This Spectred Isle (la isla soberana) a la que alude John de Gaunt en su discurso en Ricardo III de William Shakespeare es el título de la próxima serie del director británico Michael Winterbottom. Las tribulaciones de Boris Johnson serán el hilo argumental del drama político que relatará «la mayor crisis nacional y personal que ha tendido que afrontar un líder británico desde la Segunda Guerra Mundial», según la productora Fremantle. Efectivamente, Boris Johnson está sufriendo plaga tras plaga, pero su Reino está cada vez más Desunido.

Admirador de Shakespeare y con grandes dotes para la dramaturgia, nadie mejor que Boris Johnson para interpretarse a sí mismo. Después de una vida anhelando ser primer ministro, llegó al 10 de Downing Street tras el calvario de Theresa May por el Brexit. Boris Johnson se las prometía muy felices pero está sufriendo tanto o más que su predecesora.

Una vez rotas las amarras con la Unión Europea, el 1 de febrero de 2020, y tras negarse a solicitar una prórroga para negociar la nueva relación, quedan menos de 15 días para que se acabe el periodo de transición.

Las colas de camiones en las vías de acceso al Reino Unido, que haberlas haylas desde hace unos días, presagian un caos que difícilmente será evitable. En caso de que haya acuerdo in extremis, se mitigarán los efectos pero habrá más congestiones en la frontera porque podrá haber inspecciones.

Una nueva variante del coronavirus

Este «Reino Unido soberano» que evoca Shakespeare, y también Boris Johnson, se está viendo aislado por otra plaga, una nueva cepa del coronavirus, que se propaga con más facilidad. Este lunes el primer ministro ha convocado al Comité Cobra, dada la emergencia creada una vez que ocho países de la Unión Europea han decidido cortar sus vías de acceso al Reino Unido. Incluso el Eurotunnel entre Francia y Reino Unido ha interrumpido el paso de vehículos. España no está entre ellos.

Parece que esta propagación ahora está siendo impulsada por una nueva variante del virus que se transmite con más facilidad»

boris johnson

El primer ministro británico reunió este sábado de urgencia a su gabinete y anunció la vuelta al confinamiento más estricto de Londres y el sureste de Inglaterra. «Parece que esta propagación ahora está siendo impulsada por una nueva variante del virus que se transmite con más facilidad. No hay indicios de que sea más mortal o que provoque una forma más grave de la enfermedad», dijo Boris Johnson, al anunciar las nuevas medidas, apenas unos días antes de Navidad.

Los laboristas están de acuerdo en que las medidas sean estrictas pero acusan al gobierno de Johnson de «gran negligencia», según informa The Guardian. Desde septiembre los científicos habían advertido de que había indicios de una nueva cepa del coronavirus pero el primer ministro ha esperado hasta unos días antes de Navidades, cuando la situación ya estaba descontrolada, para imponer medidas drásticas.

Muchos conservadores también están indignados. Sir Charles Walker, vicepresidente del Comité 1922, ha dicho que sospecha que el gobierno ya sabía que iba a imponer una vuelta al confinamiento cuando compareció ante los Comunes el miércoles y el jueves. Boris Johnson habría eludido un voto en los Comunes sobre estas medidas estrictas.

«Esto es un fallo de liderazgo que nunca nos perdonarán. Muchos echaban la culpa antes a Dominic Cummings de decisiones precipitadas. Pero ahora ya no está. Es cosa del primer ministro», dijo otro diputado conservador, según el diario británico. Cummings, asesor de Boris Johnson y cerebro del Brexit, tuvo que dejar su puesto por los fallos continuados en la gestión de la crisis del coronavirus.

Este anuncio, y la confirmación de que la situación está fuera de control, en palabras del propio ministro de Sanidad, Matt Hancock, ha hecho que cunda el pánico en las cancillerías europeas. La nueva cepa se propaga un 70% más que la ya conocida.

Alemania e Italia han aplicado medidas restrictivas que limitan al máximo las celebraciones navideñas, de modo que no han dudado a la hora de suspender los vuelos con el Reino Unido. También lo han hecho Países Bajos, Bélgica, Austria, Irlanda, y Bulgaria. Francia se ha sumado durante 48 horas.

Sin embargo, España, que aboga por medidas conjuntas, mantiene los vuelos y solo reforzará la realización de PCR a los viajeros procedentes del Reino Unido, cada vez más aislado, ahora por esta nueva variante del nuevo coronavirus. España ha recibido este fin de semana 277 vuelos desde el Reino Unido.

Antes del estallido del coronavirus, los turistas británicos eran los más numerosos en España, y miles tienen segundas residencias en nuestro país. Muchos jubilados pasan la mitad del año en nuestras costas. Notarán pronto los efectos de la salida del Reino Unido de la Unión Europea.

