En noviembre de 1975, Mohamed se encontraba en El Aaiún con su abuela. Se había separado de sus padres y sus hermanos, que habían vuelto a El Aargub, donde su padre estaba destinado. Él había escogido quedarse junto a su abuela, a la que estaba muy unido, y reunirse con el resto de su familia más adelante. Sin embargo, no volvería a ver a sus padres hasta más de diez años después. Marruecos lanzó la Marcha Verde para invadir lo que entonces era el Sáhara Español, cambiando para siempre el futuro de su familia y de otros miles de saharauis.
Un mes antes, Hassan II se dirigió a su país para anunciar una movilización masiva de población civil hacia el Sáhara Occidental, territorio administrado por España. Lo hizo pocas horas después de que el Tribunal Internacional de La Haya negara a Marruecos cualquier vínculo jurídico de soberanía con el territorio. El monarca reclutó a 350.000 civiles marroquíes que, protegidos por el Ejército, se lanzarían contra la frontera norte del Sáhara.
Mientras Hassan II preparaba su maniobra de presión, Franco agonizaba, y con él su régimen. El monarca alauí lo sabía y aprovechó la oportunidad para reclamar un territorio que Marruecos reclamaba como suyo. La presentó como "una marcha pacífica". Armados con imágenes del rey y ejemplares del Corán, miles de marroquíes llegaron a la frontera el 6 de noviembre.
"El problema no era la Marcha Verde, sino que sabíamos por los servicios de inteligencia del Ejército que detrás de la marcha venían 10.000 o 12.000 soldados marroquís", explica a El Independiente Jesús Palomares. En aquel entonces, él se encontraba destinado en el Sáhara, donde cumplía con el servicio militar obligatorio. Había llegado allí siete meses antes, en abril. Y fue uno de los últimos reclutas en salir del territorio, en diciembre de 1975. "No salió nadie contento, porque dejábamos aquello abandonado en manos de los marroquís", recuerda.
Un contexto complicado
Hassan II se salió con la suya. El Gobierno español, muy debilitado, sucumbió a la presión marroquí y se comprometió a negociar la transferencia del territorio a Marruecos y Mauritania. Los civiles que habían traspasado la frontera se retiraron el 9 de noviembre y el Acuerdo Tripartito de Madrid se firmó cinco días después. De nada sirvió la condena de las Naciones Unidas ante las acciones de Rabat; España entregó el Sáhara a sus vecinos. Una cesión que la ONU nunca ha aceptado.
Ahmed Salem Abdelhay ha sufrido las consecuencias de esta decisión en sus propias carnes. Activista por la autodeterminación del pueblo saharaui, ha pasado trece años de su vida en las cárceles del régimen marroquí, incluida la Cárcel Negra de El Aaiún. Recuerda con detalle los acontecimientos que precedieron la entrega del territorio saharaui por parte de las autoridades españolas.
"Después de la primera operación militar del Frente Polisario el 20 de mayo de 1973 en El Janga comenzaron los ataques relámpago del ala militar en todos los lugares de presencia militar de las tropas españolas, a la vez que empezaron las manifestaciones por la independencia. Al mismo tiempo Marruecos y Mauritania reivindicaban en la ONU el Sáhara Español como propiedad de cada uno", explica.

"La cosa estaba muy complicada en aquella época", rememora Palomares. Cuando en el sorteo para el servicio militar le tocó ir destinado al Sáhara, él apenas sabía situarlo en el mapa. Desde Barcelona cogió un tren hasta Madrid, y allí un vuelo hacia la colonia, que desde 1958 era la provincia 53. Al llegar a su destino, se encontró en Cabeza Playa (cerca de El Aaiún), un cuartel "donde a 25 kilómetros a la redonda todo era arena". Apenas salió de la guarnición. "Por un lado nos atacaba el Polisario y, cuando no era el Polisario, eran los marroquís", detalla.
