En el quinto aniversario del 1-O Jordi Sánchez repasa la experiencia del procés independentista, sus aciertos y sus errores. Defiende su participación en la «operación urnas» pero advierte que el éxito del referéndum es que fue una obra colectiva. Y avisa que los indultos sirvieron para rebajar la tensión en Cataluña, pero no solucionan el problema. «El problema sigue vivo. Es cierto que hoy es menos visible o intenso que hace cinco años, pero en ningún lugar está escrito que en dos años no vuelva con más fuerza».  

Pregunta.- ¿Visto en perspectiva, cinco años después cómo valora el 1-O?

Respuesta.- Positivamente. El 1-O es una fecha muy importante en el camino a la independencia. El independentismo consiguió poner contra las cuerdas al Estado Español y mostrar todas sus contradicciones, también en el ámbito internacional. Si hoy se parara el reloj obviamente no ha acabado como nosotros queríamos; pero la historia, y el proceso político, continúan, estoy seguro de que habrá momentos mucho mejores de los que hoy estamos viviendo.

Tenemos que coger distancia, y en la distancia el capital y la experiencia del 1-O nos hace fuertes. En la perspectiva de resolver el conflicto y reconocer la autodeterminación hoy estamos mejor que hace 15 años y esto en gran parte es gracias al 1-O.

En la perspectiva de reconocer la autodeterminación hoy estamos mejor que hace 15 años y esto en gran parte es gracias al 1-O

P.- ¿El independentismo ha sabido leer los errores del 1-O o la crisis actual es fruto de no haber sabido hacer ese ejercicio?

R.- No se ha sabido leer bien ni los aciertos ni los errores. Probablemente se ha vivido tan precipitadamente los momentos posteriores al 1-O, particularmente la represión, que no ha permitido hacer una lectura correcta. Es el gran reto que tiene el independentismo y los que hemos ejercido algún tipo de liderazgo. Tenemos que valorar, ponderar, y extraer lecciones de los aciertos y errores.

P.- ¿De verdad creían que no habría reacción del Estado?

R.- No pensamos que hubiera una reacción que fuera contra el propio estado de derecho. Yo mismo ejerciendo la presidencia de una asociación privada que nunca había sido requerida por ningún juez, que realizó todas sus actuaciones de acuerdo con la normativa vigente… Nunca hubiera podido imaginar que me impondrían una pena de 9 años de prisión.

Honestamente siempre había creído que había unas reglas del juego democráticas e inocentemente creímos que sin violencia se podía hablar de todo.

P.- El independentismo rompió esas reglas en los plenos del 6 y 7 de septiembre, ¿eso fue un error?

R.- ¿Qué normas se rompieron en el Parlament? Porque una aprobación por lectura única se ha hecho otras veces.

P.- Una modificación del marco estatutario y constitucional por lectura única y con mayoría simple rompe el marco legal.

R.- Si ese es el caso, un Estado fuerte tiene mecanismos previstos en el ordenamiento jurídico, que siempre están al margen del derecho penal, para no reconocer esas leyes y plantear un conflicto legal. La actuación represora lo que hace es mostrar la falta de confianza del propio sistema político español en los mecanismos que tiene previstos. Si realmente el Tribunal Constitucional tuviera la convicción de que la suspensión de unos actos ya deja sin efecto esos actos el Código Penal y la actuación de los tribunales en el ámbito de lo penal no tendrían lugar.

Más allá de los aciertos y errores cometidos en septiembre, y mucho antes, el procés puso en evidencia muchas contradicciones del Estado que no se habían manifestado. La incapacidad de reconocer el recorrido político del pronunciamiento de una asamblea legislativa, o la absurdidad de llevar a la Mesa del Parlament ante tribunales penales por decisiones que tienen solo un impacto en el debate político, cuando el propio Congreso, por amplia mayoría, había despenalizado la convocatoria de referéndum y la posibilidad de que una asamblea legislativa proclamara la secesión de un territorio sin violencia demuestra las incoherencias del Estado.

