Cuando Donald Trump desató su furia sobre Irán a finales de febrero, el resto del planeta se echó a temblar. No era para menos. Casi ocho meses después, el estrecho de Ormuz continúa bloqueado –no lo estaba antes del comienzo de la guerra– y los precios se encuentran por las nubes. Sin embargo, más allá del impacto en los bolsillos el conflicto está provocando un efecto dominó en Oriente Medio. Y es que, los misiles de Irán y sus aliados siguen cayendo por toda la región, lo que ha llevado al resto de países a reconsiderar sus afinidades.

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Bien está que el conflicto entre Estados Unidos y la República Islámica se ha estancando desde hace meses, aunque en los últimos días se han intensificado los ataques a petroleros en Ormuz. Sin embargo, el foco ahora está en Yemen. Allí, una ofensiva de los rebeldes hutíes a principios de septiembre ha cogido por sorpresa a sus enemigos: el gobierno oficial del país y Arabia Saudí.

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En cuestión de semanas, Riad ha visto cómo su poderío militar en la región es incapaz de hacer frente a un grupo insurgente de un país vecino. Sus ataques contra el aeropuerto de la capital saudí han dejado un reguero de muertos. También la empresa petrolera estatal –que engloba en torno al 10% de la producción mundial– ha sido objetivo de los hutíes. Los rebeldes están golpeando donde más duele.

El nuevo frente ha puesto de manifiesto que la lógica de alianzas en Oriente Medio ha cambiado. El estatus de major non-NATO ally ("aliado importante no-OTAN") de Arabia Saudí da buena cuenta del lugar privilegiado de los saudíes en la red de socios de Washington. Al menos así era hasta ahora. Pero, cuando el príncipe heredero Mohamed bin Salmán pidió auxilio a Donald Trump para frenar los ataques hutíes, éste le cerró la puerta en las narices.

EEUU ni está ni se le espera

A lo largo de estos meses, Trump ha mostrado su incapacidad o, directamente, indiferencia hacia la protección de sus aliados en el Golfo. Este semana, una investigación de Reuters ha desvelado que los ataques de Irán y sus aliados han alcanzado 135 objetivos críticos para las cadenas de suministro energético en la región. Mientras los misiles llovían sobre sus socios, la Casa Blanca miraba hacia otro lado.

Washington estaba centrado en los ataques contra sus bases militares en la región, cuyos daños ha tratado de minimizar durante estos meses. Sin embargo, la cadena CBS reveló el pasado mes de septiembre imágenes que mostraban los daños generalizados y la destrucción en múltiples posiciones estadounidenses en todo Oriente Medio como resultado de los ataques.

Manifestación contra de Arabia Saudí en Sanaa, la capital de Yemen, controlada por los hutíes
Manifestación contra de Arabia Saudí en Sanaa, la capital de Yemen, controlada por los hutíes | EFE/EPA/YAHYA ARHAB

La sensación de abandono en los Estados del Golfo es generalizada. Se suponía que las bases estadounidenses eran su garantía de seguridad. En cambio, esas instalaciones han sido el principal motivo por el que han sufrido los ataques de Irán. Y la Casa Blanca no ha movido un dedo para evitarlos.

Ahora, con su no intervención para auxiliar a los saudíes, EEUU refuerza aún más esta percepción. En un análisis para el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, un think tank con sede en Washington, Michael Ratney lo explica así: "La reticencia de Estados Unidos a involucrarse alimenta la percepción de que ha abandonado a un socio en su momento de mayor necesidad. Mientras Arabia Saudí, su aliado, está siendo atacado, el presidente estadounidense le dice al mundo que no lo está ayudando". En este mismo análisis, sugiere que Riad buscará nuevos socios, como bien demuestra el reciente Pacto de la Meca.

Turquía y Pakistán al rescate

El pasado agosto Arabia Saudí, Pakistán y Turquía firmaron el Pacto de la Meca. Algunos analistas lo han definido como una "OTAN musulmana", bien está que solo lo componen tres países. Aunque en un primer momento los pakistaníes y los turcos se mostraron reacios a ayudar a Riad, finalmente han aceptado acudir en su auxilio. Tropas enviadas por Islamabad ya se encuentran en suelo saudí, mientras que en el caso de Ankara, el Parlamento turco debe dar el visto bueno.

