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España no plantea el estatus de Ceuta y Melilla y considera satisfechas sus demandas con un matiz semántico

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg ; el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, junto al primer ministro de Italia Mario Draghi durante la primera jornada de la cumbre de la OTAN que se celebra este miércoles en el recinto de Ifema, en Madrid. EFE

La Moncloa considera satisfechas las demandas españolas en la cumbre de la OTAN, recogidas en la hoja de ruta de la organización para la próxima década. Fuentes gubernamentales reconocen que en las discusiones no se ha planteado el estatus de Ceuta y Melilla, fuera del paraguas de la Alianza, pero a propuesta española se introduce un cambio semántico en el documento final al referirse a “la integridad territorial de los aliados” en lugar de “la integridad territorial aliada”.

El Gobierno de Pedro Sánchez defiende la relevancia del cambio. En el caso de la integridad territorial aliada, el concepto llevaría inmediatamente al artículo 6 del Tratado de Washington de 1949, que define el ámbito geográfico de la garantía de la defensa colectiva y que corresponde «al territorio de las partes en Europa, o América del Norte, o las islas bajo la jurisdicción de cualquiera de las partes en el área del Atlántico Norte, al norte del Trópico de Cáncer». Ceuta y Melilla se hallan fuera de estas coordenadas.

En cambio, la modificación introducida -concretada en el concepto de “integridad territorial de los aliados”- está definida, según el argumentario de La Moncloa, por el ordenamiento territorial de cada uno de los países miembros. La otra definición, insisten, conduce directamente al artículo 6 del tratado que deja fuera Ceuta y Melilla, ciudades españolas reclamadas históricamente por Marruecos. Desde La Moncloa insisten en que no existen dudas de que la integridad territorial española está cubierta por el tratado de Washington, más si cabe en un contexto marcado por Ucrania y por la defensa de la soberanía de un país que ni siquiera pertenece a la Alianza. E igual que nadie pone en duda la defensa, en caso de ataque, del archipiélago de Hawái, también al margen de la jurisdicción de la OTAN.

Dos menciones a la integridad territorial

En el Concepto Estratégico de 2010, se recogía una alusión al «respeto de los principios democráticos y de la soberanía, la independencia y la integridad territorial de todos los Estados del espacio euroatlántico», un área delimitada por el Tratado. Ahora, en cambio, La Moncloa presume de que se cita en al menos dos ocasiones. La primera, en el contexto de Rusia: «No podemos descartar la posibilidad de un ataque contra la soberanía y la integridad territorial de los aliados». «La competencia estratégica, la inestabilidad generalizada y los choques recurrentes definen nuestro entorno de seguridad más amplio. Las amenazas a las que nos enfrentamos son globales y están interconectadas», alega.

La segunda mención alude a que «aunque la OTAN es una Alianza defensiva, nadie debe dudar de nuestra fuerza y determinación para defender cada centímetro de territorio aliado, preservar la soberanía e integridad territorial de todos los Aliados y prevalecer contra cualquier agresor». «En un entorno de competencia estratégica, mejoraremos nuestra conciencia y alcance global para disuadir, defender, disputar y negar en todos los dominios y direcciones, de acuerdo con nuestro enfoque de 360 grados», señala.

En el mismo párrafo, la OTAN establece que «su posición de disuasión y defensa se basa en una combinación adecuada de capacidades nucleares, convencionales y de defensa antimisiles, complementada con capacidades espaciales y cibernéticas». Una acción «proporcionada y plenamente acorde con nuestros compromisos internacionales». «Emplearemos herramientas militares y no militares de forma proporcionada, coherente e integrada para responder a todas las amenazas a nuestra seguridad en la forma, el momento y el ámbito que elijamos», insiste en una flexibilidad que se aplica también al despliegue en el Este, en la coyuntura de la invasión rusa de Ucrania.

Instrumentalización de la migración y la energía

España asegura, además, haber puesto sus esfuerzos en la inclusión en el Concepto Estratégico de las «amenazas híbridas», especialmente en dos de ellas: aquellas acciones encaminadas a «instrumentalizar la migración y manipular el abastecimiento energético». El punto está incluido inmediatamente después de la acusación a Rusia de haber violado los principios del orden de seguridad europeo. «Llevan a cabo actividades maliciosas en el ciberespacio y el espacio, promueven campañas de desinformación, instrumentalizan la migración, manipulan los suministros de energía y emplean la coerción económica», se dice textualmente.

Desde La Moncloa se vanaglorian también de haber introducido por primera vez una mención al Sahel y los desafíos que suponen la fragilidad de los países del norte de África. «Los conflictos, la fragilidad y la inestabilidad en África y Oriente Medio afectan directamente a nuestra seguridad y a la de nuestros socios», subraya la hoja de ruta.

«La vecindad meridional de la OTAN, en particular las regiones de Oriente Medio, África del Norte y el Sahel, se enfrenta a retos interconectados de seguridad, demográficos, económicos y políticos. Estos se ven agravados por el impacto del cambio climático, la fragilidad de las instituciones, las emergencias sanitarias y la inseguridad alimentaria», argumenta el documento, que considera que tales circunstancias «proporcionan un terreno fértil para la proliferación de grupos armados no estatales, incluidas las organizaciones terroristas» y «permiten la injerencia desestabilizadora y coercitiva de competidores estratégicos».

La Moncloa ilustra este nuevo interés por proteger el flanco sur de la Alianza en el acuerdo sellado este martes por Sánchez y Biden que incluye el compromiso de aumentar el número de destructores en la Base naval de Rota. Representa, aseguran, el ejemplo más claro de esta mirada al mediterráneo en una coyuntura en la que las principales miradas se centran en el flanco oriental y la agresión rusa. No se puede comparar con el flanco oriental, pero el sur está bien situado, vienen a decir desde La Moncloa.

Sobre el desarrollo de la cumbre, fuentes gubernamentales españolas la califican de «histórica y punto de inflexión» en un «momento definitorio del orden mundial», marcado por un mensaje de contundencia contra el régimen de Putin. Madrid, deslizan, pasará a los anales de la OTAN como el lugar para la ampliación y fortalecimiento de la Alianza. Una cita cuyo documentos finales, tanto la declaración política como el Concepto Estratégico, recoge todas las inquietudes de España. Para el Ejecutivo español, es tiempo de decisiones audaces -como las adoptadas por Suecia y Finlandia con su ingreso- y requiere un esfuerzo para concienciar a las opiniones públicas de que el contexto actual no se resuelve en tres meses y conllevará «determinación y esfuerzo».

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