Después de adentrarse en la corte zarista rusa, la compleja biografía de Josef Stalin o los entresijos de Jerusalén, Simon Sebag Montefiore se atreve ahora con la historia moderna de Oriente Medio. Desde 1900 hasta la actualidad, el escritor e historiador británico ha elegido narrar un siglo de acontecimientos en la región en uno de los momentos más decisivos de su historia. Una tarea "intimidante", según él mismo admite.
"Algunas personas me han dicho que estaba loco por intentar algo así", confiesa durante una entrevista con El Independiente. El complejo trabajo que tenía por delante no le disuadió de emprender una tarea que consideraba "necesaria", porque existe "muy poco conocimiento" sobre una de las regiones más determinantes en la geopolítica mundial. Este trabajo faraónico ha quedado plasmado en El hervidero (Editorial Crítica), una guía imprescindible para comprender la formación del Oriente Próximo moderno en el último siglo.
Sebag Montefiore (Reino Unido, 1965) inició su andadura en la actualidad internacional como corresponsal en la frontera Este europea, cubriendo los últimos estertores de la Unión Soviética. Su carrera como analista internacional le ha llevado por muchos frentes. Nacido en una familia de ascendencia judía, el pasado septiembre firmó una carta junto a otras miles de personas en la que negaba que Israel hubiese cometido un genocidio en Gaza.
Ahora, se dispone a contar una historia de Oriente Medio "para los habitantes de Oriente Medio". Lejos de "mentiras", "mitos" e "ideologías", como él mismo asegura. Para hacerlo, ha decidido comenzar por la llegada al poder de la dinastía Saud. "Quise empezar con un líder árabe independiente de las potencias imperiales", detalla. Y, precisamente ahora, el foco caliente del conflicto está en ese país del Golfo.
Pregunta.- El epicentro del actual conflicto en Oriente Medio se encuentra ahora mismo en Arabia Saudí. ¿Si los rebeldes hutíes de Yemen se impusieran a Riad marcaría el comienzo de una nueva era?
Repuesta.- Podría ser. Es un momento muy peligroso. A los hutíes no se les puede derrotar como a los ejércitos convencionales. Sus líderes están en cuevas en el norte de Yemen, pero se les puede expulsar del sur del país y de la capital. Y eso tiene que ocurrir. Pero esta es una prueba enorme para las potencias árabes, en particular para Arabia Saudí. Y tienen que prevalecer.
El régimen iraní está construido para librar guerras y para la resistencia; la verdadera presión será la económica
P.- Su libro termina con el comienzo de la guerra actual en Irán. Pero a lo largo de estos últimos meses hemos visto que las circunstancias han cambiado muchísimo. En una semana podemos tener un escenario totalmente diferente. ¿Cómo sería el final de El hervidero dentro de un año?
R.- El libro termina el 28 de febrero, al comienzo de la guerra de Irán, porque sabía que el conflicto se prolongaría durante mucho tiempo e involucraría a muchos más actores en la región. Incluso si empezara a escribir ahora, lo terminaría ahí. Porque de lo contrario, uno estaría escribiendo a cada minuto y se volvería loco actualizando el libro. Pero fuera del libro, la situación ahora es sumamente complicada. Y quedan muchas rondas de juego por delante.
P.- ¿Cómo ha prevalecido Irán en esta guerra? Al principio se vio como un desastre masivo para la República Islámica, con su liderazgo desaparecido, pero han logrado resistir y mantenerle el pulso a Estados Unidos.
R.- Irán es un país enorme de 90 millones de habitantes; su liderazgo es muy experimentado y profundo. No era un régimen de un solo hombre, así que matar al líder supremo –el ayatolá Alí Jamenei– no lo inhabilitó como algunos esperaban. Es más probable que el régimen caiga si el brutal bloqueo económico de EE.UU. funciona.
Por lo tanto, creo que no es que el régimen se haya recuperado, sino que está construido para librar guerras y para la resistencia. La verdadera presión será la económica. Mientras que EE.UU. impida que Irán venda su único producto, el petróleo, el régimen se irá desintegrando gradualmente.
España se ha vuelto irrelevante en Oriente Medio, aunque Gran Bretaña y Francia también corren el mismo riesgo
P.- Creo que todos estamos de acuerdo en que hubo un error de cálculo por parte de la Casa Blanca al comienzo de la guerra. ¿Qué cree que las potencias occidentales no entienden sobre Irán o sobre Oriente Medio como región?
R.- La administración Trump no entendió lo suficiente la profundidad del régimen en Irán. Pero tampoco la mayoría de las potencias occidentales, como España, Francia o Inglaterra. Los gobiernos están inmersos en una conversación con sus propios movimientos activistas decoloniales dentro de sus partidos políticos, especialmente en la izquierda, como por ejemplo en el Partido Laborista en Inglaterra. Y aquí, el Gobierno de Pedro Sánchez, por supuesto. Y en Francia, lo mismo.
Esas conversaciones son irrelevantes para lo que está sucediendo en Oriente Medio. De hecho, mientras los gobiernos occidentales intentan aplacar a los activistas de izquierdas dentro de sus fronteras, están haciendo que sus países sean cada vez más irrelevantes en Oriente Medio.
P.- Precisamente España, a lo largo del siglo XX, tuvo muy poca influencia en las decisiones relativas a la región, al menos en la superficie. Y parece que se ha convertido en un interlocutor más significativo. ¿A qué cree que se debe esto?
R.- No creo que se haya vuelto más relevante. En realidad, considero que es cada vez menos relevante. España tuvo muy pocos tratos con Oriente Medio en el siglo XX, aunque hubo mucha relación con Marruecos. Y esa relación sigue siendo extremadamente relevante en este momento. Pero en términos de Israel y Oriente Medio, y también de EE.UU. y la OTAN, el Gobierno de Sánchez se ha vuelto menos relevante por razones internas.
