La OTAN ha sobrevivido a una nueva cumbre con Donald Trump en el foco. Cada vez son más breves y las declaraciones más simples con el fin de que no haya dramas. En la cumbre de Ankara se trataba de que los aliados europeos y Canadá demostraran que realmente han tomado conciencia de que han de asumir más responsabilidad y así ha sido. También había que escenificar esa unidad que en realidad solo existe en los discursos del secretario general, Mark Rutte. Al final ha tenido que reconocer que la OTAN es una familia en la que hay broncas, ya que Trump no se calla una, pero eso hace que la relación sea más auténtica.
Sobre el papel, sigue existiendo el compromiso a la defensa colectiva, el vínculo disuasorio que se refleja en el artículo 5 del Tratado de Washington. Así se refleja en la declaración final. Sin embargo, cada vez hay más dudas de que EEUU saliera en defensa de los aliados europeos en caso de un ataque de Rusia, la reconocida mayor amenaza a largo plazo. Se echa en falta mayor atención a los ataques híbridos y las formas en que deberían responderse. Esa es la guerra que ahora libra Rusia contra los aliados del flanco oriental.
En Ankara se ha empezado a concretar cómo se va a invertir el aumento del presupuesto de defensa acordado en la cumbre anterior, celebrada en La Haya el verano pasado. Los aliados se comprometieron entonces a llegar al 5% del gasto en defensa de aquí a 2035. Algunos países como los Bálticos ya lo han logrado y otros como Polonia están muy cerca. Alemania está impulsando una revolución en sus Fuerzas Armadas, y puja fuerte por su sólida industria de defensa, como se ha visto con el último contrato con Canadá. Para España resulta inalcanzable el 5%. Pero todos han aumentado el gasto de forma exponencial. ¿Para qué? Para ganar en capacidad disuasoria, una vez que EEUU vaya reduciendo su papel en Europa.
"Si hay un ganador de esta cumbre, es la industria de defensa. Los compromisos de aumento del gasto empiezan a traducirse en compras conjuntas y mecanismos para reforzar la base industrial y tecnológica de defensa. En ese sentido, la cumbre marca el paso de las promesas presupuestarias a un horizonte de inversión mucho más estable para fabricantes, proveedores y empresas tecnológicas del sector en general", afirma Léna Georgeault, directora del Grado en Relaciones Internacionales de la Universidad Villanueva.
A modo de balance, veamos quiénes han sido los ganadores y los perdedores del encuentro celebrado este 7 y 8 de julio en Ankara:
El anfitrión, Erdogan, reforzado
Turquía quiere verse a sí misma como uno de los pilares europeos de la alianza y los demás quieren verla así. Aunque existen ciertas fricciones, ya que Ankara no puede participar en iniciativas europeas como SAFE. La cumbre ha reforzado a Turquía y su presidente, a quien nadie se atreve a reprochar sus modos autocráticos.
Antes de aterrizar en Ankara, Donald Trump dijo que participaba en la cumbre por el respeto que profesa al presidente turco Recep Tayyip Erdogan. El presidente de Estados Unidos afirma que tiene "buena química" con Erdogan, a pesar de las críticas del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.
Turquía juega bien sus cartas en Oriente Próximo. Mantiene buena relación con Teherán sin despertar la ira de Trump. Al contrario, Trump agradeció a Erdogan que no uniera sus fuerzas a las del régimen de los ayatolás en la reciente operación militar. Lo que no ha conseguido aún Erdogan es el visto bueno para la adquisición de los F-35, aunque Trump se dice en buena disposición para aprobar esa venta. Israel se opone radicalmente. De momento sí ha logrado Erdogan que EEUU levante las sanciones impuestas por la adquisición del sistema ruso de defensa antiaérea S-400.
Ahora los tambores de guerra vuelven a sonar en las inmediaciones de Ormuz. Para contentar a Trump, en la declaración se incluye una alusión a Irán. La OTAN rechaza un Irán nuclear. Trump no guardó las formas y en plena cumbre dio por terminada la tregua con nuevos bombardeos. Y volvió a lamentar la falta de apoyo recibida de los aliados, en especial, Alemania, Francia e Italia. Pero con quien fue más incisivo fue con Reino Unido y España.
