismo tiempo, significa poder ser cualquier cosa. Cuando hicimos el ‘pacto del abrazo’, parecía incluso de Cs. Hablaba del nacionalismo en los mismos términos en que lo hacíamos nosotros. Y cuando ha necesitado a Podemos, lo hacía como si fuera uno de ellos. Da igual, el contenido no le importa. Puede decir una cosa, su contraria y luego otra vez la primera y luego otra vez la contraria. Es un animal nacido para el poder y a la conveniencia inmediata de todo lo que lo potencie. Sánchez no es nada. Ni extrema izquierda, ni socialdemocracia, ni nada. Pero es que, dime. ¿Qué es Lastra? ¿Cuál es su ideario? ¿Y el de Ábalos? No hay nada ahí.

P.- La última vez que le entrevistamos en El Independiente, en febrero de 2020, dijo que le daba más miedo Sánchez que el virus. ¿Lo mantiene?

R.- La combinación ha sido letal. El virus y Sánchez han dejado a España en unas condiciones… . El tipo ha querido aprovecharse del miedo de la gente para sus intereses, para salir a dar discursitos una vez por semana en prime time. Y luego fueron a rastras de todo. Primero resulta que el que usaba la mascarilla era un fascista porque ellos habían dicho que no hacía falta. Luego las contrataciones opacas, la neutralización del Parlamento acogiéndose al estado de alarma… ¡Es que no han dado una! Es difícil pensar en un Gobierno más dañino para España que el de un incompetente que tenía de ministro de Sanidad a otro incompetente. Cualquiera lo hubiera hecho mejor.

P.- En alguna entrevista ha llegado a decir que «la izquierda española está dispuesta a cualquier cosa que haga daño a España» e incide en su «pulsión destructiva». ¿No es excesivo?

R.- La izquierda actual se ha unido a los nacionalismos y han desarrollando otros nuevos, como el de Asturias o el de Valencia. Desarrollar nacionalismos es destructivo para la idea de España. No es un tema cultural, tiene que ver con el vaciamiento del Estado y con el olvido de la historia en sus programas educativos. ¿Por qué lo hacen? No lo sé. Felipe González no lo hacía. Ahora existe una fascinación por las políticas identitarias, que no son sólo las de género, sino también la de los nacionalismos. ¿Por qué han llegado hasta ahí? Porque no sólo en España, sino que toda la izquierda occidental ha visto cómo la socialdemocracia ya ha cumplido su papel histórico cuando se normalizó el estado del bienestar en Europa, y buscaron nuevas doctrinas y esquemas. Por ejemplo, en España la Guerra Civil se utiliza como un mito romántico por parte de la izquierda, la historia de buenos y malos. Adriana Lastra lo hace, igual que habla de Largo Caballero sin saber ni quién es. O el pobre Pepu Hernández diciendo que Andrés Trapiello fue un revisionista. Es que es para descojonarse.

El PSOE de Sánchez no es ni extrema izquierda, ni socialdemocracia, ni nada

P.- ¿Se plantea escribir otro libro sobre la historia del PSOE, quizá más pegada a la actualidad?

R.- Me han propuesto varias veces que actualizara el que escribí, que lo acabé cuando entraba Rubalcaba en política. Me da un poco de pereza, pero igual lo hago. Es una historia muy interesante. Bajo esas mismas siglas, hay de todo. Tienes desde Felipe González y Alfonso Guerra a un Zapatero que coge las heridas de la guerra y las reabre porque le interesa que haya tensión. Y luego vino Sánchez, que es la pérdida absoluta de referentes.

P.- ¿Volvería a hacerse la foto de Colón?

R.- Sí, sin duda.

P.- ¿Cree que Albert Rivera y todos los que estaban allí en representación de Ciudadanos, también?

R.- No lo sé. Lo que nunca negará Rivera es que la concentración de Colón la convocó Ciudadanos. Por tanto, parece difícil que se negase a hacerse la foto que nos hicimos. Además, Colón fue formidable para Ciudadanos. Después de esa foto sacamos 57 escaños. Lo que pasa que se ha utilizado como arma arrojadiza, pero ese arma sólo hace daño a los que ahora se avergüenzan de haberse hecho esa foto. ¡Pues no habértela hecho!

P.- ¿Hubo una conspiración interna en Ciudadanos para derrocar a Albert Rivera?

R.- Hubo una conspiración interna en el partido. Sí. Hubo gente en Ciudadanos que trabajaba en contra de Ciudadanos, que se sentaban en la Ejecutiva y que trabajaban en secreto en contra del partido. Para su suerte, hubo una repetición electoral y pudieron tener un partido bisagra a su medida. Pero ahora se van a quedar sin bisagra y sin nada.

