Política ENTREVISTA

Girauta: "De momento le temo más al sanchismo que al coronavirus"

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Girauta: "De momento le temo más al sanchismo que al coronavirus"
Juan Carlos Girauta, en el Congreso.

El ex portavoz y ex diputado de Ciudadanos en el Congreso, Juan Carlos Girauta. EFE

Resumen:

Juan Carlos Girauta (Barcelona, 1961) abandonó la política siguiendo los pasos de Albert Rivera, después del descalabro electoral que situó a Ciudadanos al borde de la irrelevancia, con tan sólo 10 diputados en el Congreso de los Diputados.

Sin embargo, el que fuera diputado y portavoz del grupo parlamentario de los naranjas no ha dejado de estar en el centro de la polémica por su intensa actividad en las redes sociales, en las que critica abiertamente todas las controversias de la actualidad política que copan las portadas sin que le frene el temor a la réplica, como la crisis de Venezuela, el encuentro entre Ábalos y Delcy Rodríguez, la reforma del Código Penal, las cesiones del Gobierno de Pedro Sánchez al soberanismo catalán o el pin parental.

P.- ¿Traicionará el PSOE a ERC? ¿O ERC al PSOE?

R.- Lo único que tengo claro es que España está en manos de un partido cuyo jefe está en la cárcel. Y, encima, repiten una y otra vez que lo volverán a hacer. Este delincuente es el que tiene en sus manos el Gobierno de España. Es algo muy preocupante. Si Sánchez cumple con ERC será la única vez que lo hace con alguien. De momento ha engañado a todo el mundo, y por tanto la única esperanza para los constitucionalistas es que siga haciéndolo. Sánchez es un personaje amoral. No concibe las cosas en términos de verdad o mentira, sino en términos de utilidad personal, en si las cosas sirven para su ambición o no. En un momento, puede decir qué es lo que más le beneficia y, si cambian las circunstancias, decir todo lo contrario y quedarse inpertérrito. Y el problema no es tener un personaje amoral en política, sino el hecho de que pueda contradecirse con tanta rapidez sin que ello conlleve un reproche masivo.

P.- ¿Un reproche masivo? ¿En qué sentido?

R.- Sí, por parte de la opinión pública. En el debate de campaña dijo que iba a hacer una cosa y ahora dice que va a hacer otra. Que iba a evitar el adoctrinamiento en las escuelas de Cataluña y que TV3 era una máquina de propaganda política. Y lo primero que ha hecho es abrazarse a los separatistas, montar con ellos una mesa y decir que está dispuesto a discutir todo lo que se plantee, por supuesto sobre amnistía e independencia. Esto lo puede hacer porque hay una opinión pública que está mal articulada. Me sorprende que no haya un reproche generalizado contra esas mentiras, y todo viene de la sectarización de medios como El País, La Sexta y la propia RTVE, que cuentan con una dependencia muy poco sana desde el punto de vista democrático a los partidos políticos. La prensa progubernamental no se comporta como una prensa libre porque desde las instituciones se les puede aplicar recompensa o castigo, promesa o amenaza.

P.- Gabriel Rufián se ha convertido en los últimos meses en una especie de mediador entre Gobierno y separatismo. ¿Qué opina de ese giro conciliador, pacificador?

El objetivo de ERC es llevar las cosas a la situación previa a la fiebre del ‘procés’ creando un tripartito en Cataluña

R.- Le conviene, porque es la cara visible de una estrategia bastante evidente en este momento: la de dar marcha atrás en el ‘procés’ sin que lo parezca. Existe un objetivo común que comparten tanto ERC como el PSOE: la creación de un nuevo tripartito en Cataluña. A ese interés se sirve, porque al menos les da acceso a los Presupuestos de la Generalitat, que es lo que les permite mantener una red clientelar y seguir financiando ese caldo de cultivo de insatisfacción llamado TV3 sin el que el nacionalismo no puede vivir. Y no olvidemos que la persona que negoció, impulsó y consiguió los dos primeros tripartitos fue Iceta que, evidentemente, aspira a ser presidente de la Generalitat, cosa a la que también aspira ERC, supongo que en la figura de Junqueras cuando salga de la cárcel. Entonces su objetivo último es volver a llevar las cosas a la situación previa a la fiebre del procés. Cogobernar con los socialistas, asfixiar a los convergentes por falta de financiación y, sobre todo, formar un Gobierno ideológico donde el sello distintivo sea que somos de izquierdas en vez de somos independentistas.

P.- ¿Está el secesionismo definitivamente roto?

