España

Intrahistoria de la votación más tensa: del despiste de Ábalos a la 'bronca' de Rufián a Podemos

Hasta once diputados de PSOE y Unidas Podemos han roto la disciplina de voto de sus respectivas direcciones y han votado en contra de la candidatura del polémico magistrado Enrique Arnaldo al Tribunal Constitucional

El portavoz del PSOE en el Congreso, Héctor Gómez.

El portavoz del PSOE en el Congreso, Héctor Gómez. EFE

Deslealtades, reprimendas, extraños compañeros de viaje y mucho secretismo. Éste jueves el Congreso de los Diputados ha acogido una de las jornadas más conflictivas de los últimos meses, tanto por el fondo como por la forma. Y el motivo no ha sido otro que la ratificación de un acuerdo que, al menos sobre el papel, ya estaba cerrado: la renovación del Tribunal Constitucional con cuatro candidatos, dos a propuesta del Gobierno y dos a propuesta del PP. Es la figura del magistrado Enrique Arnaldo, letrado de las Cortes y propuesto por los de Pablo Casado, el nombre que ha producido un auténtico sarpullido en algunos diputados de izquierda, que han tenido que votar hoy «con una pinza en la nariz». Pero hasta 11 han debido quitársela antes de tiempo, rompiendo la unidad de acción en PSOE y Unidas Podemos.

Los llamamientos a romper la disciplina de voto y no avalar al candidato de los populares han sido casi tan constantes como el goteo de informaciones que envenenaban cada día la imagen del magistrado Arnaldo, señalado no sólo por sus vínculos con FAES y con el ex presidente de Baleares, Jaume Matas -estuvo imputado en la caso Palma Arena, aunque la investigación se archivó-, sino por presuntas actuaciones irregulares que han puesto en entredicho su idoneidad para el Tribunal Constitucional no sólo en el ámbito político, sino también en el judicial. La presión ha sido tal que a principios de semana comenzó a resquebrajarse la unidad interna en las filas socialistas y moradas. Ambas fuerzas celebraron y se apuntaron el tanto del acuerdo con el PP desde el primer minuto, pese a que el nombre de Enrique Arnaldo siempre generó recelos en el equipo que lideraba el ministro de Presidencia, Félix Bolaños en el marco de las negociaciones con los populares, pero que terminaron aceptando.

La tensión llegó a tal nivel que las primeras deserciones comenzaron a estallar. La primera y más notoria fue la del diputado socialista Odón Elorza, dirigente que alzó la voz entre sus compañeros para evitar avalar a un candidato cuyo perfil distaba mucho de los parámetros de independencia y regeneración que se habían comprometido a conservar en la renovación de los órganos constitucionales, no solo por su evidente vinculación a los de Pablo Casado, sino por las presuntas infracciones que había cometido. Fue el primero, además, que empleó la expresión de utilizar «una pinza en la nariz» para votar a favor del magistrado, y se ha convertido en el único díscolo que confesó públicamente que rompería la disciplina del partido, arriesgándose a una sanción por parte de la dirección socialista. «No he apoyado al señor Arnaldo, en defensa del prestigio y la dignidad de las instituciones del TC y del Congreso», informaba en Twitter.

A la ruptura de Elorza se unió otra diputada de Unidas Podemos, María del Carmen Pita. El miércoles, ésta dirigente canaria publicó una carta con otra compañera crítica de Podemos, Gloria Elizo, en la que manifestaron que «el precio a pagar» para la renovación de los órganos era «sencillamente inasumible», dejando la puerta abierta a bajarse del acuerdo. Finalmente, sólo Pita ha roto la disciplina de voto. Pero al margen de los dos díscolos de PSOE y Unidas Podemos, otros nueve dirigentes rebeldes han actuado por su cuenta y riesgo este jueves en el Congreso de los Diputados. El Pleno, además de aprobar la renovación de los seis consejeros del Tribunal de Cuentas que corresponden al Congreso y del Defensor del Pueblo, que recae en el socialista Ángel Gabilondo, ha dado luz verde a todos los candidatos pactados por Gobierno y PP, eso sí, con importantes diferencias entre ellos.