La traición del Acuerdo Tripartito de Madrid
La presión de todos estos actores en el territorio motivó que las Naciones Unidas –que desde una década atrás venían exigiendo la celebración de un referéndum de autodeterminación entre la población saharaui– enviasen una misión observadora al Sáhara en mayo de 1975. Su informe posterior señaló al Frente Polisario como la fuerza política predominante en la región.
Ahmed cree que el contexto de la Guerra Fría precipitó los acontecimientos posteriores. Bajo su punto de vista, la proximidad de Argelia, el principal aliado del Polisario, a la Unión Soviética hizo que Estados Unidos se decantase a favor de Marruecos. "La solución la dio el secretario de Estado, Henry Kissinger", a quien acusa de haber orquestado la Marcha Verde. "España aprovechó la excusa de no poder enfrentarse con armas a civiles, fue una maniobra bien planeada", denuncia.

Tras la Marcha Verde llegaron los ya mencionados Acuerdos Tripartitos. La población nativa saharaui no concebía lo que se estaba urdiendo a sus espaldas. "Cuando Marruecos anunció la Marcha Verde, tuvimos la sensación de que había una conspiración, pero no llegábamos a creer que aquello pudiera suceder, especialmente después de la visita de Juan Carlos a El Aaiún", confiesa Omar, que reside en el Sáhara ocupado y prefiere usar un nombre ficticio por temor a las represalias.
"Su discurso fue como una promesa, pero la historia no siguió el camino que un niño como yo podía imaginar", recuerda Mohamed, el niño separado de sus padres por la invasión marroquí. El entonces príncipe llegó por sorpresa a la ciudad el 2 de noviembre, donde se comprometió a defender a la población saharaui. Menos de dos semanas después, España entregó el territorio.
El abandono español
El 28 de febrero de 1976 se arrió la bandera de España en el Sáhara, poniendo fin a la presencia colonial española en el territorio. Sin embargo, una nueva ocupación, la de Marruecos y Mauritania, ya había comenzado desde finales del año anterior. "No habíamos terminado nosotros de irnos todavía cuando ya estaban entrando los marroquís por la frontera hacia El Aaiún", recuerda Palomares de su salida del Sáhara hacia Canarias, donde terminó su servicio militar.
"Para nosotros, la retirada de España fue una gran humillación para el Ejército español, provocada por las decisiones de sus políticos", subraya Omar, que en aquella época vivía en El Aaiún y recuerda perfectamente la invasión marroquí. Las autoridades españolas abandonaron el Sáhara sin completar el proceso de descolonización, tal y como había exigido la ONU.
El Polisario declaró la República Árabe Saharaui Democrática y comenzó una guerra contra sus vecinos invasores. Mauritania se retiró del territorio en 1979, pero Marruecos nunca ha cesado en su empeño de hacerse con el control del Sáhara Occidental. A día de hoy, el territorio saharaui es, a ojos de las Naciones Unidas, la última colonia de África.
Tras el comienzo de la ocupación, todo cambió para los más de 70.000 saharauis que residían en el Sáhara Español y que, como habitantes de la provincia 53, eran españoles de pleno derecho. "Nuestra vida dio un giro radical; cambiaron nuestras condiciones de vida, nuestra seguridad y nuestro futuro y comenzó una etapa marcada por la ocupación, el miedo y la falta de libertad", comenta con pesar Omar.

Vidas destrozadas
Palomares recuerda con sentimientos encontrados la salida del Sáhara. Por una parte, se alegró de abandonar las condiciones tan duras que enfrentaron los últimos reclutas en el territorio. Pero también hubo pena por las personas que dejaban atrás. Los marroquíes fueron atacando al pueblo saharaui, que tuvo huir y refugiarse en los campamentos de refugiados de Tinduf. "Por el camino los atacaron con napalm, fue un desastre", lamenta.
Mientras Mohamed permanecía con su abuela en El Aaiún, su familia enfrentó la misma suerte que otros muchos saharauis. Tras el comienzo de la invasión, sus padres y sus hermanos se trasladaron hacia el Este, huyendo de El Argoub. En la zona de Um Dreiga se montó un campamento improvisado de refugiados, que el Ejército marroquí bombardeó con fósforo blanco y napalm. Su familia casi perdió la vida en el ataque. "El mundo entero vio la magnitud de la catástrofe y lo que sufrieron los civiles indefensos", denuncia.