R.- Han mantenido una falsa unidad hasta ahora. En el momento del golpe de Estado se consumó una división muy importante: Puigdemont dice «hasta el lunes» y lo primero que hace es escaparse de España en un maletero, mientras que el otro -Junqueras- se queda y va a la cárcel. Ahora ha aflorado esa enemistad, ese odio africano que se tienen entre sí. JxCat ha jugado su baza: retrasar la convocatoria electoral para que ERC tenga que negociar los Presupuestos Generales con el Gobierno y venderles como unos traidores al procés, la gente que pacta con los partidos del 155. A ERC le interesa mantener la imagen de que ellos han conseguido controlar al Gobierno de España.

P.- Irónicamente, los lazos amarillos han terminado apartando a Quim Torra.

R.- Es una paradoja. La obsesión de Torra le ha llevado a una condena y a una inhabilitación. Ahí es cuando Torrent, por muy independentista que sea, se da cuenta de que no quiere ir a la cárcel, le retira el acta pero buscan fórmulas para decir que puede seguir siendo president. Eso es mentira, una intoxicación. La interpretación que hacen del Estatuto de Autonomía es muy propia de un fenómeno, el de la estupidez literalista. El nacionalismo atonta profundamente.

P.- Desde Lledoners, Oriol Junqueras también se ha venido presentando como un ‘hombre de paz’. Pero hace unos días aseguró que «lo volveremos a hacer».

R.- Junqueras es una especie de cura raro. Un hombre muy creyente, pero a la vez un personaje muy perverso que ha utilizado la mentira de forma sistemática durante años. Detrás de una apariencia de tipo seminarista hay un proyecto muy peligroso. Se enroca como representante de los catalanes, cuando el partido con mayor representación en Cataluña es Ciudadanos. En su lógica nacionalista, por un lado están los catalanes y por otro la gente que vota a PP y Cs.

Detrás de la apariencia de tipo seminarista de Junqueras, hay un proyecto muy peligroso

P.- ¿Lo pueden volver a hacer?

R.- Sí. Cuando has estado durante varios años diciéndole a la gente que España nos odia, nos maltrata, nos extorsiona, nos ordena y nos arruina y que si fuéramos independientes tendríamos más dinero, menos enfermedades y más guapos has sacado sistemáticamente a la muchedumbre a la calle, has abierto la caja de pandora. Está por ver que esa masa radicalizada que ellos han fabricado se traguen ahora ese giro hacia el entendimiento que quiere ahora el Govern. Ese millón y pico de gente que has convertido en extremista, que sólo piensan y hablan de independencia, que son consumidores compulsivos de TV3… ¿qué les vas a contar ahora? A lo mejor no te siguen.

P.- Entonces habrá tripartito en Cataluña.

R.- Ese es el objetivo. Ojalá no lo logren.

P.- Sin embargo, desde el PSC aseguran que no investirán a ningún líder independentista.

R.- Guarda esa declaración. Hará falta. Para mí, lo mejor que le podría pasar al PSC es que se disolviera. Es el principal culpable de todo lo que ha pasado en Cataluña. Ha tenido atrapado el voto de los constitucionalistas para entregárselo a los nacionalistas. Es una desgracia. La palabra de Iceta vale tanto como la de Sánchez, o sea, nada. Estoy completamente seguro de que ya se han puesto de acuerdo sobre el tripartito. Si no, al tiempo.

P.- Si ocurre, ¿cómo lo justificarán?

R.- Es muy fácil. Pueden decir en un día lo contrario al anterior y quedarse tan anchos. Y por supuesto que lo harán. Y encima diciendo que es una consecución magnífica para alcanzar la convivencia en Cataluña. Se pondrán medallas, dirán que haber conseguido un Gobierno con independentistas es un triunfo de la democracia y del entendimiento, y que el que no esté de acuerdo es un radical. El PSC es un partido nacionalista, y no es golpista porque aún no le ha dado tiempo.

P.- ¿Ha perdido el rumbo el PSOE?

R.- El PSOE ha asumido completamente la doctrina del PSC. Es lo que tiene el poder. Desde que Sánchez ganó la moción de censura, se olvida el criterio que siempre han tenido sobre la cuestión nacional y pasa a acariciar el lomo a los golpistas. Por eso ni si quiera se planteó después de las elecciones unas negociaciones con el PP y Cs para que se abstuvieran. Al revés, se abrazó a Iglesias sabiendo que eso implicaba necesitar a Esquerra.