El letrado Enrique Arnaldo recibió un total de 232 votos a favor de un total de 249 emitidos. PSOE, Podemos y PP suman 243 diputados -los morados cuentan ahora con 34 tras la baja de Alberto Rodríguez y en el bloque popular disponen de 89, con el voto ‘extra’ de Isidro Martínez Oblanca, de Foro Asturias-, de modo que al menos 11 parlamentarios del bloque que firmó el acuerdo para renovar el Constitucional se han rebelado y no han tecleado el nombre de Enrique Arnaldo en la intranet del Congreso. Su compañera conservadora, Concha Espejel, ha contado con cinco votos más, 237. Mientras tanto, los dos candidatos progresistas, Inmaculada Montalbán y Juan Ramón Sáez, han sumado 240 votos a favor. Teniendo en cuenta que tanto Joan Baldoví, de Compromís; como Pedro Quevedo, de Nueva Canarias han votado sólo a los magistrados del PSOE, la ruptura de la disciplina con los nominados progresistas en el bloque del acuerdo (PSOE-PP-Podemos) ha contado con un total de cinco fugas. Como el voto es secreto, nadie salvo ellos mismos -y los que lo han hecho público- saben quiénes han traicionado el pacto.

La votación a los cuatro aspirantes a renovar el Tribunal Constitucional ha contado también con ocho votos en blanco y uno nulo. Este último fue emitido por el diputado del PSOE por Badajoz, Mariano Sánchez, que se equivocó a la hora de rellenar su formulario. Según ha podido saber este medio, otras papeletas en blanco fueron las de José María Mazón, diputado del Partido Regionalista de Cantabria (PRC); Ana Oramas, de Coalición Canaria (CC); el representante de Teruel Existe, Tomás Guitarte; o el diputado díscolo de Ciudadanos que abandonó su grupo parlamentario, Pablo Cambronero. Pero la sorpresa de la jornada la dio el ex ministro de Transportes y actual responsable socialista de la Comisión de Interior del Congreso, José Luis Ábalos, que rompió la disciplina de su grupo y votó en blanco «por error», según reiteran fuentes socialistas.

Nada más conocerse la votación definitiva, el Congreso se ha convertido en una auténtico coto de caza para tratar de averiguar quiénes han sido los diputados que han decidido incumplir las directrices de sus respectivas direcciones. Pero, ¿por qué resulta tan difícil? La votación para la renovación de los órganos, que requería una mayoría de tres quintos en la Cámara, ha sido secreta, pero además se ha producido de forma telemática, un protocolo que se implantó con motivo de la pandemia del Covid y que aún se sigue empleando. El caos viene precisamente por la elección de este método, ya que para este tipo de votaciones solía utilizarse el procedimiento de papeleta en urna, con el que al menos se conocería de primera mano qué diputados de cuántas fuerzas han participado en la votación.

Fuentes del PP suscriben a este medio que el compromiso de sus dirigentes con el acuerdo para el desbloqueo del Tribunal Constitucional ha sido «total», por lo que apuntan a las filas de PSOE y de Podemos como origen del tumulto que ha terminado en rebelión de algunos de sus diputados no sólo contra los candidatos del PP, sino también contra los progresistas. En el PSOE, por su parte, insisten en que las únicas irregularidades entre sus filas ya las han reconocido, y no son otras que la de la confesada insubordinación de Odón Elorza y los errores técnicos de José Luis Ábalos y Mariano Sánchez. Además, el temor a la desbandada que llevó incluso al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a exigir a los suyos que no rompiesen la disciplina del voto, ha provocado que el PSOE haya establecido este jueves un sistema de vigilancia a sus dirigentes, de modo que los diputados socialistas estaban obligados a remitir un justificante de su votación a la dirección del partido para comprobar quién cumplía y quien no con la directriz oficial.