El destino los llevó a los campamentos de Tinduf, donde residen hasta ahora. Mohamed no volvió a ver a sus padres hasta 1989. Quedó al cuidado de su abuela, en los territorios ocupados. "Entonces no entendía el significado de la política ni de las fronteras; solo entendía una cosa: que mi padre y mi madre ya no estaban a mi lado", lamenta. La vida bajo la administración marroquí tampoco fue fácil. En seguida comenzaron los hostigamientos contra su abuela y los insultos. Él no entendía por qué le susurraban "hijo de separatistas" por la calle. Despojado de su nacionalidad española, le inscribieron en el Registro Civil marroquí en 1980, donde figuraba como huérfano, y con una fecha y lugar de nacimiento diferentes.
La herida abierta del Sáhara
Mohamed se define como "víctima" de la retirada española del Sáhara. "España me mató dos veces", señala. La primera, durante su infancia. La segunda ha llegado este año. Como otros muchos saharauis, recibió con alegría la aprobación de la ley de nacionalidad para los nacidos bajo la administración española, como era su caso. "Sentí que la historia quizá nos concedía por fin una pequeña oportunidad de corregir lo que se había roto", asegura.
Veía en la ciudadanía la puerta para un futuro mejor para sus hijos, privados de oportunidades laborales en el Sáhara ocupado. Sin embargo, la convocatoria anticipada de elecciones de Pedro Sánchez frustró sus esperanzas. "He descubierto años después que España tiene otra capacidad para matarme", comenta con aspereza. "Me recuerda que nací en una causa que no elegí, que viví sus consecuencias y que sigo buscando el sentido de la justicia en ella", añade. La última vez que vio a su padre fue en mayo de este año. A sus 92 años, continúa malviviendo en Tinduf.
"Nos dejó una marca el Sáhara, nos dejó una marca a todos", reflexiona Palomares. Ahora es el secretario de la Asociación Veteranos Mili Sáhara. Según asegura, todos sus miembros recuerdan vivamente su paso por la excolonia. Tras salir precipitadamente del Sáhara Occidental, ha vuelto en ocasiones contadas. La última fue en 2005. "Su vida es muy precaria y Marruecos los tiene muy controlados", explica sobre las saharauis en los territorios ocupados.
El fin de la Minurso
En sus visitas, Palomares ha podido constatar que Marruecos ha poblado el Sáhara Occidental con colonos. "Para que pueda demostrarse que allí viven 200.000 marroquís si algún día se celebra el referéndum", asegura. El veterano ve esta posibilidad remota, porque Estados Unidos va a seguir "controlando el tema" junto con Marruecos.
Hace una semana, Rusia vetó una resolución en el Consejo de Seguridad promovida por Washington que pretendía enterrar el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui. Pero la negativa rusa ha impedido también renovar al mandato de la Misión de la ONU para el Referéndum del Sahara Occidental. Tras 35 años de presencia en el territorio, los colonos marroquíes han celebrado su salida.
Entre la población saharaui, se ha extendido el temor de que las autoridades de Rabat aprovechen el fin de la vigilancia de Naciones Unidas para intensificar la represión contra su pueblo. Omar tampoco descarta que Marruecos lance una operación contra los territorios liberados. Como demostró Hassan II, el régimen alauí sabe aprovechar a su favor la coyuntura internacional.
Mientras, España guarda silencio. El Ministerio de Exteriores, dirigido por José Manuel Albares, no se ha pronunciado sobre este asunto. Desde que el giro copernicano efectuado en el 2022 por el Ejecutivo de Pedro Sánchez, cuando se apoyó el plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental, el Gobierno se ha ido alineando con las tesis de Marruecos. Un abandono que se suma al de medio siglo atrás, cuando las autoridades españolas se desentendieron de los saharauis y los dejaron desprotegidos ante la invasión marroquí.
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