Es mucho más fácil promover la moralidad propia desde una perspectiva simplista cuando no hay consecuencias ni obligaciones de ningún tipo por ello. Pero España se ha vuelto irrelevante en Oriente Medio, aunque Gran Bretaña y Francia también corren el mismo riesgo.
P.- ¿Cree entonces que la postura del actual Gobierno español tiene más que ver con el discurso que con la acción real?
R.- Totalmente. Tiene que ver con el discurso al 100%. Y por eso es popular. Permite la satisfacción de la moralidad sin obligación y sin costes.
Los norteamericanos siempre serán la potencia militar más eficaz en la región; si ellos quieren serlo
P.- Al final de su libro, sugiere que la guerra actual podría conducir a una reconfiguración explosiva de la región. Parece que ya lo estamos presenciando, ¿no cree?
R.- Sí, lo creo.
P.- ¿Y qué tipo de alineación de bloques surgirá tras esta guerra?
R.- No creo que la situación sea como antes de la Primera Guerra Mundial, donde los bloques se consolidaron. Creo que ahora los bloques serán muy flexibles y cambiantes, y se solaparán.
Para empezar, siempre va a haber una presencia de seguridad estadounidense en Oriente Medio. Los norteamericanos siempre serán la potencia militar más eficaz en la región; si ellos quieren serlo. Pero luego van a existir diferentes alineaciones, como Turquía, Pakistán y Arabia Saudí. También de los saudíes con Egipto, entre Israel y Emiratos Árabes Unidos... Todos estos países persiguen sus propios intereses, pero todos ellos tienen fallos y sus propias debilidades. Así que, hasta dónde llegarán realmente para librar guerras y utilizar sus poderes militares, es cuestionable.
P.- Una de las alianzas más interesantes es la que existe entre Israel y Emiratos Árabes. Y una que mucha gente desconoce.
R.- Así es. Es muy curioso que Israel tenga ahora mejores relaciones con muchos países árabes que con Gran Bretaña o España.
Las elecciones podrían hacer que Israel negocie una nueva presencia en Oriente Medio, y nuevas relaciones con Estados Unidos y los países occidentales
P.- ¿Hasta qué punto cree que las próximas elecciones en Israel podrían moldear el futuro de la región?
R.- Podrían remodelarlo drásticamente. Es un momento de gran oportunidad para integrar más a Israel en Oriente Medio. Prácticamente todas las principales potencias árabes tienen relaciones con Israel, en secreto o públicamente. Y todas ellas aceptan la existencia y el poder de Israel, con todos sus fallos... Que son muchos.
Las elecciones podrían hacer que Israel negocie una nueva presencia en Oriente Medio, y nuevas relaciones con Estados Unidos y los países occidentales. Pero, de igual modo, las elecciones podrían no cambiar nada y Benjamín Netanyahu podría formar otro gobierno. Pero, si entrara un nuevo gobierno, un equipo completamente nuevo, hay enormes oportunidades para Israel.
P.- El conflicto árabe-israelí está presente en todo el libro. ¿Cree que la guerra en Gaza, tras el 7 de octubre y la respuesta israelí, fue un antes y un después en este conflicto?
R.- El 7 de octubre fue un verdadero punto de inflexión y un momento muy decisivo. En muchísimos sentidos fue enormemente significativo e importante, y ha llevado a la guerra que estamos viendo ahora. Por eso llamo a los conflictos actuales "las guerras del 7 de octubre", porque todas proceden de ese momento. Así que, sí, es extremadamente importante.
P.- Y la respuesta israelí al ataque... ¿Cree que también fue un punto de inflexión para la opinión pública en el resto del mundo sobre Israel?
R.- La guerra en Gaza fue un conflicto extremadamente complejo y feroz. Pero también fue un desastre en la guerra de la información para Israel, que no hizo esfuerzo alguno por explicar y mostrar lo que estaba haciendo. Y es solo ahora, meses después, cuando muchas de las acciones israelíes han sido explicadas por Hamás y otras organizaciones terroristas al revelar en sus anuncios de fallecimientos que muchas de las personas muertas eran, en efecto, combatientes de Hamás.
Creo que EE.UU. mantendrá una presencia en Oriente Medio, pero no como el actor hegemónico que era tradicionalmente
P.- En el libro y en Oriente Medio, el papel de las potencias extranjeras es vital. Durante años EE.UU. actuó como el principal mediador, pero esto parece estar cambiando, especialmente tras la respuesta de Washington en la guerra de Irán, cuando abandonó a sus aliados en la región. ¿Cree que algún otro actor podrá ocupar su lugar si deciden que ya no quieren tener este papel?
R.- EE.UU. ha demostrado ser, como de costumbre, muy inconsistente y poco fiable. De hecho, dos cuestiones son a la vez ciertas. Todas las potencias están muy decepcionadas con los norteamericanos y no confían en ellos. Pero, del mismo modo, todas quieren que se mantenga la presencia de Washington en la región, hasta cierto punto. Así que creo que EE.UU. mantendrá una presencia allí, pero no como el actor hegemónico que era tradicionalmente.
Y sí, hay oportunidades para China, pero Rusia está fuera del juego, ocupada en Ucrania. Por eso, no creo que ninguna de esas potencias vaya a reemplazar directamente a EE.UU. ahora mismo.
P.- China quiere un papel menos significativo del que han tenido los estadounidenses...
R.- Están usando un plan diferente. Tienen un interés distinto. Prefieren ejercer su poder mediante la construcción de conexiones a través de la infraestructura y del comercio. Y no están dispuestos a luchar en Oriente Medio. Acaban de construir su nueva marina, no creo que quieran perderla tan pronto.
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