¿Se acuerdan cuando Pablo Iglesias prometió acabar con el “régimen de la Transición”? No hace tanto tiempo de aquello. Fue durante su primer mitin como secretario general de Podemos, el 15 de noviembre de 2014.

Para Iglesias, la Transición fue una especie de contubernio de la “casta” para impedir la ruptura con el franquismo y establecer así un nuevo sistema político que renunciara a ajustar cuentas con la dictadura. El “gran candado” de ese pacto era la Constitución de 1978. Iglesias encomendaba a Podemos, en aquella  puesta de largo como partido, la tarea de romper ese candado para devolver la palabra al pueblo y “poder hablar de todo”.

Lo que ocurrió a mediados de los años 70, antes incluso de que Franco muriera, fue que los partidos de la izquierda, fundamentalmente el PCE y el PSOE, entendieron que el cambio político que necesariamente habría de producirse no podía venir de la mano de la revancha de los “perdedores” de la guerra civil. Comprendieron que la dialéctica de las dos Españas ya no era real: había millones de personas que no eran de izquierdas, pero que tampoco eran franquistas. Santiago Carrillo -entonces secretario general del PCE y personaje clave de la Transición- supo ver en el todavía príncipe Juan Carlos esa “bisagra que garantizase el paso pacífico de la dictadura a la democracia”, la figura en torno a la cual podía hacerse posible la “reconciliación nacional” (Memorias, Santiago Carrillo, Ed. Planeta).

El líder de Podemos propone como lema de su marca en Cataluña la reconciliación. Y, para llevarla a cabo, recomienda a los líderes políticos “un poquito de ternura”

La izquierda española no se ató a los viejos fantasmas del pasado y fue realista a la hora de analizar la España que quedaría después de Franco. Los restos del antiguo régimen perdieron los resortes del poder gracias a unas elecciones democráticas que, por cierto, ganó un partido de centro derecha, la UCD, capitaneada por Adolfo Suárez.

Los rescoldos del franquismo que quedaban todavía en las Fuerzas Armadas trataron de subvertir el orden constitucional con el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 ¿Hay acaso una demostración más palmaria de que la Transición no fue un cambalache entre los herederos de Franco y las fuerzas democráticas?

La enmienda a la totalidad de Pablo Iglesias proviene de una falsificación interesada: el franquismo no murió con Franco: el PP es su retoño político.

Desde esa perspectiva, no sólo hay que revisar la Transición para situarla como una “traición” a las aspiraciones democráticas del pueblo, sino que habría que plantearse el nuevo proceso constituyente como una operación política para orillar definitivamente al PP echándole al “basurero de la historia”.

Por ello, la “reconcialiación” había sido un concepto repelente para los líderes de Podemos…. ¡hasta ahora!

Por increíble que parezca, Iglesias se ha destapado en el acto de presentación de la candidatura de CeC-Podem en Sant Adrià del Besòs proponiendo como eslogan de su marca catalana para las elecciones del 21-D ¡”la reconciliación!”.

Sostiene Iglesias que “la solución de la reconciliación nunca es fácil porque se hace con los que no piensan como tu”. ¡Alabado sea Carlos Marx!

La enmienda a la totalidad de Pablo Iglesias proviene de una falsificación interesada: el franquismo no murió con Franco: el PP es su retoño político

Una vez recompuesto del primer espasmo, busco en su discurso los entresijos de esa reconversión ideológica. Pero no encuentro nada. ¿Entiende acaso el jefe de filas de Podemos que reconciliación significa que Junqueras, Puigdemont, Albiol, Arrimadas, Domènech, Gabriel… acerquen posiciones y colaboren a recomponer la fractura social que existe ahora en Cataluña? No. El PP y Ciudadanos son los culpables de lo que está ocurriendo por su cerrazón a reconocer el “derecho a decidir” de los catalanes.  Y los independentistas son unos mentirosos que han engañado prometiendo una independencia que sabían que no llegaría.

Culpa Iglesias a los dirigentes de ERC y el PDeCAT (ahora JxC) de haber despertado “el fascismo” en España y de haberse dejado llevar por la “grandilocuencia”. Le dijo la sartén al cazo. ¿Se acuerdan de aquella promesa de “asaltar los cielos”?

En fin, que no sabe quiénes tienen que reconciliarse y con quién. Una vez más, Iglesias se deja llevar por los conceptos sin reparar en su significado.

Eso sí, nunca decepciona su tendencia a la cursilería. El líder de Podemos ha pedido a todos los políticos catalanes “un poquito de ternura”. No me digan que no es para comérselo.