En Estados Unidos 2021 empieza el 20 de enero. Ese miércoles asume como 46º presidente de Estados Unidos Joseph Robinette Biden Jr. Junto a él jurará como vicepresidenta Kamala Harris y se convertirá en la primera mujer que es número dos en el gobierno de la primera potencia global. Con Biden y Harris al frente Estados Unidos cierra la etapa del presidente más estrambótico que se recuerda, Donald Trump.

Ni siquiera ha reconocido su derrota y acusa a sus rivales de cometer fraude. No repara en el daño causado a la democracia de EEUU con su proceder. Defensor del America First en realidad ha aplicado una doctrina que se basaba en el America Only (Solo América).

Ha tenido que toparse con la apabullante realidad de una pandemia en pleno siglo XXI para ver cómo vivimos en un mundo interconectado e interdependiente. La Historia a veces nos reserva estos giros de guion dignos de una serie de Netflix.

Donald Trump llegó al poder de forma inesperada. Ni él mismo contaba con ganar a la candidata demócrata, Hillary Clinton, que había sido primera dama y luego secretaria de Estado. Trump no tenía experiencia política previa: ni siquiera había sido alcalde.

Heredero de un hombre de negocios del sector inmobiliario siguió los pasos de su padre pero con un gran instinto para crear eso que se llama «marca propia». La consolidó con su salto a la televisión gracias a un programa, El Aprendiz, en el que hacía de mentor de aspirantes a tiburones de los negocios.

Después de ocho años en los que Barack Hussein Obama estuvo al frente de Estados Unidos, y Joe Biden fue su vicepresidente, llegaba a la Casa Blanca Donald Trump abanderado a un lema, America First, y con la promesa de vengarse de la élite de Washington en nombre de los desposeídos, los blancos víctimas de la globalización.

Las elecciones presidenciales de EEUU han estado marcadas por la pandemia del coronavirus. Han votado más estadounidenses que nunca, y más de cien millones lo han hecho por correo, lo que ha servido a Trump a aferrarse a sus demandas de fraude, todas descartadas. Joe Biden fue finalmente elegido por 81 millones de estadounidenses, más que ningún otro presidente en la Historia de EEUU. Trump también cosechó más apoyos que en 2016.

Biden llega a la Casa Blanca con la promesa de «recuperar el alma americana». Al contrario que Trump, Biden tiene una amplia experiencia como político. Fue elegido senador por primera vez cuando tenía 29 años. Su vida parecía marcada por el éxito. Había formado una familia estupenda. Todo su truncó poco antes de su jura como senador, cuando murió su esposa y su hija pequeña en una accidente de tráfico en vísperas navideñas. Desde entonces Biden se ha caído y se ha levantado varias veces.

Ni siquiera él esperaba que tendría otra oportunidad de aspirar a la Casa Blanca, la tercera, y que sería la vencida. Con 78 años recién cumplidos el 20 de noviembre, Joe Biden será el presidente que asume el cargo con más edad. A su lado, sin embargo, Kamala Harris ofrece una sutil combinación de experiencia (como fiscal general y senadora) y juventud: cumplió 56 años el 20 de octubre.

Biden y Harris ya han dejado claro que su prioridad será la lucha contra el nuevo coronavirus. Estados Unidos se acerca este primero de enero de 2021 a los 20 millones de casos, según el ranking de la Universidad Johns Hopkins. Han perdido la vida cerca de 344.000 estadounidenses: pronto duplicará el número de soldados fallecidos en la Segunda Guerra Mundial. Hay días de este invierno que han perdido la vida más personas que en el 11-S. Es el país del mundo con más positivos y más muertos, en términos absolutos.

El presidente electo ha pedido a los estadounidenses que lleven mascarilla los primeros cien días de su mandato. Trump, que padeció la enfermedad, no lleva nunca mascarilla en público. Hasta la mascarilla es un símbolo político en esta América polarizada.