P.- ¿Quién participó en esa conspiración?

R.- No voy a decir nombres.

P.- ¿Jugó Inés Arrimadas algún papel en ello?

R.- No diré nombres propios.

P.- Albert Rivera decía que si el Ibex quería gobernar, que se presentase a unas elecciones. ¿Qué papel jugaron los poderes económicos en su muerte política?

R.- Uno muy importante. Y ahí había propietarios de medios de comunicación, grandes anunciantes, y poderes en sí mismos que estaban acostumbrados a que los políticos les cogieran siempre el teléfono. Pero, de pronto, un líder político [Rivera] decidió no contestar cuando el teléfono sonaba. Y eso le sentó muy mal a algunos.

P.- ¿Quién apretó el gatillo?

R.- No hay una sola persona. Hay un establishment al que no le interesaba que hubiese un líder completamente libre que no se somete a presiones y que no hay manera de que lo compres. Pudimos entrar en el Gobierno, pero no quisimos. Eso irritó a más de uno.

P.- ¿Ese fue el momento en que comenzó esta operación de la que habla? ¿Cuando Rivera se negó a pactar con Sánchez tras el 28-A?

R.- La gorda, sí. Había algún otro componente de esta conspiración que llevaba tiempo pensando en su proyecto personal, y trabajando más por su marca que por la del partido.

P.- ¿Habla con Rivera?

R.- Sí, sí.

P.- ¿Se plantea volver?

R.- Yo creo que no. Él lo intentó, pero no le salió. La política es una vida muy dura, con muchas presiones y mucho trabajo. Y si en el sector privado puedes ganarte mucho mejor la vida e ir más tranquilo…

Si volviese a la política, me sentiría más cómodo en el PP

P.- De cara a la convención de julio, Ciudadanos plantea renovar la marca y dejar atrás la etiqueta ‘centro’ y reforzar la de ‘liberal’.

R.- Eso estará muy bien. Será una excelente noticia que cambien la marca, porque como lo que ahora se llama Ciudadanos no es Ciudadanos, las cosas estarán mucho más claras.

P.- ¿Por qué cree que nadie ha dimitido en Ciudadanos después de tantos batacazos electorales consecutivos?

R.- No sé. Cuando caímos a 10 escaños, se fue Albert, me fui yo, Villegas, Fernando de Páramo, Hervías… pero media ejecutiva permanente se quedó, como si no fuese con ellos. ¡La estrategia fue de todos! Cuadrado, Espejo, Villacís, Arrimadas… se quedaron ahí con un par. Supongo que ahora ya es una costumbre. Hay una cosa que dijo Edmundo Bal, por el que siento enorme aprecio, la noche electoral que no me cabe en la cabeza: dijo que la derrota electoral se debía a un fracaso de Madrid y de España, y no de Ciudadanos. Eso es una aberración. Es la pérdida del sentido de la realidad. Es muy fácil decir que son los españoles los que se equivocan, porque así no tienes que asumir responsabilidades. Es una indecencia.

P.- ¿Siente algún tipo de afecto por Ciudadanos?

R.- Por lo que ahora se llama Ciudadanos lo que siento es que alguien está usurpando una marca y que está haciendo con ella cosas indecentes. Me gustaría que dejaran de usarla. Ciudadanos representa a la gente que se la jugó y que se enfrentó a la hegemonía nacionalista en una atmósfera irrespirable. Son valientes que no cedieron a presiones, que no se dejaron comprar. Y ahora, simplemente se está prostituyendo la marca de Cs.

P.- ¿No echa de menos la política activa?

R.- No.

P.- ¿Ha recibido ofertas de algún partido?

R.- Sí.

P.- ¿De quién?

R.- No lo voy a decir, pero se puede intuir. Uno se gana la vida mejor fuera que dentro.

P.- ¿Si lo hiciera se sentiría más cómodo en PP o en Vox?

R.- Estaría más cómodo en el PP. Pero no voy a volver.

P.- ¿Recuerda la primera vez que le llamaron ‘facha’?

R.- Uf. No. Fue mucho antes de que lo aplicara la izquierda. Los nacionalistas catalanes quizá me debieron llamar facha cuando yo tenía 16 años.

P.- A los 16 se hizo maoísta para ligar. Eso dijo en una entrevista para El Mundo hace unos años. ¿Algún otro secreto que no haya contado?

R.- Es la pura verdad. Y bueno, yo quería ser cantante. Y, sinceramente, se me ha quedado la espina clavada. Cualquier día doy la sorpresa.

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