El PSC es un partido nacionalista, y no es golpista porque aún no le ha dado tiempo

Sí han perdido el rumbo, claro. El PSOE de Alfonso Guerra y de Felipe González no existe ya. Lo destruyó Zapatero y lo ha rematado Sánchez. Todo lo que tenía de partido de Estado, desapareció. El PSOE de González jamás se hubiese posicionado con Maduro en la crisis venezolana. Y no es un tema cualquiera, tiene que ver con el concepto de democracia, con los derechos humanos. Estamos hablando de un régimen en el que matan a gente por la calle, la torturan en el Sebin, donde hay hambruna y muerte. Es una atrocidad. Y Zapatero es el valedor de todo ello.

P.- Precisamente, una de las grandes polémicas de los últimos días ha venido a cuenta del encuentro entre José Luis Ábalos y la número dos de Maduro, Delcy Rodríguez. Las últimas informaciones apuntan a que el ministro mantuvo incluso un segundo encuentro con ella en la sala VIP de Barajas.

R.- Más allá de lo patético, tiene una parte de la que no puedo evitar reírme. Al final va a resultar que ambos tienen un romance o que se fueron de marcha juntos por Madrid. Pero más allá de eso la situación es gravísima. Aquí, un ministro del Gobierno de España impidió a la Policía hacer su trabajo. España estaba obligada a retener a Rodríguez hasta que pudieran enviarla de vuelta a Caracas. En mi opinión, existe un delito claro y un incumplimiento de las sanciones de la UE. Y sobre Ábalos… la realidad es que le envía Sánchez a parar el asunto. El Diario Las Américas cuenta que fue Iglesias quien llamó a Delcy para decirle que Sánchez le recibiría y reventarle la gira a Guaidó. Y cuando ya está en el avión, se dan cuenta de que no puede entrar a España. Según este medio, Sánchez envía a Ábalos, que básicamente se encuentra con un marronazo. Es la persona encargada de gestionar las situaciones desagradables.

P.- ¿Le está echando un capote a Ábalos?

R.- Es un mandado, pero eso no quita que haya mentido y haya cometido una ilegalidad. Si dices que has frenado una crisis diplomática es incompatible con defenderte diciendo que has ido a recoger a un amigo al aeropuerto. No se lo cree nadie. Son mentirosos compulsivos.

P.- ¿Debe dimitir?

R.- Por supuesto. Ha cometido una ilegalidad y ha mentido. Pero incluso sin la ilegalidad debería dimitir. Él hizo dimitir al ex ministro de Industria, José Manuel Soria, por un asunto que era legal, pero del que dio versiones contradictorias.

P.- ¿Por qué el presidente del Gobierno no recibió a Guaidó?

R.- Por el trabajo de los deudores de Maduro, que son los podemitas, y de Zapatero. Si al presidente encargado de Venezuela le ha recibido Boris Johnson, Macron, Merkel… ¿por qué no lo recibe Sánchez? Se ha desmarcado del consenso europeo. Es que su propio vicepresidente del Gobierno reconoce a Guaidó como un simple líder de la oposición venezolana.

P.- El escándalo de la visita de Delcy Rodríguez salpicó también a Fernando Grande-Marlaska.

R.- Pero Marlaska no dimite ni muerto, y eso que ha hecho varias cosas repugnantes. Ha manchado su trayectoria como juez, que fue admirable, que le consagró como un luchador que ha combatido a ETA con la ley y con eficacia. ¿Cómo puede tirar por la borda ese activo y convertirse en un siniestro provocador? Arrojó a la masa contra mis compañeras el día del Orgullo. No me olvido. Fueron escupidas, insultadas, y peligró su integridad física. Un ministro del Interior provocó ese acoso, y luego sembró huellas falsas para sacarse de encima esa sombra.

P.- Pablo Iglesias vicepresidente del Gobierno. ¿Le quita el sueño?

R.- No, a mi me lo quita Sánchez, que es un hombre sin moral y sin escrúpulos. A Pablo Iglesias y al pobre Garzón les han contentado con cargos de juguete. Estos tipos, que parecían tan aguerridos, con tanta fuerza y con tanto empuje, les han dado un carguito y se han quedado mansos como perritos falderos.

P.- ¿Quién es más peligroso para la democracia? ¿Pedro Sánchez o Santiago Abascal?

R.- Santiago Abascal no es peligroso para la democracia, pero desde luego Pedro Sánchez sí lo es. Porque él ha entrado en pactos con partidos que quieren acabar con lo que denominan régimen del 78, desde la monarquía hasta el modelo territorial. Sánchez ha firmado un documento con el PNV por el que se compromete a reformar las estructuras del Estado y adaptarlas a chorradas de sentimientos nacionales. Y ha dicho que va a reformar el Cógido Penal para que un delincuente salga de la cárcel. Lo primero que se aprende en derecho es que las leyes son normas generales, no para un señor. Por supuesto que es un peligro para la democracia.