Zelenski y la promesa sobre los Patriot
El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, estaba invitado a la cumbre, dada la relevancia que tiene para los aliados la defensa de Ucrania, aunque no forme parte de la Alianza Atlántica. En la breve declaración final, se dedica el cuarto punto a Ucrania y se remarca que contribuye la seguridad transatlántica. "Para 2026, los Aliados se comprometen a aportar 70.000 millones de euros en equipamiento militar, asistencia y formación para Ucrania, y reafirman su compromiso soberano de mantener niveles al menos equivalentes en 2027", señala el texto.
Zelenski se ha mostrado especialmente contento tras su encuentro con Donald Trump. En esta ocasión, hubo sintonía. Parece que Trump va entendiendo que Ucrania cada vez tiene mejores cartas. Trump le ha dicho a Zelenski que se podría permitir a Ucrania fabricar misiles interceptores Patriot para contrarrestar los ataques balísticos rusos. De concretarse, será un gran logro diplomático para Kiev, que ha estado luchando por hacer frente a la creciente amenaza de misiles de Moscú.
Sin embargo, aún falta concreción: al parecer, no ha hablado con las empresas que fabrican los Patriot y no ha aclarado cuándo podrían fabricarse, y el proceso es complejo. Lamentablemente, EEUU no va a entregar sus Patriot porque, según Trump, "los necesitamos para nosotros".
Groenlandia y Dinamarca pierden
De nuevo, Trump ha vuelto a reclamar el control estadounidense de Groenlandia, territorio autónomo bajo la soberanía de Dinamarca. "Dinamarca no gasta dinero para ayudar realmente a Groenlandia, pero es una parte importante para Estados Unidos. Está rodeada por barcos de China y barcos de Rusia. Groenlandia debería estar controlada por Estados Unidos", ha declarado Trump. Sin embargo, no hay buques de guerra rusos cerca de Groenlandia, ni China tiene presencia militar en el Ártico. Trump no podría invadir Groenlandia, ya que solo el Congreso puede declarar la guerra. Un ataque sin autorización del Congreso violaría la Constitución.
El caso de Groenlandia ilustra bien el frágil equilibrio que existe en la Alianza Atlántica con Trump en la Casa Blanca. Mientras Mark Rutte insiste en que es el liderazgo de Trump lo que hace avanzar a la OTAN, el presidente de Estados Unidos se dedica a amenazar con apropiarse del territorio de otro aliado. Es algo inimaginable antes de que llegara Trump a la Casa Blanca.
Más preocupante es que el secretario general de la OTAN cuando le preguntan sobre Groenlandia y la obsesión de Trump alude a que es una cuestión que compete a Dinamarca, Groenlandia y EEUU. No es de extrañar que un periodista danés le preguntara cómo afecta a su amor propio que Trump se dedique a hostigar a los aliados en su presencia.
España, "un caso perdido" para Trump
De nuevo Trump ha arremetido contra España por su reducido gasto en defensa. El presidente de EEUU ha amenazado con cortar las relaciones comerciales. Ya lo hizo en marzo pasado, e incluso dijo que había dado la orden al secretario del Tesoro. Finalmente, no hubo ningún tipo de represalias por no permitir el uso de las bases para la operación bélica en Irán. Es posible que la Administración Trump busque otra fórmula para castigar al Gobierno de Sánchez como la transferencia de tecnología.
Lo único bueno ha sido ver cómo el canciller federal alemán, Friedrich Merz, al contrario que en su visita a Washington, ha salido en defensa de España. Considera que el Gobierno español se está esforzando en cumplir con los compromisos con la Alianza.
Reequilibrio de las relaciones en la OTAN
"A primera vista y con una lectura cortoplacista, puede parecer que Europa se ha visto obligada a seguir el ritmo marcado por Estados Unidos, en un pulso entre Washington, que exige un incremento del gasto en defensa, y unos aliados acostumbrados durante décadas a vivir bajo el paraguas de seguridad estadounidense. Sin embargo, si esta cumbre sirve para que asumamos una mayor responsabilidad en nuestra propia defensa, el resultado será un reequilibrio de las relaciones dentro de la OTAN, una autonomía estratégica reforzada y una capacidad de disuasión mucho más sólida para Europa. Y eso es una mala noticia para cualquiera que pretenda ponerla a prueba", añade Goergeault.
En todo caso, en Ankara se ha empezado a barajar la posibilidad de renunciar a las cumbres anuales de la OTAN, según Bloomberg. Se trata de no dar a Trump nuevas oportunidades para hacer añicos lo que queda de la unidad de la Alianza. Por eso quizá Rutte ha dicho al concluir la cumbre que el próximo encuentro será en Albania pero no se ha concretado cuándo será.
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