Todos los focos están se han situado, por tanto, sobre tejado morado, la formación que con más fiereza ha criticado el acuerdo y en cuyas filas había dirigentes, como Jaume Asens, que hace unos días reconocía entender la «tentación grande» que podían encontrar algunos de sus fieles para votar en contra de Enrique Arnaldo. «Podría pasar», respondió cuando fue preguntado si creía que algunos diputados de Podemos podían dinamitar el acuerdo.

Vox y Cs se coordinan con ERC y Bildu

Incluso aunque un tercio de los diputados de Podemos se hayan levantado en contra del criterio del Gobierno, tampoco ha sido un trago precisamente fácil para los que han votado ‘sí’ a los cuatro candidatos. La presión ha sido intensa, tanto que incluso ante un hemiciclo prácticamente vacío, el diputado de Podemos encargado de defender el acuerdo con el PP, Antón Gómez-Reino, ha tenido que oír mofas desde la bancada de Vox y de Ciudadanos que han aplaudido irónicamente su intervención al grito de «¡Sí se puede!» o «¡Qué papelón!».

«Creo que la razón más importante que explica el sentido del voto de nuestro grupo parlamentario es acabar con el secuestro de los resortes no democráticos de las derechas», justificaba Gómez-Reino, en alusión tanto a PP como a Vox. Acto seguido, los diputados de ambas bancadas presentes en el hemiciclo –que habían pactado previamente la burla al dirigente morado– pidieron a Podemos «no dar lecciones nunca más a nadie», como reclamó el portavoz de Ciudadanos, Edmundo Bal. «Ustedes no creen en la democracia (…). Es una vergüenza, y concluyo apelando a la dignidad de los diputados aquí presentes. ¡Voten en contra! ¡Rompan la disciplina de voto, aún a costa de perder su escaño!», se desgañitaba el diputado de Vox, José María Sánchez.

Tras sus respectivas intervenciones y también al unísono, los diputados de Vox y Ciudadanos se levantaron de sus respectivos asientos y abandonaron el hemiciclo. Antes ya lo habían hecho en señal de protesta ERC, PNV, Bildu, Junts, el BNG o la CUP, que no sólo no han votado, sino que salieron del hemiciclo justo antes de que comenzase el debate parlamentario sobre la propuesta de renovación del Tribunal Constitucional que, irónicamente, comenzó horas después de que se cerrase el plazo para registrar el voto telemático. Desde el patio del Congreso de los Diputados y haciendo frente común, todas las fuerzas nacionalistas lideradas por el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, criticaron duramente el acuerdo, si bien el líder republicano se mostró especialmente ácido con Unidas Podemos por «tragarse el sapo» de un «bipartidismo» que amplió a «tripartidismo», por la necesaria inclusión de los morados.

El portavoz de ERC, Gabriel Rufián comparece ante la prensa en el patio del Congreso | EFE

«Están dando entrada en las instituciones a personajes absolutamente reaccionarios como Enrique Arnaldo (…) Pero de vez en cuando hay que plantarse. Nos estamos refiriendo a los compañeros de Unidas Podemos. Entendemos que de vez en cuando hay que tragarse algún sapo, pero lo que algunos se están tragando aquí dentro clama al cielo», reprendía Rufián. Una de las lecturas de la jornada es, precisamente, que ninguna de las fuerzas políticas que hoy se han rebelado contra el bloque PSOE-Podemos-PP han culpado más a los populares, sino que más bien han puesto toda la presión sobre hombros progresistas por aceptar un «trágala» del PP y agachar la cabeza. El Congreso se ha partido en dos, y no es precisamente una coyuntura que ayude a hilvanar el próximo gran acuerdo que se espera de Gobierno y PP: la renovación del CGPJ. Pero, quizá, la jornada de hoy haya servido de ensayo a socialistas y populares para entender que el trámite más importante no está en los despachos, sino en el Congreso.

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