La armonía transatlántica que trata de transmitir el secretario general de la OTAN ante los medios se convierte en estruendo cada vez que Donald Trump habla. En su primera comparecencia en Ankara, junto al anfitrión, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, el presidente de Estados Unidos ha arremetido contra Alemania, Francia e Italia por "habernos dado la espalda" en la guerra contra Irán. Sin embargo, agradeció a Erdogan que no se implicara al lado del régimen de los ayatolás. Es evidente el uso de dos varas de medir.
A los autócratas les elogia por no unirse a las filas enemigas, a pesar de que Turquía forma parte de la OTAN y sería un escándalo que combatiera del lado de Irán. Son aliados, y de ahí la animadversión que profesa el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, a Erdogan. Pero siempre el líder turco mantiene las distancias. Sobre todo, cuando está en juego la adquisición de F-35 de Estados Unidos. En compensación por su buen hacer, Trump reconoció que se plantea seriamente permitir su venta a Turquía, así como levantar las sanciones en su contra.
La 'prueba' de la guerra contra Irán
Trump, por otro lado, no puede ocultar su enfado con los principales aliados. Ya no solo se trata de sus reproches por el gasto en defensa, algo por lo que tiene en el punto de mira a España. Ahora tiene clavada la espina de haberse quedado solo en la operación bélica que llevó a cabo con Israel contra Irán. "Italia nos ha dado la espalda, Alemania nos ha dado la espalda y Francia nos ha dado la espalda", dijo Trump ante Erdogan. "En cierto modo, yo estaba poniendo a prueba a la gente". Quizá su conocido antieuropeísmo se ha visto atizado por la derrota de la selección de EEUU ante Bélgica en el Mundial de fútbol. De nada sirvió su tejemaneje con Infantino.
Sus palabras suenan amenazantes, y más por haberlas pronunciado en pleno cónclave transatlántico. Señala con el dedo a los que considera díscolos, que en realidad son todos. Tampoco se olvida de que Keir Starmer, primer ministro británico, miró a otro lado con Irán. Ya fue muy significativo que atacara como un abusón de patio de colegio a Giorgia Meloni, la primera ministra italiana, con quien antes parecía entenderse. Pero Trump no tolera que nadie le contradiga. Es insólito que un presidente escriba en sus redes que habría que dictar una orden de alejamiento contra una primera ministra. Hizo bien el gobierno italiano de no entrar al trapo porque con actos así quien se retrata es Donald Trump.
El presidente de EEUU no sabe, o no quiere saber, que la OTAN es una alianza defensiva, no ofensiva. Y la intervención contra Irán, que provocó una inestabilidad política y económica gravísima, no fue un acto defensivo. Pero para Trump eso son matices.
Desde el primer momento ha dejado claro que participa en esta cumbre solo por el hecho de que se celebra en Turquía. No quería hacer de menos a Erdogan, a quien considera un "gran amigo", con quien tiene "una química especial". Con todos los demás su química es cero. Salvo con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, debido a su infinita complacencia con Trump. Al presidente de Estados Unidos le encanta que le haga la pelota. Sin límites.
A vueltas con Groenlandia y la retirada de tropas de Europa
Como viene en son de guerra, ha sacado a relucir también un tema que aparentemente estaba zanjado: Groenlandia. Precisamente fue Rutte con sus armas de seducción masiva quien logró que Trump dejara de amenazar con invadir Groenlandia. Pero nada más llegar a Ankara ha vuelto con la cantinela de que Groenlandia debería estar bajo el control de Estados Unidos y no de Dinamarca.
"Dinamarca no gasta dinero para ayudar realmente a Groenlandia, pero es una parte importante para Estados Unidos. Está rodeada por barcos de China y barcos de Rusia. Groenlandia debería estar controlada por Estados Unidos", ha declarado Trump. Otra bofetada a otro aliado, amparada en falsedades. No hay buques de guerra rusos cerca de Groenlandia, ni China tiene presencia militar en el Ártico. Trump no podría invadir Groenlandia, ya que solo el Congreso puede declarar la guerra. Un ataque sin autorización del Congreso violaría al Constitución.
Y Trump también amenazó con retirar "todos los soldados de EEUU" de Europa. El Congreso ha autorizado una reducción del número de tropas estadounidenses en Europa por debajo de los 76.000 efectivos. Para ir más allá debería informar al Congreso sobre los motivos relevantes para la seguridad nacional del repliegue. Por eso se congeló en realidad la retirada que anunció el Pentágono de 5.000 efectivos de Alemania. Y se dejó en el limbo la suspensión del recambio de 4.000 tropas en Polonia. Habrá reducción pero Trump no puede hacer lo que quiera cuando quiera. Como tampoco puede retirar a EEUU de la OTAN de forma unilateral: necesitaría los dos tercios del Senado o una ley del Congreso.
En comparación con la cumbre de La Haya, Trump parece cada vez más solo. Entonces los aliados secundaron la propuesta de Rutte y aprobaron el aumento del gasto al 5% en defensa. Por un lado, buscaban satisfacer al presidente de EEUU para que no se desvinculara, y por otro tomaban conciencia de que el tiempo de la dependencia de EEUU en defensa había terminado. Pero el desajuste necesita plazos razonables. Con Trump resulta difícil esa previsibilidad.
Lo que sí está haciendo es debilitando la capacidad disuasoria de la OTAN frente a Rusia. Ha sido la gran fuerza de la Alianza Atlántica desde su fundación en 1949. El compromiso del artículo 5, que vincula a los aliados a actuar en caso de ataque a alguno de ellos, ha servido para frenar a los enemigos de Occidente. Si esta cumbre en Ankara termina dinamitada por el propio Trump, el más satisfecho será Vladimir Putin. Solo le falta a Trump pasar a la historia como quien fracturó la Alianza Atlántica.
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