Un acuerdo de este tipo pone a Irán en un lugar especialmente comprometido. Los saudíes son unos de sus principales rivales en la región. Sin embargo, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, ha valorado la triple alianza como "un paso adelante" en la unión entre musulmanes, asegurando que su país está "listo" para participar en el proceso.

Prisioneros leales al Gobierno oficialista de Yemen liberados este sábado por los hutíes
Prisioneros leales al Gobierno oficialista de Yemen liberados este sábado por los hutíes | EFE/EPA/YAHYA ARHAB

Tras conocerse el acuerdo, el Institute for National Security Studies, un think tank israelí vinculado a la Universidad de Tal Aviv, analizó las implicaciones del pacto para Irán. Aunque el declive de la hegemonía militar estadounidense en la región es una pequeña victoria para la República Islámica, el acuerdo entraña riesgos. ¿Y si en un futuro supusiese una amenaza?

Fuentes iraníes consultadas por El Independiente se limitan a subrayar que el Pacto de la Meca es un acuerdo de defensa, no ofensivo. Además, señalan que Pakistán es un buen aliado de Teherán. No obstante, algunos análisis publicados en medios iraníes han cargado contra Islamabad, a quien acusan de estar jugando a dos bandas.

Las milicias hutíes de Yemen forman parte del Eje de Resistencia, la red de alianzas orquestada por Teherán contra EEUU, Israel y sus aliados. A su vez, son enemigos de Arabia Saudí, que apoya al Gobierno oficialista yemení, en guerra con los rebeldes desde hace más de una década. Así, Pakistán, amigo de los ayatolás, colabora ahora con los saudíes para acabar con los socios iraníes en la región.

El factor israelí

Quizás el elemento más complicado de encajar en la ecuación sea Israel. El periódico Haaretz ha revelado los supuestos planes de Benjamín Netanyahu para unirse a Arabia Saudí en los ataques contra los hutíes. El primer ministro israelí anda buscando la normalización de las relaciones con los saudíes desde hace tiempo. Sumarse a su ofensiva contra las milicias rebeldes sería un buen aliciente.

No obstante, el príncipe israelí se muestra reticente a dar este paso. Aunque Riad y Tel Aviv colaboren al margen de los canales oficiales, aunar a Netanyahu a su alianza contra los hutíes son palabras mayores. Las fuentes iraníes consultadas por este medio no creen que esto vaya a suceder. También descartan que la República Islámica acudiese en auxilio de los rebeldes de Yemen si Israel se uniese a los ataques. Están centrados en su propia guerra con EEUU.

Cartel en contra de Benjamín Netanyahu en el centro de Teherán
Cartel en contra de Benjamín Netanyahu en el centro de Teherán | EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

Además, está la barrera de Turquía, con quien Israel mantiene una intensa rivalidad desde hace meses. Hasta el punto de que Netanyahu ha llegado a afirmar que este país "es el nuevo Irán". La pugna entre estos dos Estados tiene mucho que ver con Siria, donde el Gobierno de Recep Tayyip Erdoğan ha ido ganando influencia desde la llegada del islamista Ahmed al Sharaa al poder. Desde Tel Aviv ven la creciente cooperación entre Damasco y Ankara como una amenaza a sus intereses en los Altos del Golán, territorio sirio que ocupan desde hace dos años.

De hecho, el portal estadounidense Axios aseguró a principios de mes que el Gobierno sirio estaba barajando también la posibilidad de enviar tropas a Yemen a luchar contra los hutíes. Un movimiento sorpresa desmentido por Damasco, aunque siguen llegando informes que apuntan en esta dirección.

Así, mientras los combates se recrudecen en Yemen –donde los desplazados internos superan los 233.000, según la Organización Internacional para las Migraciones–, el juego continúa en el tablero geopolítico en Oriente Medio. El vació dejado por Washington está siendo aprovechado por las potencias regionales, aunque todavía no queda claro hacia dónde terminarán de realinearse estos nuevos intereses.