Santiago Abascal no es peligroso para la democracia, pero desde luego Pedro Sánchez sí lo es

P.- ¿Fascismo o comunismo?

R.- Me parecen igual de peligrosos, francamente. Las dos son formas de totalitarismo, de violentar la libertad individual, de sometimiento y de violencia estructural. Son manifestaciones muy próximas, y no son más que dos perversiones de la política que no han causado más que muerte y destrucción. Tampoco considero que en España tengamos un Gobierno comunista. Los ministros, dos o tres, que son comunistas por ideología están más contentos que un perrillo con la cartera y el coche oficial. Es un comunismo de universitarios.

P.- ¿Y le teme más al sanchismo o al coronavirus?

R.- Pues de momento al sanchismo, pero veremos cómo evoluciona el coronavirus (risas). El coronavirus puede matar a muchos, es un riesgo y hay que tomárselo en serio, pero el sanchismo ya ha producido efectos deletéreos sobre la realidad española. Es que ha habido una caída en el discurso político de la que es difícil bajar más. Cuando oyes declaraciones de Calvo, de Celáa… habría que echarle imaginación para decir algo más tonto, más ridículo y más insensato.

P.- Otra de las polémicas de estos días viene a costa del ‘pin parental’. Vox lo defiende como una garantía de la libertad de los padres, y el PSOE como un experimento de la extrema derecha. ¿En qué punto está usted?

R.- Me parece que hay que ser muy claro. Hay que convertir la educación sexual y la educación constitucional, que incluye la igualdad y la no discriminación, en obligatorias. Ahora bien, los padres tienen que poder decir si autorizan o no la participación de sus hijos en las extracurriculares. Del mismo modo en que deciden que es peligroso que vayan a una excursión a la montaña. No tengo hijos, pero si los tuviera no les dejaría ir por ejemplo a una conferencia de la directora general de Diversidad Sexual, que básicamente confesó que se tiraba a una alumna suya menor de edad y que además se vanagloriaba de ello.

P.- Inés Arrimadas se encuentra en plena campaña para convertirse en líder de Ciudadanos. Sin embargo, ha surgido un movimiento, encabezado por Francisco Igea, que pide una renovación pasando por la reestructuración del poder territorial del partido.

R.- No quiero definir a los críticos como un obstáculo para la renovación, pero sí veo que el modelo que proponen, las baronías, es aquello que nosotros siempre intentamos evitar, desde el principio. Me parece una pésima idea. Ciudadanos no puede ser un partido de barones, y alguna legitimidad tendré yo de hablar del tema si fui uno de sus fundadores.

Yo creo en el centralismo leninista como modelo de organización de un partido político

P.- ¿Por qué en el modelo de Ciudadanos no cabe el modelo de baronías? ¿Le temen a la discrepancia?

R.- Los que parimos a Ciudadanos decidimos que no lo sería nunca. Podrá ser otra cosa, pero no será Ciudadanos. Que le cambien el nombre si se va a convertir en eso y, desde luego, yo devolveré mi carnet. En Ciudadanos ha habido discrepancias ideológicas, como las de liberales y socialdemócratas. Pero en esto, en la estructura territorial, no cabe discrepancia. Es como decir que un sector independentista quiere imponer su criterio en el partido, no tiene sentido.

P.- Igea llegó a calificar al ‘aparato’ del partido como leninistas, por aplastar la crítica.

R.- Para empezar, Igea está donde está por el tirón de Albert Rivera. Supongo que se refería al centralismo leninista, y yo creo en ese concepto para la organización en un partido político. Es la única manera de tener un proyecto para España. Que no prevalezca nunca el criterio de un terruño sobre el interés general. Uno de los problemas del sistema de baronías es que acaba sufriendo la enfermedad infantil del nacionalismo, porque es una trasposición de la organización territorial al propio partido. Con lo cual, empiezan a surgir intereses contrapuestos. Y yo quiero un partido con el mismo criterio.

P.- ¿Echa de menos la primera línea política? ¿Se plantea volver?

R.- Para nada, en absoluto. Ya he tenido bastantes vaivenes, demasiadas elecciones. Y de momento tampoco me planteo devolver el carnet de Ciudadanos a no ser, claro, que lo conviertan en un partido de taifas.

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