Vimos que habría malas artes por parte de la Guardia Civil y los servicios de inteligencia y creímos que teníamos toda la legitimidad para proporcionar las urnas

No es normal que lo sucedido el 1-O y el 27-O estuviera despenalizado y por hechos menores que estos haya habido las condenas que ha habido. Esta es la consistencia del Estado y la falta de madurez democrática de España.

P.- Usted tuvo un papel protagonista en la “operación urnas” ¿Por qué un presidente de una entidad civil asume este papel?

R.- Porque estábamos convencidos de que un proceso democrático en el que la gente se pueda expresar ha de hacerse con la complicidad de instituciones y ciudadanía. Creíamos, y sigo creyendo personalmente, que el referéndum es la manera más civilizada de expresar una idea política. Y además, porque vimos que había unas actitudes extrañas de los poderes del Estado, por ejemplo coaccionando a empresarios para que no fabricaran urnas. Ya vimos que habría malas artes por parte de la Guardia Civil y los servicios de inteligencia y creímos que teníamos toda la legitimidad y el derecho a que hubiera una aportación de la sociedad civil a este referéndum aportando aquellas cosas que la administración tenía dificultades para conseguir.

P.- ¿Personalmente tuvo miedo al asumir la responsabilidad de ser el conseguidor de las urnas?

R.- Yo no fui el conseguidor de las urnas, esto fue un proyecto colectivo. No lo digo por miedo ni falsa modestia. Lo más impactante del 1-O es que fue una obra colectiva de muchísima gente, tan importante fue la persona que dio el pistoletazo de salida para comprar las urnas como la persona que el 1-O bajó al parquin, sacó del coche una urna que alguien le había dado y la llevó al colegio electoral. Y sobre todo la gente que fue a votar. Cada uno hizo el papel que se le asignó.

P.- Pero su papel fue muy protagonista.

R.- Cuando decidimos constituir ese espacio político de acompañamiento para hacer posible el referéndum, yo asumo esa responsabilidad. Miedo no es la palabra, había respeto porque sabíamos que el reto era grande y sabíamos que el Estado intentaría que esto no funcionara. Pero no miedo, porque es muy difícil imaginar que llevar unas urnas tiene responsabilidad penal.

No sentí miedo, es muy difícil imaginar que llevar unas urnas tiene responsabilidad penal

P.- Pese a ello lo hacen dejando los móviles en casa y con todas las precauciones.

R.- Evidentemente, porque sabíamos que el Estado a veces de forma legal, con autorización judicial, pero muchas veces sin ella, actúa vulnerando la intimidad, violentando las comunicaciones, violando las normas básicas de un estado democrático liberal. Después se ha demostrado. Creíamos que no estábamos cometiendo ningún delito pero que había gente que utilizaba de forma ilegítima su posición de fuerza para intentar que no se pudiera celebrar. De ahí esa prudencia, no porque tuviéramos consciencia de estar cometiendo un acto ilegal penalmente reprobable. Encargar unas urnas no es un acto delictivo.

P.- El “estado mayor” del procés del que usted formó parte acabó teniendo más poder que muchos consellers ¿era razonable?

R.- Niego la mayor. Nunca tuve más responsabilidad que un conseller.

P.- No responsabilidad pero sí poder político.

R.- ¿Pero qué significa poder político? Las relaciones políticas se hacen a partir de ámbitos de influencia y oportunidad. Estoy convencido de que hoy en España hay mucha gente que manda mucho más y decide sobre muchos temas más que todos los ministros del Gobierno de Pedro Sánchez. Incluso me atrevería a decir que el propio presidente.

