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Emilio Rodríguez Menéndez, el "terror" de Rocío Carrasco

El abogado representó a un alto cargo de la mafia policial de los 80, dirigió varios medios de comunicación, publicó contenido del vídeo sexual de Pedro J., se enfrentó a Rocío Jurado y entró y se fugó dos veces de prisión

El abogado Emilio Rodríguez Menéndez, en una imagen de archivo en su despacho.

El abogado Emilio Rodríguez Menéndez, en una imagen de archivo. EP

Rocío Carrasco continúa manteniendo a España en vilo y colgada de la pantalla cada domingo -a partir de ahora, miércoles- con la narración del periplo que ha vivido durante 25 años tras iniciar una relación con el ex colaborador de Sálvame Antonio David Flores. El domingo, en las nuevas entregas de Rocío, contar la verdad para seguir viva, la hija de La más grande aludía a la época en la que se separó oficialmente de su pareja, que coincidió con el momento en el que el que fuera abogado de su ex marido, Emilio Rodríguez Menéndez, entró «a formar parte de la historia».

La irrupción de este personaje en un relato más propio de un telefilme de tarde que de una experiencia real supuso que la protagonista transformase el «miedo» que sentía por la influencia que tenía Antonio David en su vida al «terror». «Yo comprendo que ella pudiera sentir terror en aquel contexto, dado que en ese momento José Emilio Rodríguez Menéndez era un personaje que movía toda una serie de hilos», asegura para El Independiente el también abogado Jaime Sanz de Bremond, que se enfrentó a él en las salas de los juzgados en diversas ocasiones.

Según indicaba Rocío Carrasco en el episodio cinco del documental, el entonces defensor de su ex marido «tenía contactos desde las esferas más bajas de la sociedad hasta las más altas», a lo que Sanz de Bremond suma que Rodríguez Menéndez «estaba en contacto con el principal acusado de todos los juicios del procedimiento de la mafia policial» de los años 80, el comisario Francisco Javier Fernández Álvarez, puesto que era su abogado y su «amigo íntimo, como él reiteraba una y otra vez».

De la mano de ese grupo mafioso asociado a mandos policiales llegó la primera desaparición de la democracia, la de Santiago Corella, alias El Nani. Este conocido atracador, cuya historia fue llevada al cine con Matar al Nani, fue detenido el 12 de noviembre de 1983 y trasladado a la Puerta del Sol, donde se encontraban en ese momento los calabozos de de la Dirección General de Seguridad. A partir de ese día, nunca más se le volvió a ver. Ángel Manzano, compañero de el propio Nani, lo vio por última vez arrastrado por un pasillo de la DGS: «Iba hecho un guiñapo, con la cabeza caída y la mirada perdida como un Cristo crucificado», tal y como recogió Luis Miguel Sánchez Tostado en su libro La Transición oculta: Ni modélica ni pacífica.

«Lógicamente, eso que era conocido [la relación del abogado con la mafia policial] podía hacer que esta mujer [por Rocío Carrasco] se sintiera intimidada por el hecho de que José Luis Rodríguez Menéndez llevara la defensa de Antonio David», sostiene Sanz de Bremond, que ejerció junto a José Antonio Sanz Grasa la acusación en aquel proceso. «Era alguien que tenía atemorizadas a muchas personas con chantajes y vídeos personales; era una persona que demostraba no tener ningún tipo de escrúpulo», contaba la hija de Rocío Jurado, que afirmaba que empezó «a vivir con miedo». «Yo miraba el coche cada mañana antes de montarme, no sabíamos lo que nos podía pasar».

«Era un ser terrorífico y al padre impío le vino como anillo al dedo porque lo utilizó para llevar a cabo lo que él quería, hacerme daño, infundirme terror», expresaba Carrasco. Rodríguez Menéndez fue en esa época el azote de la ex mujer de Antonio David, pero también del resto de la familia Jurado. El polémico abogado denunció a la matriarca por declarar en el programa de Mirtha Legrand en Argentina que su ex yerno había maltratado a Rocío Carrasco y había intentado arrebatarle a sus hijos.

Como consecuencia, Rocío Jurado «murió pensando que tendría que pagar mil millones de pesetas a Antonio David», contaba la protagonista del documental. Finalmente, no fue así. La jugada le salió mal al malagueño, que acabó perdiendo la demanda y fue condenado a pagar 600.000 euros por las costas del proceso.