El bumerán del Brexit

El Brexit tendrá un efecto bumerán en el Reino Unido, que será el país más afectado por la ruptura con los Veintisiete. El primer ministro británico insiste en plantear el Brexit como si el Reino Unido hubiera perdido su soberanía y ahora la recuperara. Es decir, como si hubiese sido una colonia de la UE. Pero bien sabe Boris Johnson que no es cierto.

Este planteamiento erróneo, que está concebido para contentar a los euroescépticos ultras y proporcionar un enemigo a las víctimas británicas de la globalización, va a volverse en contra de Johnson, que sabe perfectamente el precio que va a tener que pagar el Reino Unido por querer librar la guerra, o la paz, por su cuenta.

En la enésima carrera contrarreloj ligada al Brexit ahora los negociadores tratan de solventar los últimos escollos para establecer los términos de la relación futura. Si no lo logran, a partir del 1 de enero las relaciones entre la UE y el Reino Unido se establecerían en los términos que marca la OMC (Organización Mundial del Comercio). Habría aranceles por las dos partes.

Los laboristas mantienen que el Reino Unido no está preparada para el final del periodo transitorio. «El gobierno no puede dar a los empresarios, comerciantes, y ciudadanos certezas sobre qué pasará en las áreas afectadas por las negociaciones», decía esta semana el laborista Hilary Benn.

El último obstáculo se refiere a las cuotas pesqueras. Los ocho estados de la UE que pescan en aguas británicas obtienen unos 650 millones de euros anuales por sus adquisiciones. Los británicos, 850 millones. El primer ministro ha rechazado que los europeos reduzcan un 25% sus capturas.

Boris Johnson insiste en que disminuyan un 60%, lo que dejaría a muchos pescadores expuestos a la ruina. España es uno de los países afectados: entre empleos directos e indirectos afectaría a unas 11.000 personas.

Los británicos también quieren que los acuerdos pesqueros se revisen anualmente, mientras que el objetivo de las asociaciones de pescadores era que se mantuviera el statu quo y el acuerdo estuviera vigente 25 años.

El Parlamento Europeo había fijado este domingo a medianoche como tope para que se llegue a un acuerdo sobre la relación futura. Celebrarían una sesión extraordinaria el 28 de diciembre para aprobar lo acordado. Según Downing Street, la fecha límite sería la Navidad. El Parlamento británico ha de ratificarlo. Otra posibilidad sería que se llegara a un principio de acuerdo para seguir negociando. Ya se ha llegado muy lejos como para romper la baraja pero nada se descarta.

Hacia un Reino Desunido

Juega a favor de que haya un acuerdo para la relación futura el hecho de que el Reino Unido esté inmersa en una gran crisis por el coronavirus. Crisis sobre crisis. El PIB, que ya iba a caer por la salida de la UE al menos punto y medio, ahora está descalabrándose por el coronavirus. Escocia también ha cerrado el acceso a los viajeros de Inglaterra y la primera ministra, Nicola Sturgeon, ha pedido a Boris Johnson que solicite a los Veintisiete una ampliación del periodo de transición para negociar los términos de la relación futura.

A todo ello se añade que los escoceses, que votaron a favor de la permanencia en el Reino Unido, celebran elecciones este año. El Partido Nacionalista Escocés (SNP, por sus siglas en inglés) es el gran favorito.

La primer ministra escocesa, Nicola Sturgeon, cuenta con una buena gestión de la crisis a su favor. Casi tres cuartas partes de los votantes considera que está cumpliendo sus expectativas, según un estudio de la BBC.

En su manifiesto para las elecciones de mayo, los nacionalistas escoceses, en cabeza en los sondeos, aluden de nuevo a la celebración de un referéndum por la independencia. Según la última encuesta de Ipsos Mori, el 58% de los escoceses apoyarían la independencia y el 42% votaría en contra.

También es cierto que de momento los escoceses creen que habría que superar la crisis generada por el coronavirus antes que plantear la independencia.

Pero sería un giro de guion inesperado que un referéndum en Escocia, que tiene que ser aprobado por Londres, como lo fue el primero en 2014 cuando ganó el no, derivara en un Escoxit.

Qué lejanas suenan esas palabras de la obra Ricardo III. «Este trono real de reyes, esta isla soberana, esta tierra de majestad, este asiento de Marte, este otro Edén, semi-paraíso, esta fortaleza construida por la naturaleza contra la infección y la mano de la guerra…. esta parcela bendita, esta tierra, este reino, esta Inglaterra». Más isla que nunca.