Había un espacio de coordinación política que nunca interfirió en absoluto en las tareas de gobierno. Reconozco la ANC hubo momentos en que tuvo mucha influencia, como sucede con muchos movimientos sociales. Greenpeace también tiene mucha influencia a la hora de condicionar a los gobiernos. La CEOE tiene mucha influencia en cuestiones básicas y que van allá de lo que la ley les asigna en el ámbito de la concertación social. Y es bueno que sea así, la democracia en una sociedad abierta está formada por muchos contrapoderes. Lo que debe ser indiscutible es que la última decisión depende de las personas que tienen la legitimidad democrática porque han sido votados.

P.- La ex consellera Clara Ponsatí dijo que “iban de farol”. Usted no lo ha expresado así, pero también ha afirmado que lo que pretendían era forzar una negociación con el Gobierno.

El 1-O ha servido para avanzar hacia el derecho a la autodeterminación, el referéndum era eso, nadie pensó en otras cosas

R.- La expresión “ir de farol” no es acertada, aunque puedo entender lo que quería decir Ponsatí. Lo que he dicho es que el 1-O pretendía ganar una legitimidad para poder ejercer democráticamente el derecho a la autodeterminación. El referéndum fue una gran oportunidad para demostrar la fuerza de la sociedad catalana para conquistar un derecho que el Estado niega. La gran virtualidad del 1-O era forzar una situación tras negar la posibilidad de un referéndum pactado. El 1-O ha servido para avanzar hacia el derecho a la autodeterminación, el referéndum era eso. Nadie pensó en otras cosas, no sé si acertada o desacertadamente.

P.- Pero después vino una declaración de independencia.

R.- Después hubo una declaración, el 27 de octubre, que fue un posicionamiento político del Parlament defendiendo que aquel referéndum tenía consecuencias de acuerdo a la ley de transitoriedad. Era un acto del Parlament, que tenía toda la legitimidad para adoptar decisiones políticas. Y esa decisión, como sucedía con el referéndum, no tenía consecuencias penales.

El legislador decidió sacar del Código Penal la celebración de un referéndum o la declaración de secesión sin violencia. Estábamos ante dos hechos que podían tener consecuencias administrativas, comportar inhabilitación para los responsables políticos por haber desobedecido al Tribunal Constitucional, pero en ningún caso delitos penales. Se tuvieron que inventar otras interpretaciones para meternos en prisión y condenarnos.

P.- En ese momento la DUI se presentó como una declaración de independencia no como una declaración de intenciones, que es lo que se argumentó después.

Si no actuamos con coherencia tras la declaración de independencia debemos preguntarnos por qué

R.- Era una declaración de independencia. Si me pregunta qué sucedió después, por qué el Govern no defendió esa declaración y las entidades no convocaron movilizaciones en la calle para defender esa declaración… Es una de las cuestiones que el independentismo debe reflexionar. Si no actuamos con coherencia debemos preguntarnos por qué: porque había otra estrategia, o porque la DUI no era la decisión más acertada.

P.- Cual es su respuesta a esa pregunta.

R.- Tengo una respuesta que he expresado a mis compañeros. Soy de los que cree que se tiene que saber por qué se hacen las cosas y se tienen que mantener con todas las consecuencias. No soy partidario de las palabras que no van acompañadas de hechos, ni de los hechos que no se pueden sustentar, se tiene que meditar muy bien para qué se hacen.

P.- No tenía sentido declarar la independencia para aceptar después el 155.

R.- Eso lo dice usted, no yo. Teníamos una fuerza muy evidente que era el 1-O y cometimos algunos errores muy evidentes inmediatamente después. La gente tenía un gran respeto por los liderazgos políticos y sociales, lo vimos el 20 de septiembre. El 3 de octubre se perdió una gran oportunidad para culminar el procés manteniendo la movilización en las calles con toda la proyección internacional que comportaba. Fue la movilización más masiva, nos faltó la decisión de mantenernos en la calle movilizados como ha pasado en tantos conflictos en el mundo. Esto hubiera mantenido la presión sobre el Gobierno Rajoy para encontrar una salida a una demanda democrática.

P.- ¿El éxito del 1-O fueron los errores del Gobierno Rajoy?

