El fútbol es mucho más que un deporte. La polémica "mano de Dios" de Maradona contra Inglaterra sirvió como revancha a Argentina por la guerra de las Malvinas. La victoria de la Alemania comunista contra sus hermanos occidentales en plena Guerra Fría. En muchas ocasiones, la política se mete de lleno en los partidos mundialistas. La actual edición también ha llegado cargada de simbolismo, con los jugadores de la selección iraní jugando en suelo estadounidense tras meses de guerra en Oriente Medio.
Sin embargo, en lo que a gestos políticos se refiere, el protagonista absoluto de este Mundial ha sido Lumumba Vea ("Lumumba vive"). Este aficionado congoleño se ha hecho conocido en todo el mundo por posar durante los 90 minutos que duró el partido entre la República Democrática del Congo y Colombia la semana pasada como la estatua del líder de la independencia de su país. Asesinado con la colaboración de la CIA y las autoridades belgas, Patrice Lumumba es un símbolo del anticolonialismo y la lucha por la autodeterminación de los pueblos en África.
Michel Kuka Mboladinga, el nombre real del ya famoso hincha congoleño, no ha podido asistir a los partidos de su selección contra Uzbekistán en fase de grupos y contra Inglaterra en dieciseisavos. EEUU, el país que acogía los dos encuentros, le ha denegado el visado. Sin embargo, su ejemplo ha servido de inspiración para otros aficionados de países vecinos, como Marruecos.
En el partido contra Países Bajos, un aficionado se alzó entre el resto de asistentes en la grada marroquí. El hombre imitó el saludo de Lumumba Vea durante unos minutos, mientras vestía un sombrero al estilo fez y una túnica daraa. Imitaba a uno de los héroe de la lucha contra el colonialismo en el continente africano mientras portaba la vestimenta tradicional de los hombres saharauis, el pueblo al que Marruecos somete a un régimen ilegal de ocupación desde hace cincuenta años.
Una prenda unida al alma saharaui
La daraa es un elemento central en la cultura saharaui. Se trata de una túnica azul o blanca con bordados dorados en la zona del cuello y los hombros, como se aprecia en los vídeos compartidos en redes del hincha marroquí durante el encuentro contra la selección neerlandesa. Sin embargo, éste llevaba un añadido en su traje que sería impensable en el atuendo tradicional saharaui: un mapa de Marruecos que incluía al Sáhara Occidental dentro del territorio alauí.
Marruecos inició su ocupación del territorio saharaui cuando España abandonó la que hasta entonces había sido su colonia en 1976 sin culminar el proceso de descolonización que marcaba la ONU. Desde entonces, las autoridades alauíes han desplegado una política de asimilación del territorio como parte de Marruecos, potenciando la llegada de colonos marroquíes, pero también mediante otras estrategias más sutiles. Una de ellas, el borrado de la cultura saharaui a través de su asimilación.
Numerosas organizaciones saharauis han denunciado cómo Marruecos trata de imponer el uso del dariya (su dialecto del árabe) sobre el hassanía en las escuelas, mientras se apropia de elementos característicos de su cultura. El régimen alauí también ha prohibido las jaimas -tiendas tradicionales saharauis- en los territorios ocupados. Todo ello con el objetivo de hacer desaparecer las costumbres propias de la zona y justificar así sus planes de anexión del Sáhara Occidental. Que un aficionado marroquí se muestre frente al mundo, imitando una protesta contra el colonialismo, mientras viste la prenda del pueblo ocupado por su país, no deja de ser una muestra más de este borrado.
"Ceuta y Melilla son de Marruecos"
Las reivindicaciones marroquíes sobre el Sáhara Occidental no son las únicas que se han colado en esta edición del Mundial. Al inicio de la competición, se hizo público un vídeo en el que uno de los porteros de la selección, Munir Mohand Mohamedi, aseguraba que Ceuta y Melilla "son de Marruecos" mientras bromeaba con sus compañeros. El futbolista, nacido en Melilla, ha jugado en varios clubs españoles, como el Málaga o el Numancia.

Las declaraciones del jugador se han producido en un momento de aparente calma en las relaciones hispano-marroquíes. Hace un par de meses, el ministro José Manuel Albares defendía que el vínculo de nuestro país con el régimen alauí es "un ejemplo mundial", calificando de "absurda" la posibilidad de que Marruecos solicite el apoyo de la Casa Blanca para una hipotética "descolonización" de Ceuta y Melilla. Sin embargo, un reciente informe no vinculante de la Cámara de Representantes de EEUU se refería a estas dos ciudades como "administradas por España en territorio marroquí".
Todo parece indicar que la agenda del reino alauita sobre las posesiones españolas en el norte de África sigue igual de viva que siempre, aunque las autoridades marroquíes hayan adoptado un perfil más moderado en los últimos meses. Prueba de ello son las bromas de sus jugadores durante la competición deportiva.
El Mundial de 2030, una oportunidad de oro
La actual competición no es la única que se está viendo arrastrada por las tensiones políticas. La celebración del Mundial 2030 con sede compartida entre España, Portugal y Marruecos también ha provocado choques que van más allá de lo meramente deportivo. La principal disputa se ha generado alrededor de qué estadio acogerá la final del torneo.
Aunque todos las señales apuntan a que el Santiago Bernabéu será el escogido para la ocasión, las autoridades marroquíes buscan arrebatarle la final a España con el estadio Hasán II. Descrito como "el más grande del fútbol mundial", el estadio todavía se encuentra en proceso de construcción, aunque se espera que tenga capacidad para 115.000 espectadores. Es la gran apuesta de Marruecos para el próximo Mundial, que provocó hace un año la indignación de los jóvenes del país ante los elevados costes del proyecto. Aun así, las protestas de la Generación Z no lograron sacar a las autoridades de su empeño.
A la espera de la decisión de la FIFA, Marruecos sigue firme en su decisión. La accidentada candidatura triple para el próxima Mundial pasará examen en cuatro años. Otro de los focos de tensión fue el propio mapa de la ocasión. En el libro de la candidatura presentado ante la FIFA, el régimen alauí coló el mismo mapa que su aficionado vistió en el partido contra los Países Bajos: el que incluye al Sáhara Occidental como parte de Marruecos. Una elección que acabó siendo rectificada por la FIFA.
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