Opinión

Los manuales de resistencia, también el de Boris Johnson, tienen fecha de caducidad

oris Johnson, tras anunciar este jueves que dimite y que ha puesto en marcha el proceso para ser sustituido como líder del Partido Conservador británico. EFE

Desde que sucedió el Brexit, no ha habido buenas noticias para Europa. El Brexit fue un despropósito que se está llevando por delante a todo aquel que intenta encauzarlo. El primer despropósito fue el de David Cameron, quien para salvar unas elecciones que el Partido Conservador tenía perdidas, no encontró nada mejor que convocar dos referendos: uno sobre la independencia de Escocia y el otro sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea.

El primer referéndum lo ganó por la mínima y gracias fundamentalmente al apoyo de los laboristas. Pero ni siquiera ese es un capítulo cerrado. La primera ministra escocesa, Nicola Sturgeon, ya ha anunciado su propósito de reclamar un nuevo referéndum sobre la independencia de Escocia el próximo año.

La de Irlanda del Norte es una ecuación cuya solución resulta imposible

El segundo referéndum produjo el resultado que Cameron no deseaba. El entonces primer ministro prefería quedarse en la UE pero su partido y, fundamentalmente Boris Johnson, habían creado un ambiente que hizo imposible ese resultado y se produjo exactamente lo contrario a lo que Cameron buscaba. Theresa May intentó gestionar el tema con una negociación, más o menos amistosa, con la UE pero tampoco pudo. Y fue entonces cuando Boris Johnson entró como un elefante en una cacharrería.

Mantuve recientemente una cena con eurodiputados irlandeses y me trasladaron que la cuestión de Irlanda del Norte está peor que nunca. Y ya es decir. El problema de Irlanda del Norte, que era similar al que tiene Gibraltar, radica en que son dos espacios jurídicos distintos y no se puede pertenecer a los dos sin que haya una frontera en algún sitio. La frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda era absolutamente contraria a los acuerdos de Viernes Santo. La otra solución era la frontera entre Irlanda del Norte y el resto del Reino Unido, que es pésima a juicio de los unionistas porque a la larga abocaría a la reunificación de la isla.

Se trata, en definitiva, de una ecuación cuya solución resulta imposible. Y Johnson es un político del tipo Richard Nixon, muy poco de fiar. Al final esto ha salido mal y ahora los conservadores tienen un problema. El aún primer ministro quiere seguir hasta que el congreso de los Tories elija un nuevo líder en otoño. Es lo que hicieron Cameron y May pero los conservadores prefieren que se vaya cuanto antes y que sea sustituido probablemente por el viceprimer ministro Dominic Raab. Que sea él quien conduzca las primarias en las que se elija a un sucesor.

Johnson superó en junio una moción de censura principalmente porque no había un sucesor claro. Y eso es lo mismo que está ocurriendo ahora. La prensa británica ha publicado listas muy extensas de posibles candidatos que se enfrentan a un sistema de primarias muy complicado. En la primera vuelta quedarán vivos los que obtengan el respaldo del 5 por ciento de los miembros del grupo parlamentario. En la segunda, un 10%. Y en la tercera irán cayendo los que vayan quedando en último lugar hasta que queden dos. En la elección final no votarán solo los diputados del grupo parlamentario sino los miembros del Partido Conservador. Se trata de un sistema muy complejo. Es muy difícil predecir quién puede ganar, sobre todo, cuando no existe candidato claro.

En cualquier caso, el de Johnson va a ser un legado muy complicado de resolver. Es una ecuación de imposible solución. El Brexit es una aventura lanzada con un objetivo concreto, ganar las elecciones, y que acaba abriendo unas incógnitas que son muy difíciles de solventar. Reino Unido se halla en una situación tremenda. Lo que mal empieza, mal acaba.

Recuerdo una frase memorable que Margaret Thatcher pronunció hace cuatro décadas, durante el referéndum para el ingreso de España en la OTAN: “Un partido de gobierno tiene que decir lo mismo, esté en el poder o en la oposición”. Y eso es exactamente lo opuesto de lo que ha hecho Johnson. Ganó el puesto de primer ministro sembrando de minas el camino de May y diciendo que era incapaz de resolver esta cuestión. Él tampoco ha sido capaz de solucionarla. Los británicos harían bien en replantearse si lo que decidieron es sensato o no.

El Brexit se ha traducido en una pérdida de dimensión política y económica del Reino Unido a nivel internacional

Hoy los retos a los que se enfrenta el país son exactamente los mismos que en tiempos de May o Cameron. Una vez elegido separarte de la Unión Europea y quedarte como un país aislado de la UE, la pregunta es cómo retomar un camino que haga del Reino Unido un actor relevante en el mundo. El Brexit se ha traducido en una pérdida de dimensión política y económica del Reino Unido a nivel internacional. Si ellos querían retomar el mando de sus decisiones, resulta que han quedado como un país menor en influencia e importancia de lo que era cuando pertenecían a la UE. O dan marcha atrás, una posibilidad que veo difícil, o deben buscar una fórmula para resolver el grave problema que tienen en Irlanda. A este paso el Reino Unido se reducirá a Londres y Gibraltar. Regresará a 1700. Son cada vez más posibles dos escenarios: que Irlanda Norte busque la reunificación con Irlanda y que Escocia logre la independencia para quedarse en la UE. Es un resultado completamente absurdo.

Liderar significa dirigir y, para que alguien se deje dirigir, tiene que creer que le van a llevar a un sitio razonable

Johnson ha intentado resistir todo lo que ha podido. Los manuales de resistencia al uso duran una temporada, pero no toda la vida. Igual que le ocurrió a Nixon en el Watergate. Se niega todo hasta que llega un momento en el que la evidencia hace imposible la continuidad.

Lo más importante que tiene un líder político es su credibilidad, porque tiene que seguirle la opinión pública. Cuando se carece de ella, uno está muerto como líder. Y eso es aplicable en todas las latitudes, en todos los países. Ya lo dijo Abraham Lincoln: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”. Liderar significa dirigir y, para que alguien se deje dirigir, tiene que creer que le van a llevar a un sitio razonable. Los diputados irlandeses del Parlamento Europeo me decían que era imposible fiarse de Johnson porque mentía por la mañana, por la tarde y por la noche. Los problemas que creó el Brexit están muy lejos de haber quedado resueltos. Y lo que Johnson siempre ha hecho ha sido envenenar la cuestión.


José Manuel García-Margallo es eurodiputado del PP. Ex ministro de Asuntos Exteriores de España.

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