Un Gobierno amenazado. La oposición ha escenificado este jueves el preámbulo de lo que será el próximo curso en el Congreso de los Diputados. La primera reunión de la Diputación Permanente después de las vacaciones se ha saldado con una clara victoria de la ya bautizada como “mayoría alternativa”, que ha obligado a Mariano Rajoy y a cinco de sus ministros a comparecer de forma urgente antes del 1 de septiembre.

La alianza entre PSOE y Podemos ya está dando sus frutos y fue clave para impulsar la iniciativa conjunta que llevará al presidente de Gobierno a dar explicaciones sobre la financiación del PP. La fecha más probable para la cita es el próximo miércoles 30 de agosto.

Rajoy no será el único miembro del Gobierno obligado a comparecer en sede parlamentaria. En total, son más los ministros que tendrán que acudir en las próximas semanas al Congreso que los que no tendrán que hacerlo. Los titulares de Defensa, María Dolores de Cospedal; Hacienda, Cristóbal Montoro; Justicia, Rafael Catalá; Fomento, Iñigo de la Serna; y Empleo, Fátima Báñez, fueron llamados este jueves para dar explicaciones sobre varios asuntos antes del próximo viernes. Mientras, el ministro de Exteriores, Alfonso Dastis, y el de Interior, Juan Ignacio Zoido, se comprometieron a comparecer voluntariamente a primeros de septiembre, evitando así que la oposición aprobara este jueves sendas propuestas que, en cualquier caso, les obligarían a acudir al Congreso.

La mayoría de los miembros del Ejecutivo tendrá que ir al Congreso en las próximas semanas

En el caso del presidente, la comparecencia salió adelante gracias a los votos favorables del PNV, que el pasado junio votó a favor de los Presupuestos de 2017 y que en las próximas semanas se dispone a negociar las cuentas de 2018. La oscilación de los nacionalistas vascos será un elemento a tener en cuenta en la próxima legislatura: sus cinco diputados pueden decantar la balanza entre el bloque liberal -PP y Ciudadanos- y las fuerzas nacionalistas y de izquierda. Las conversaciones entre populares y jeltzales marcarán cierta deriva parlamentaria.

Pero el actor clave de este nuevo curso será sin lugar a dudas el PSOE de Pedro Sánchez, que recobrará el protagonismo tras un año convulso y a la deriva. La tibieza de los socialistas en el periodo de la Gestora contrasta con el colmillo que Sánchez enseña ahora al partido de Gobierno. Desde su investidura el pasado noviembre, Rajoy ha logrado afrontar los retos de la legislatura. La reprobación de tres de sus ministros –Jorge Fernández Díaz, Rafael Catalá y Cristóbal Montoro– no ha cambiado demasiado el rumbo del Gobierno, que se ha enfrentado en los últimos meses a una moción de censura fallida impulsada por Podemos y con el apoyo de ERC, EH Bildu y Compromís.

La vuelta de Pedro Sánchez marca ahora un nuevo pulso en el Parlamento, donde el PSOE será protagonista en el cambio de rasante del escenario político nacional. La declaración de intenciones del nuevo líder socialista complica el camino a Mariano Rajoy, que tendrá que enfrentarse a un bloque que coge forma y que está liderado por PSOE y Podemos, que desde julio han entablado una ronda de contactos para acercar posturas. En el horizonte sobrevuela otra moción de censura, una opción que Iglesias espera con ansiedad y que Sánchez afronta con más realismo: los socialistas no darán un paso en falso hasta no tener los cabos atados.

El PSOE de Sánchez protagoniza el cambio de rasante parlamentario a partir de septiembre

La primera fuerza de la oposición tiene además otra batalla: la pugna con Podemos por la hegemonía de la izquierda. La táctica de los socialistas consiste, por el momento, en alinearse con Iglesias sin llegar a comprar sus tesis, y en rentabilizar su condición de partido histórico, utilizando su experiencia como aval para dar solvencia a los pasos de Pedro Sánchez. El Gobierno se enfrenta así a una dinámica impredecible y de calculadora: donde las sumas marcarán cada iniciativa y en la que las posturas del PSOE obligarán a los populares a negociar pactos puntuales con fuerzas minoritarias.

Hasta ahora, Sánchez sí le ha blindado un compromiso político a Mariano Rajoy: el de la unidad frente al desafío soberanista. El PSOE no ha dudado en reafirmar su condición de partido constitucionalista y en mostrarse junto a Rajoy en la batalla legal que emprenderá contra la Generalitat de Carles Puigdemont. Pero tampoco ha desaprovechado la ocasión para lanzar un órdago y desmarcarse de la postura estricta del Gobierno, retándole a abrir “vías de diálogo” antes del referéndum del 1 de octubre, contra la decisión de Rajoy de no adoptar decisiones políticas hasta después de esa fecha.

El giro a la izquierda del PSOE pondrá contra las cuerdas al PP, que ya ha dado muestras de flexibilidad en la primera reunión en el Congreso, donde dos de sus ministros se ofrecieron a prestar declaración voluntariamente para evitar que fuera la oposición quien acorralara a todo el ejecutivo con su mayoría. Si en los primeros compases de la legislatura fueron los partidos de la oposición quienes dieron su brazo a torcer -una legislatura que empezó con el abstención del PSOE y siguió con los desplantes a Ciudadanos-, en este curso Sánchez da la vuelta al calcetín y, con una moción de censura al alcance de su mano, obligará a Rajoy a repensar su papel en el tablero: cambiar las posiciones o aceptar el jaque mate.