La ‘aventura’ periodística del «rey del engaño»

Rodríguez Menéndez se coló en el terreno editorial español en 1996 al adquirió junto con otros socios el diario Ya, en medio de la crisis financiera. Poco después, presidió el periódico Hoy Madrid (1997) y El Debate (2000). Pero el medio del que más habló la protagonista del documental fue la revista Dígame, en la que se publicaron artículos sobre Rocío Carrasco y Antonio David, pero también relativos a otros famosos, bajo titulares tan recordados como ‘Belén Esteban Puta’, ‘Luis Herrero y Terelu Campos, mafiosos’, ‘Ana Obregón acosa sexualmente a los dependientes’, ‘Dinio, corruptor de menores’ o ‘María Teresa Campos y Lydia Bosch, estafadoras inmobiliarias’.

La publicación terminó secuestrada después de que la actriz y cantante Malena Gracia, con la que supuestamente Emilio Rodríguez Menéndez había mantenido una relación sentimental, denunciase que se había violado su derecho a la intimidad por haber publicado un reportaje titulado ‘Malena Gracia ejerce de puta’.

El abogado madrileño se vio envuelto en otra polémica cuando en plena efervescencia del caso Alcácer colocó en la portada del diario Ya una falsa entrevista al principal implicado en el crimen, Antonio Anglés, que se había dado a la fuga. «Él ha reconocido muchas veces que cogió a uno que se parecía y le dijo que se hiciese pasar por Antonio Anglés. Logró engañar a los propios periodistas del diario Ya, que sabían que era el ‘rey del bluff‘ [farsa, en inglés], y les convenció de que era cierto», señala Sanz da Bremond.

Dos condenas y dos fugas

Rodríguez Menéndez era un habitual de las salas judiciales, donde gesticulaba, gritaba «mucho» y hablaba mirando «al público», recuerda Sanz de Bremond, «buscando causar un efecto ante sus clientes y ante el público, y un efecto pretendidamente intimidatorio, a veces conseguido, con otros abogados, con sus contrarios». Pero también ha sido citado en numerosas ocasiones para acudir a los tribunales en calidad de acusado. El letrado madrileño fue condenado el 31 de julio de 2002 por la Audiencia de Madrid a dos años de cárcel y una multa de 3.420 euros después de que grabase y publicase en 1997 en el diario Ya fotogramas del conocido vídeo de índole sexual protagonizado por el entonces director del periódico El Mundo y ahora de El Español, Pedro J. Ramírez.

Años después, en 2005, volvió a ser declarado culpable, esa vez por un delito continuado contra la Hacienda Pública, y condenado por la Sección 17 de la Audiencia Provincial de Madrid a seis años de prisión, así como indemnizar con 1.839.716,85 euros a la Agencia Tributaria y a pagar multa de 24.753.698,52 euros. La condena, a pesar de no ser firme, activó el anterior castigo y el tribunal decretó el inmediato ingreso en prisión de Rodríguez Menéndez.

Ese mismo año, el letrado se fugó de la cárcel y marchó a Argentina, donde fue detenido después de que la justicia española dictase una orden internacional de búsqueda y captura. Ingresó en un presidio argentino, del que poco después resultó liberado. Emilio Rodríguez Menéndez regresó a España de incógnito para visitar a su madre, que se encontraba pasando una grave enfermedad. Para más enredo, la Policía, esta vez la española, le detuvo y cinco meses después, en octubre de 2006, el Tribunal Supremo emitió una nueva sentencia que incrementaba la pena de su segunda condena de seis a diez años.

Aguantó en prisión hasta 2008, cuando aprovechó un permiso de cuatro días de la prisión de Teixeiro (La Coruña), donde cumplía condena, para volver a huir a Argentina. Regresó a su país de origen finalmente en 2014, «cuando ya habían prescrito los delitos», señala Sanz de Bremond. El abogado que aterrorizó a Rocío Carrasco continúa visitando a día de hoy los banquillos de los tribunales españoles.

El próximo 6 de mayo se desfilará por la Audiencia Provincial de Madrid para enfrentarse a los cuatro años de prisión que la Fiscalía solicita para él por la supuesta comisión de un delito de estafa a unos inversores con un presunto falso negocio en Buenos Aires de compra y venta de petróleo. La acusación, por su parte, pide hasta 42 años de cárcel por hasta nueve delitos, entre ellos organización criminal, falsificación de documentos, apropiación indebida y blanqueo de capitales. José Emilio Rodríguez Menéndez, a sus 70 años, sigue escribiendo su historia interminable.

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