Biden y Harris también saben que, junto al desafío de la pandemia, han de curar las heridas y tratar de vencer esa división que ha quedado reflejada en las urnas. Su agenda exterior, por tanto, estará muy marcada por esa necesidad de reconciliación interna, y a su vez, por la búsqueda de consensos con los republicanos moderados, dado que el Senado o tendrá mayoría republicana o una frágil mayoría demócrata. Depende de la elecciones de dos senadores este 5 de enero en Georgia.

En un artículo publicado en Foreign Affairs en la pasada primavera, Joe Biden dejaba claro desde el titular cuál es su objetivo en política exterior: Why America Must Lead Again. Explicaba el entonces candidato demócrata por qué Estados Unidos debe liderar de nuevo. ¿Cómo va a ser el mundo con Biden?

1. América vuelve: resurge el multilateralismo

Joe Biden no es un converso del multilateralismo. Antes de ser vicepresidente, estuvo a cargo del Comité de Asuntos Exteriores del Senado. Sabe de lo que habla y conoce a fondo cómo funcionan las relaciones internacionales.

Curiosamente su victoria ha dado un empujón final al acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Reino Unido al quedarse el primer ministro británico, Boris Johnson, sin su amigo americano. Donald Trump estaba feliz de que se hiciera realidad el Brexit. Sin embargo, Biden, y quien será el jefe de la diplomacia de EEUU, si recibe el visto bueno del Senado, Antony Blinken, veían el Brexit como una muestra de ese populismo polarizador que tiene en EEUU a Trump como principal baluarte.

Los avances de la ciencia que han hecho posible que varias vacunas, entre ellas la de estadounidense de Moderna, la de Pfizer y BioNTech, junto con Oxford y AstraZeneca, ya están aplicándose. La lucha contra la pandemia se puede librar mejor desde una perspectiva multilateral y de cooperación internacional. Ha quedado demostrado con ejemplos como el europeo.

Nada más ver confirmada su victoria, Biden ha anunciado la vuelta de Estados Unidos al Tratado de París sobre cambio climático, por ejemplo. También volverá a participar en la aportación de fondos a la Organización Mundial de la Salud (OMS), muy criticada por la Administración Trump por actuar supuestamente a favor de China, donde se dieron los primeros casos de este nuevo coronavirus hace un año.

2. El vínculo transatlántico se resetea

Joe Biden volverá su mirada a los aliados, con los que trabajó cuando era vicepresidente con Barack Obama. En aquellos años hubo sintonía en relación a la forma de actuar con Rusia. Ahora se trata de buscar maneras de combatir las nuevas amenazas, como el ataque cibernético sufrido por la Administración de EEUU recientemente.

Trump no ha dejado de quejarse ante los aliados por no aportar el 2% de su PIB a defensa. Biden no se apartará de esa demanda pero no será la prioridad. Primero tratará de volver a ganarse la confianza de las potencias europeas. Será de gran ayuda el jefe de su diplomacia, Antony Blinken, con vínculos europeos por origen, educación y trayectoria profesional.

La relación con Rusia no será fácil. En una entrevista con la CBS, Biden ha reconocido que percibe a Rusia como «una amenaza». Es posible que la guerra fría se actualice en una versión revisada y con derivaciones tecnológicas. Estados Unidos buscará la complicidad de los aliados para librar esta batallas.

3. China, la potencia rival

Joe Biden coincidió con el presidente chino, Xi Jinping, cuando él era vicepresidente con Barack Obama. Cenó varias veces con él con la intención de acercar posiciones y buscar la empatía.

«El lenguaje será menos confrontacional, algo que tiene que ver con la desconexión de ambas economías. Por el contrario, Biden será más beligerante en cuestiones de derechos humanos (Hong Kong) y recurrirá de manera más activa a los aliados para coordinar posiciones hacia China», explica Mario Esteban, investigador senior del Real Instituto Elcano.