R.- No, el gran éxito del 1-O es poner el valor de la democracia y de la urna como estandarte en el camino hacia el ejercicio de la autodeterminación. Es contraponer a un estado que niega que una parte pueda emanciparse ante un espejo con el que el Estado no está acostumbrado a dialogar, que es el espejo de la democracia. Este es el gran éxito.   

La urna es la mejor garantía para todos, también para el Estado. Qué reforzaría más la autoridad del Estado que un referéndum que rechazara la independencia.

P.- ¿El pacto de claridad a la canadiense es la nueva vía para conseguir ese referéndum?

R.- Podría ser una vía si hay voluntad política. La vía de la claridad tiene dos lecturas, es el camino que te proporciona unas reglas del juego pero también pensemos que en origen fue pensada para frenar las aspiraciones del Quebec a la independencia, por tanto no es lo que más me entusiasma. Me gustaría una vía más simple, como una reforma de la Constitución para permitir el ejercicio del derecho a la autodeterminación, como ha hecho Francia con algunos pueblos bajo dominio del estado francés.

El problema sigue vivo. Hoy es menos visible que hace cinco años. Pero en ningún lugar está escrito que en dos años no vuelva con más fuerza

Ninguna constitución es un libro revelado, la Constitución es un pacto, un acuerdo que nace de la voluntad política y consagra unas reglas de juego. Estas reglas se pueden modificar con voluntad política y esto es lo que se ha negado hasta ahora.

Esta es la debilidad, negando la autodeterminación no acabas con el problema y mucho menos con Cataluña. Hoy, habiendo pasado cinco años, el problema sigue vivo. Es cierto que hoy es menos visible o intenso que hace cinco años. Pero en ningún lugar está escrito que en dos años no vuelva con más fuerza.  

P.- ¿Los indultos han servido para relajar la tensión en la sociedad catalana?

R.- Dejando al margen lo personal, los indultos han aligerado el dolor. Una constante de las cartas que recibimos en prisión era la gente que pedía perdón y se sentía culpable. El indulto ha tenido una gran incidencia en el estado anímico de mucha gente, esto es innegable. La gente ha sentido un descargo por una parte del sufrimiento provocado por algo de lo que se sentían corresponsables y partícipes.

P.- ¿Los indultos han cambiado la forma de mirar al Gobierno?

R.- No lo sé. Los indultos no resuelven el conflicto, sería muy perverso pensar que el Gobierno pensaba que así quedaba solventado un problema. Probablemente un gobierno de Pedro Sánchez es más simpático que el de Mariano Rajoy porque Rajoy nos llevó a prisión y Sánchez nos dio el indulto, pero al final la gente sabe que la actitud de fondo de resolver el conflicto no varía excesivamente.

P.- Antes mencionaba las manifestaciones del 3 de octubre. ¿Qué pensó cuando vio la manifestación contra la independencia del 8 de octubre?

R.- Fue una gran manifestación y era sorprendente, porque hasta entonces no habíamos visto eso en Barcelona. Siento respeto absoluto y la convicción de que había habido alguna cosa que no habíamos sabido explicar, no habíamos hecho bien o no habíamos detectado. O todo a la vez.

Lo que no me gustó es que una parte fue porque tenía miedo. Yo creo que era un miedo infundado porque el procés nunca fue contra una parte. Hubo un papel muy importante de los medios audiovisuales mayoritarios que asumieron un liderazgo en contra del 1-O vendiendo una imagen distorsionada de la realidad, y aquel relato acabó cuajando con mucha fuerza. En qué se tenía que sentir amenazada una persona que viviera en Cataluña, no echábamos a nadie, el proyecto del 1-O no era para dividir el país.

La manifestación del 8 de octubre llega cinco días después de que algunas empresas anunciaran su salida de Cataluña y ahora ya sabemos que fue por presiones del jefe del Estado. Fueron con miedo impulsados por la campaña del miedo alimentada por el Estado.