Cataluña Tras el último barómetro del CEO

Catalanismo cordial: la estrategia de Feijóo que ha impulsado al PP a niveles de 2015

Los populares catalanes cuadriplican los resultados electorales de 2021 en el sondeo del 'CIS catalán': de los tres escaños actuales a una horquilla de entre 11 a 16 parlamentarios | El PP pasa de cerrar la lista de representación en el Parlament a ser el segundo partido 'constitucionalista' y el primero del espectro de centroderecha

El presidente del PP de Cataluña, Alejandro Fernández (d), y el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo (i), saludan en la inauguración de la ronda de convenciones sectoriales del PP en la Biblioteca Francesca Bonnemaison, en Barcelona

El presidente del PP de Cataluña, Alejandro Fernández (d), y el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo (i), saludan en la inauguración de la ronda de convenciones sectoriales del PP en la Biblioteca Francesca Bonnemaison, en Barcelona EP

El presidente del Partido Popular (PP), Alberto Núñez Feijóo, se ha comprometido a revertir la derogación del delito de sedición si llega al Gobierno. Lo ha hecho al cierre de esta semana, cuando Cataluña ha copado la mirada política de los populares, así como del resto del bloque de la oposición ‘constitucionalista’, al registrar el Gobierno una proposición de ley para «reemplazar» el delito por otro de desorden público agravado. Esto plantea una rebaja de penas máximas de quince a cinco años de prisión. Ciudadanos (Cs) ha instando a Génova a tramitar una moción de censura que apoyaría y que buscaría poner trabas a la gestión gubernamental en los próximos meses al no existir una mayoría alternativa a la actual de investidura.

Este planteamiento de Moncloa, que beneficia, en primera instancia, al independentismo catalán, según denuncian en el PP, Vox y Cs, ha llegado poco más de dos semanas después de que Feijóo -alertado por esta sugerencia- paralizase las conversaciones con el PSOE en materia judicial para renovar el CGPJ. Ello ha hecho a Pedro Sánchez acelerar los trámites en lo que respecta a sedición.

Al margen de la sedición, la mirada del PP sobre lo que respecta a Cataluña también ha sido en positivo, al menos en términos de rédito electoral. El último barómetro electoral del Centro de Estudios de Opinión (CEO) catalán ha certificado una tendencia al alza de las siglas conservadoras en la autonomía, ello a seis meses de las elecciones municipales en la región. No habrá comicios al Parlament, en cambio, cuya fecha está estimada para mediados de 2025 tras el adelanto del año pasado.

Mientras que el PSC ganaría las elecciones y amplía su ventaja sobre ERC, el PP escala posiciones respecto a la oleada anterior: conseguiría entre 11 y 16 escaños en el Parlament. En julio, el ‘CIS catalán’ asignó al PP una horquilla de entre 9 y 14 representantes, dos diputados regionales menos tanto a la baja como de máximo. Sin embargo, ya se empezaba a vislumbrar una proyección ascendente que empieza a consolidarse con la última medición. En marzo, en pleno proceso de reconfiguración nacional y antes de la llegada de Feijóo a los mandos del partido, la misma entidad asignaba al PP entre seis y ocho cargos en la cámara autonómica, algo que ahora doblaría en cifras. Este avance tiene más repercusión, además, contemplando los resultados ‘reales’ obtenidos en las elecciones del 14 de febrero de 2021, que ahora se cuadruplicarían. Entonces, la candidatura encabezada por Alejandro Fernández logró tres escaños.

El PP catalán cuadruplicaría resultados: de tres escaños a un mínimo de once y un máximo de 16 diputados en el Parlament

El PP de Cataluña pasa de cerrar la lista de representados en el Parlament a ser segundo partido ‘constitucionalista’ en el tablero político regional -por detrás de los de Salvador Illa- y el primero en el espacio de centroderecha catalán. Con ese máximo de 16 posibles bancadas en la cámara, los populares aspiran a recuperar el espacio amplio que conformó entre 2010 y 2012 la entonces presidenta y candidata Alicia Sánchez-Camacho con 19 escaños. Para llegar a este punto, han sido cruciales tres elementos importantes: dos externos y uno interno. Primero, el declive nacional de Ciudadanos que ha permitido, bajo la previsión del CEO, nutrir de votos y de los seis escaños que actualmente ostentan a la base del PP. A ello se suma el desgaste de Vox.

El partido de Ignacio Garriga, que dobló con 217.883 votos los resultados del PP, empieza a notar las consecuencias de los problemas internos que desde Madrid ha sufrido la cúpula nacional desde el inicio del curso político a raíz del pulso con Macarena Olona. Es más, recientemente, la formación ultraconservadora ha perdido uno de sus once representantes: Antonio Gallego, designado por Barcelona, que se ha integrado en el grupo mixto tras denunciar sentirse «fuera de lugar, apartado, señalado (…), infrautilizado y nada integrado». También como «un diputado de usar y tirar»: «Soy incapaz de aceptar la humillación como método de corrección», escribió en una carta enviada a sus compañeros. En el mejor de los casos, los ultraconservadores mantendrían la presencia parlamentaria con esos diez asientos y un mínimo de seis.

