Opinión

Teodoro García Egea salva en el último momento su 'match-ball'

Con una sola maniobra, el "negociador" del PP ha asestado un golpe mortal a Ciudadanos, ha ganado una batalla vital a Moncloa y ha silenciado a los críticos que pedían su cabeza

El secretario general del PP, Teodoro García Egea.

El secretario general del PP, Teodoro García Egea. EP

La operación que ha salvado al PP en Murcia tras la «traición» consumada por Inés Arrimadas tiene nombre y apellidos: Teodoro García Egea. La maniobra política, pensada y urdida por el secretario general del Partido Popular, trasciende al hecho de haber recuperado in extremis la Región de Murcia amarrando a contrarreloj el voto negativo de tres diputados liberales contrarios a una moción de censura pactada al más alto nivel entre Moncloa y Ciudadanos. Con este ‘golpe’, el número dos del PP gana una importante batalla a Moncloa, pero sobre todo hiere de muerte a la formación naranja, que avanza ya sin rumbo, sin confianza interna, y puede que hasta sin líder.

La maquinaria se puso en marcha en el mismo momento en que se tuvo constancia de los planes de Inés Arrimadas, en la noche del martes 9. La información no daba lugar a equívoco: en la sede de Ciudadanos había dos mociones listas para ser registradas al día siguiente en la Asamblea de Murcia. «Creía que eran rumores», ha repetido Fernando López Miras en los últimos días. O eso quería creer. Esa misma noche, Génova había definido ya la hoja de ruta a seguir. No creían que Arrimadas fuese capaz de perpetrar semejante «traición», pero si se atrevía, contestarían con un adelanto electoral en Madrid. Y así fue. Pablo Casado había decidido sacrificar a un alfil -López Miras- para salvar a la dama –Díaz Ayuso-. O eso creíamos, porque lo cierto es que la partida de ajedrez no había hecho más que comenzar.

Teodoro García Egea comparecía ante los medios de comunicación pasadas las ocho de la tarde del miércoles tras una frenética jornada en la que el PP vio peligrar el grueso de su poder territorial. El mensaje no podía ser más claro para Ciudadanos: esto es la guerra. «Abrimos nuestras puertas a todos los dirigentes, a todos los militantes y a todos los simpatizantes que se sientan defraudados con Inés Arrimadas», dijo, dando por iniciada una ‘opa’ hostil destinada a absorber a todo aquel con un carné naranja en la cartera.

Pero no iba a quedarse el número dos del PP en las palabras, sobre todo porque la humillación era doble -incluso triple- para él: Arrimadas no sólo estaba a punto de arrebatarle un bastión que el PP había logrado conservar durante 26 largos años, sino que había metido las manos en el feudo por excelencia de Teodoro García Egea, en su tierra, en su casa. Es él quien había llevado la estrategia política en Murcia, y es su cabeza la que habrían pedido los críticos del PP a Casado tras meses de fuerte contestación interna contra el secretario general, agravada por los pésimos resultados en las elecciones catalanas.

Terminada la rueda de prensa en Génova, Egea no se fue a casa. Levantó el teléfono y llamó uno por uno a los diputados liberales en la Asamblea de Murcia para sondear cuántos de ellos estarían dispuestos a romper la disciplina de la dirección nacional y votar en contra de la moción de censura a cambio, claro, de un puesto en el ejecutivo murciano. Ciudadanos sólo tiene seis diputados electos en la Región. Descartada Ana Martínez Vidal -candidata a la presidencia en sustitución de López Miras- y a su escudero, Juanjo Molina, al secretario general sólo le quedaban cuatro opciones, y le hacían falta al menos tres. Las negociaciones se alargaron toda la madrugada. Ya el jueves, con el pacto con los ‘díscolos’ de Ciudadanos -Isabel Franco, Valle Miguélez y Francisco Álvarez- prácticamente cerrado, Egea puso rumbo a Murcia. Allí, junto a López Miras, cerró los últimos flecos. Estaba hecho.

El papel de García Egea como estratega ha quedado legitimado. El triunfo ha sido incontestable. No sólo ha salvado a López Miras, sino también a Pablo Casado. El PP había iniciado una travesía por el desierto a cuenta de la «tormenta perfecta» provocada por el varapalo de las elecciones catalanas, el auge de Vox en todas las encuestas y el interminable calendario judicial que había hecho mella incluso en la viabilidad del proyecto del líder popular. Pero la batalla que, contra todo pronóstico, acaba de librar el casadismo inhabilita de facto a cualquiera que ahora se atreva a cuestionar de puertas para adentro al ‘núcleo duro’ del presidente y otorga un balón de oxígeno casi necesario para el camino que separa a Casado de las próximas elecciones generales.

La jugada será del todo impecable si el próximo 18 de marzo, cuando tenga lugar la votación de la moción de censura en la sede parlamentaria regional, los «tránsfugas» de Ciudadanos mantienen su lealtad al pacto con el PP y no surge ningún otro escollo por el camino. Moncloa había maniobrado para arrinconar a Pablo Casado y empujarle definitivamente a los brazos de la extrema derecha, pero la moción de censura en Murcia ha fracasado, la pinza PSOE-Cs-Podemos languidece e Isabel Díaz Ayuso avanza con viento de cola. El PP ha derrotado, quizá por primera vez desde el principio de la legislatura, a Iván Redondo. Pero el partido se lo ha llevado Teodoro García Egea.

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