Esta semana Suiza ha reabierto su oficina en Pyongyang, la capital de Corea del Norte, que estaba cerrada desde la pandemia. El jefe de la diplomacia suiza, Ignazio Cassis, asistió a su inauguración oficial dentro de una gira por la península coreana que le llevará después a Seúl. Es importante que Suiza recupere su presencia en Pyongyang. Como actor neutral, ha sido durante décadas una pieza relevante en el delicado equilibrio entre las dos Coreas.
El vínculo de Suiza con la península se remonta a julio de 1953 y al armisticio de Panmunjom. Entonces Suiza y Suecia fueron designadas por el Mando de las Naciones Unidas para integrar la Comisión de Supervisión de Naciones Neutrales. Corea del Norte y China nombraron a Polonia y Checoslovaquia. Suiza envió a casi un centenar de militares y diplomáticos a Panmunjom, en lo que se considera la primera misión de promoción de la paz de su historia en el exterior. Esa presencia en la frontera allanó el camino para que, en 1974, la República Popular Democrática de Corea y Suiza establecieran relaciones diplomáticas. Los asuntos norcoreanos se gestionarían desde la embajada suiza en Pekín.
Dos décadas después, durante la gran hambruna de mediados de los noventa, Suiza fue uno de los países que enviaron ayuda alimentaria. En 1997, la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE) abrió una oficina en Pyongyang para supervisar que esa ayuda llegara a la población. Así, Suiza pasó a tener una presencia fija en Corea del Norte. Aunque en un principio su función era meramente técnica, con el tiempo coordinó también programas de formación y de sostenibilidad agrícola. Un dato ilustra la cercanía entre ambos países: el propio Kim Jong-un, actual líder norcoreano, estudió de adolescente en Berna.
El desarrollo del programa nuclear, las tensiones internacionales y las continuas amenazas a los países vecinos llevaron a Suiza a reducir drásticamente su programa en Corea del Norte. Aun así, la oficina no cerró hasta la pandemia. El cierre absoluto de fronteras hacía imposible mantenerla: no había manera de hacer llegar ni recursos ni personal.
Con la reapertura de las fronteras, Suiza vuelve a Pyongyang con un salto cualitativo. La nueva oficina ya no es solo de cooperación, sino que tiene carácter diplomático, aunque sigue dependiendo de la embajada en Pekín. Es la primera presencia política estable de Suiza en el país desde que se establecieron relaciones hace 52 años. Su funcionamiento es importante para que exista un interlocutor neutral sobre el terreno, y refleja la voluntad suiza de actuar como mecanismo de contención ante cualquier escalada entre las dos Coreas.
Un apunte para evitar confusiones: la principal puerta trasera europea hacia Pyongyang, sin pasar por Rusia o China, ha sido la embajada de Suecia, que además presta servicios consulares a los ciudadanos estadounidenses. Ahora las tensiones entre Estados Unidos y Corea del Norte son notorias, y Pyongyang se ha convertido en un socio indispensable de Rusia. En este momento, abrir canales de comunicación indirectos ayuda a gestionar la situación.
La nueva oficina no sustituye la misión de 1953, sino que la complementa. La delegación suiza en la Comisión de Supervisión de Naciones Neutrales sigue vigilando de manera imparcial que se respeten los términos del armisticio en la frontera intercoreana. Ahora se le suma un canal de diálogo directo en Pyongyang al servicio de la paz y la estabilidad regional.
Pyongyang ya no solo está dispuesto a hablar con sus aliados naturales, Pekín y Moscú, sino que defiende una agenda propia en sus relaciones exteriores"
Mientras Washington tensa las relaciones, otros actores buscan justo lo contrario: evitar nuevos conflictos e impedir que las llamas de otros, como la invasión rusa de Ucrania, alcancen la península coreana. No es que haya quien se plantee atacar a Corea del Norte, ni que Corea del Norte plantee atacar a nadie. Se trata de evitar una escalada retórica que ponga en alerta a toda la región y que, de paso, beneficie a Putin.
En conclusión, el regreso de Suiza a Corea del Norte supone una vuelta a la normalidad tras el hermetismo que el régimen impuso durante la pandemia. Demuestra, además, que Pyongyang no solo está dispuesto a hablar con sus aliados naturales, Pekín y Moscú, sino que defiende una agenda propia en sus relaciones exteriores. Durante la Guerra Fría, Corea del Norte ya quiso marcar su propio rumbo. Llegó a establecer relaciones diplomáticas con un centenar de países, a los que después se sumaron medio centenar más. No es un país tan aislado como podría parecer. Pero países capaces de moverse entre todos los bloques, diría que solo hay uno: Suiza.
Guillem Pursals es doctor en Derecho (UAB), máster en Seguridad (UNED) y politólogo (UPF), especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado. Aquí puede leer sus artículos publicados en www.elindependiente.com.
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