Pero, significativamente, más allá de los problemas que atraviesan los contrincantes electorales del PP, este ascenso tiene que ver con la estrategia autonomista que Feijóo ha puesto en práctica desde el inicio de su gestión. Es lo que él mismo ha denominado ‘catalanismo cordial’; una suerte de priorización de la gestión frente al dogmatismo político. También del respeto a la pluralidad de identidades con propuestas en el ámbito de la lengua y la educación como la de proporcionalidad lingüística. El uso a partes iguales del catalán, el castellano y el inglés en las aulas, sin imposiciones ni privilegios para nadie. Todo, bajo su perspectiva de lidiar con el nacionalismo después de cuatro legislaturas al frente de la Xunta de Galicia.

La estrategia de Feijóo pasa por ensanchar el espacio del PP con exvotantes de CIU desencantados con el ‘procés’ y del PSC por el acercamiento a ERC

Esa base la ha cimentado Feijóo con múltiples visitas a Cataluña. Primero, y tan solo un mes de su debut como piloto de la dirección nacional del PP, ante el Cercle d’Economia de Cataluña el 6 de mayo; con un discurso puramente económico y con la intencionalidad de atraer a una importante base de la burguesía catalana que sostuvo a la extinta Convergencia i Unió (CIU) antaño y ahora decepcionada con el proceso soberanista. A ello se le suma otra visita importante el 1 de julio, donde Feijóo se reunió con el presidente de la patronal Foment del Treball, Josep Sánchez Llibre para aproximar mayor posturas con el ámbito económico. Ese mismo día, por la tarde, junto a los pesos pesados del PP catalán, el líder gallego protagonizó un acto en el que pidió a sus cuadros involucrarse más en la calle ante votantes que desean «cerrar heridas» provocadas por el independentismo; que ha su juicio «ha sido un mal negocio».

La intención de Feijóo pasa por ensanchar el espacio ideológico con votantes desencantados por el aproximamiento del PSC a ERC, o con ex electores de CIU que ya no persiguen la independencia. Para atraerlos, el PP defiende el compromiso con la Constitución, pero también con el Estatuto de autonomía al que los populares de Mariano Rajoy se opusieron. Con un recurso al Tribunal Constitucional, que limitó la profundidad del texto por considerar apartados como inconstitucionales. Ese fue el pretexto de Artur Mas para iniciar el procés.

En definitiva, se trata de fomentar un catalanismo «amable», algo a lo que el ala más dura del partido, representado por voces como la baronesa popular y presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, no convence del todo. Tampoco a la diputada por Barcelona Cayetana Álvarez de Toledo, que ha sido la más dura, al criticar recientemente este nuevo enfoque del PP. «‘Catalanismo’ es el eufemismo de ‘nacionalismo’. Se ve con claridad cuando se compara con su simétrico, ‘españolismo'», dijo Álvarez de Toledo en una entrevista del periódico El Mundo a principios de octubre.

El problema de liderazgo

A principios de julio, como publicó El Independiente, Feijóo puso el foco definitivo en Cataluña y trasladó al resto de la dirección nacional que «no puede gobernarse España siendo irrelevantes allí». Y confiaba en que en un periodo difícil como el que ahora se abre, el voto constitucionalista puede volver a aglutinarse dentro del PP. Ello está empezando a percibirse, pero hay un contrapeso que puede acabar perjudicando si no se solventa de manera interna: la ausencia de un liderazgo confirmado. En el aire sigue quedando que Fernández repita como candidato en la próxima convocatoria autonómica. Aunque todo apunta a que no. Según ha podido saber este medio, el deseo de Fernández es trasladarse en los próximos comicios al Congreso de los Diputados, preferiblemente como cabeza de lista por Barcelona.

Asimismo, y aunque es uno de los perfiles más valorados dentro del partido, por su capacidad discursiva desde la tribuna o el escaño del Parlament, desde Génova quieren renovar el perfil que encabece sus listas tras los dos últimos resultados. Algo que ya han puesto en marcha en Asturias para suplir a Teresa Mallada. Por un lado, según indican fuentes cercanas a la formación, el discurso expresado por Fernández «no corresponde con el del ‘nuevo PP'», dado que Feijóo promociona una faceta «más amable»; ese catalanismo cordial. Por su parte, el presidente del PP catalán tiene «un discurso más duro» y con tono «nacionalista». Algo, en definitiva, incompatible para esas mismas fuentes si el objetivo es reconciliar a diversos sectores sociales en Cataluña. A ello se une los problemas internos, con varias facciones enfrentadas en el aparato que Fernández no ha sabido aglutinar.

Ese problema de liderazgo también se traslada a nivel municipal. Y es que en feudos como el de Barcelona, donde el PP puede desempeñar en mayo un buen papel electoral a costa del declive de Cs. Allí, así como en otros municipios, los populares siguen sin tener candidato. Una de las fórmulas que se les ha planteado, es ir en coalición junto a Valents.

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