El lenguaje con China será menos confrontacional en economía… Biden será más beligerante en derechos humanos y se coordinará con los aliados»

mario esteban, real instituto elcano

China, que fue el primer país en sufrir la crisis vinculada a la propagación del nuevo coronavirus, también ha sido el primero en salir adelante. Su economía ya ha registrado números positivos en 2020. «Es una de las grandes economías que gestiona el coronavirus con menor menoscabo para sus intereses. La economía china tendrá un buen comportamiento en términos absolutos. En 2021 se celebra el centenario de la fundación del Partido Comunista de China. Esperan que la estabilidad económica garantice la estabilidad social. El partido hará lo posible porque la coyuntura sea favorable», añade Mario Esteban.

4. El compromiso con Oriente Medio

Venimos de una Administración en la que Trump, y su yerno, Jared Kushner, han reforzado las alianzas con Israel, Arabia Saudí, Emiratos y Egipto. Todos contra Irán. Estados Unidos incluso ha reconocido el Sáhara como territorio marroquí a cambio de que Marruecos establezca relaciones con Israel.

Previamente dieron ese paso monarquías del Golfo como Emiratos y Bahrein. Son pasos que Biden no va a rectificar. Seguirá apoyando a Israel, pero insistirá en la solución de los dos Estados para el problema palestino.

Sobre Irán, Trump ha sido tajante. Es el enemigo y por ello retiró a EEUU del Acuerdo Nuclear que tanto costó lograr, en el que también se habían comprometido varias potencias europeas.

Posiblemente Biden reasuma el acuerdo (con Irán) pero trate de negociar que restrinja su influencia política en la región a cambio de levantar sanciones»

mariano aguirrre, chatham house

A juicio de Mariano Aguirre, associate fellow de Chatham House, «posiblemente Biden reasuma el acuerdo, pero trate de negociar que Irán restrinja su influencia política en la región a cambio de levantar las fuertes sanciones que le impuso la presente Administración. Esto será difícil de lograr debido a la inmensa desconfianza hacia Washington en el poder iraní».

«Biden proseguirá la retirada de fuerzas estadounidenses de la región (incluyendo la salida de Afganistán), dará por perdida a Siria y dejará que Libia sea un problema entre Moscú, Ankara, París y Berlín», añade Aguirre.

5. Otra mirada a América Latina

Donald Trump ha sido muy beligerante sobre Venezuela y Cuba. Se ha apartado de la política de acercamiento a La Habana promovida por Barack Obama, que llegó a visitar la isla, y ha promovido las sanciones contra el régimen de Nicolás Maduro. De hecho, el líder chavista está en busca y captura por las autoridades estadounidenses. Trump fue el primer presidente en reconocer a Juan Guaidó como presidente encargado en enero de 2019.

Son muchos los que creen que lo que movía realmente a Trump en su política sobre Cuba y Venezuela era lograr la victoria en Florida, un estado donde hay abundante emigración cubana y cada vez más venezolana. Lo consiguió con un mensaje de miedo al «socialista» Biden.

De acuerdo con Mariano Aguirre, la Administración Biden querrá entablar un diálogo «entre iguales». Va a dejar en un cajón el proyecto de ampliar el muro en la frontera con México y anulará las medidas que violan los derechos de los inmigrantes. Ha prometido que su política migratoria dará un giro de 180 grados.

Quien estará al frente de Estados Unidos a partir del 20 de enero próximo es un hombre convencido de que la libertad «tiene un poder electrizante que no puede parar ningún ejército, trasciende lenguas y culturas, y convierte a simples ciudadanos en agentes de cambio».

Es consciente de que Estados Unidos ha de liderar. «Ninguna otra nación tiene esa capacidad. Ninguna otra nación ha sido construida sobre esa idea. Tenemos que ser los líderes en libertad y democracia, reclamar nuestra credibilidad y mirar con optimismo implacable y determinación el futuro».