Medio Ambiente

Detener la cuenta atrás

Un asentamiento informal en Abeokuta, a 70 kilómetros de Lagos, la capital financiera de Nigeria. EFE

El Reloj Climático se acelera un ritmo tan vertiginoso que nos acercamos al tiempo de descuento con escasas opciones de revertir un final catastrófico para el planeta. El ensordecedor eco de este tictac nos llega de los pasillos y pabellones de la COP27 que se celebra en la ciudad egipcia de Sharm el Sheij.

No solo hay 4.000 millones de personas que ya han sufrido fenómenos climáticos extremos en los últimos 20 años, sino que mil millones de niñas y niños viven bajo un riesgo muy elevado de padecer los impactos de la crisis del clima ahora. La mayor generación de jóvenes de la historia sufrirá con mayor severidad los efectos del cambio climático, aunque es la que menos ha contribuido a esta emergencia.

La mayor generación de jóvenes de la historia sufrirá con mayor severidad los efectos del cambio climático

Más de la mitad de la población mundial vive en zonas más expuestas al cambio climático debido a patrones de exclusión y desarrollo insostenible. Es el caso de África, que apenas ha contribuido a la emisión de gases de efecto invernadero pero que puede sufrir un aumento de hasta el 95 % en el número de personas desnutridas para 2050 por la subida de solo 0,7ºC del calentamiento global, según el informe “From the Frontlines”, elaborado por Plan International para esta COP27.

Este estudio sobre los daños y pérdidas derivados del cambio climático, calcula un coste financiero de hasta 1.800 billones de dólares anuales para los países en desarrollo a partir de 2050, para cuando el PIB de África se habrá desplomado un 30 % por una crisis que genera ciclos de pobreza intergeneracional que afectan implacablemente a la infancia, especialmente a las niñas y a las mujeres jóvenes.

De hecho, los impactos de estas pérdidas y daños ya están siendo percibidos por la infancia, que se enfrenta a una creciente inseguridad económica, desigualdad, pobreza, hambre, así como a la falta de acceso a la educación y a los servicios de salud. Además, las niñas y las mujeres forman más del 80 % de las personas a las que esta crisis obliga a desplazarse, exponiéndolas a un mayor riesgo de sufrir violencia sexual y de género, y a matrimonios infantiles, precoces y forzados.

La ausencia de la infancia en los procesos de toma de decisión es tan llamativa como la escasa educación que los niños y las niñas reciben para comprender la trascendencia de lo que se debate en la Cumbre del Clima de Egipto. Serían deseables medidas climáticas basadas en los derechos de la infancia, así como sistemas educativos que brinden habilidades y conocimientos para que los niños y niñas, quienes vivirán durante más tiempo los impactos de esta crisis, puedan abordar la emergencia climática.

Cada año de escolarización que recibe una niña puede hacer que la resiliencia de su sociedad a los desastres climáticos mejore

El informe “Young People and Green Skills”, una encuesta de Plan International a más de 2.000 jóvenes de 53 países, entre ellos España, prueba el desconocimiento sobre las posibilidades de la economía verde asociadas a la transición ecológica. Solo uno de cada tres encuestados cree que su educación le ha preparado para afrontar la crisis climática y apenas un 11 % indica que adquirió competencias verdes mediante formación técnica, a la que aún menos mujeres jóvenes acceden pese a que su rol es crucial.

La educación es la clave. Cada año de escolarización que recibe una niña puede hacer que la resiliencia de su sociedad a los desastres climáticos mejore en 3,2 puntos en el índice ND-GAIN, que mide la capacidad de adaptación de los países al cambio del clima. Su contribución es más urgente si cabe en países de renta baja, donde ellas constituyen cerca de la mitad de la mano de obra agrícola y además se exponen a un mayor peligro ante el rápido ascenso de las temperaturas en estas regiones.

Por eso la primera Cumbre del Clima en un país de África, el continente más joven y uno de los más afectados por esta crisis, es una ocasión única para demandar coherencia entre la justicia climática, la equidad intergeneracional, la igualdad de género y los derechos de la infancia. Sobre estos pilares se asienta el trabajo de las niñas y jóvenes que forman parte de los grupos juveniles de Plan International, como el Youth For Change, representado en la COP27 a través de las jóvenes Ana y Ainhoa, de 21 años.

El compromiso de este Comité Juvenil con la defensa de los derechos de la infancia y de la igualdad de las niñas en materia climática ha quedado patente con su implicación en la Cumbre Juvenil por el Clima de Naciones Unidas, en 2019, en la COP25 en Madrid, en 2019, y en espacios de participación como el proceso para la elaboración de la observación general nº 26 sobre los derechos del niño y el medio ambiente, con especial atención al cambio climático del Comité de los Derechos del Niño.

La educación y la participación de la infancia y la juventud en la acción climática, en especial de las niñas y jóvenes, puede mitigar el impacto de la emergencia más amenazadora de la historia. Esta es la única generación que está a tiempo de detener la cuenta regresiva.


Concha López es directora general de Plan International

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