Pablo Iglesias, en un acto el Día de la Constitución.

Pablo Iglesias, en un acto el Día de la Constitución. EFE

Política

¿Qué es el 'candidato Borgen' y qué tiene que ver con las elecciones de Cataluña?

«¿Habéis visto Borgen?». Pablo Iglesias lanzaba esta pregunta a un corrillo de periodistas este miércoles tras el homenaje al aniversario de la Constitución en el Congreso de los Diputados. Este nombre ha cobrado especial protagonismo estos días ante la situación de bloqueo que se prevé tras las elecciones catalanas, pero ¿qué es Borgen? Borgen es, para empezar una serie danesa. ¿Y qué tiene que ver con la política española y con las elecciones? Pues que esta serie de televisión relata, a grandes rasgos, cómo Birgitte Nyborg, líder de un partido minoritario, se convierte en Primera Ministra de Dinamarca gracias al apoyo de otros partidos. Y eso es exactamente lo que PSC y Catalunya en Comú Podem quieren conseguir de la mano de sus candidatos, Miquel Iceta y Xavi Domènech. Y aunque ambos partidos buscan ahora ser los protagonistas de la aclamada serie, no es algo nuevo: Ciudadanos ya lo utilizó en 2016, en la campaña para las segundas generales tras la repetición electoral.

La investidura fallida de Sánchez y los difíciles equilibrios para formar Gobierno hicieron a Albert Rivera mirar a esta serie danesa. Ciertas similitudes saltaban a la vista. La protagonista y primera ministra, Birgitte Nyborg, era líder del Partido Moderado que aunaba principios de tradición liberal y de tradición socialdemócrata. Esta combinación concuerda con el partido naranja, que en las generales hizo campaña jugando con esta ambivalencia y defendió el espacio de centro.

En el caso de Cataluña, en cambio, quien se disputa ser el candidato de consenso, el candidato Borgen, no es Inés Arrimadas, líder de Cs Catalunya, sino Iceta y Domènech. ¿Por qué? El acuerdo tiene en este caso una segunda dimensión, y más allá del derecha-izquierda, todo viene marcado por  el eje del nacionalismo. La pugna entre conservadores y progresistas ha pasado hasta cierto punto a segundo plano: lo hizo cuando dos partidos independentistas, uno de derechas -PdeCat- y otro de izquierdas -ERC- se unieron en coalición para formar gobierno. El mismo Govern que más tarde impulsó un referéndum ilegal y que fue finalmente cesado por el Gobierno central.

Un año y medio después de que Albert Rivera soñara con ser el presidente Borgen, la primera serie danesa vuelve a primera línea política a costa de Cataluña. El programa incluso acaparó este miércoles las conversaciones informales entre Iglesias y Pedro Sánchez en el Parlamento, donde el líder de Podemos transmitió al socialista que el «candidato Borgen» sería Domènech, a lo que Sánchez respondió con una sonrisa, según relató él mismo poco después a los periodistas. ¿Quién será el candidato Borgen para Cataluña, el que sea capaz de conciliar con otros partidos para alzarse con el poder? Iceta y Domènech se baten por la etiqueta, y se lanzan acusaciones mutuas para cubrir de descrédito a su adversario.

Sin embargo, el caso español presenta más trabas que la ficción danesa. Empezando por las líneas rojas. Los vetos cruzados hacen difícil un entendimiento necesario para formar Gobierno en Cataluña. Ciudadanos es, según las encuestas, el primer partido no independentista, seguido de PSC, Catalunya en Comú Podem y PP. El partido naranja, que en su ideario tiene la defensa de la integridad territorial del Estado, limita sus posibilidades de acuerdo a las fuerzas constitucionalistas, y estaría dispuesto a un pacto de todas estas fuerzas. Sin embargo, el partido de Podemos en Cataluña ya se ha negado a esto y ha adelantado que no pactará con Ciudadanos, PP ni PdeCat, el partido de Carles Puigdemont. Los de Pablo Iglesias quieren acabar con el veto a los nacionalistas y abogan por un bloque de izquierdas que aúne a ERC y PSC presidido por Xavi Domènech, el candidato morado. Esta sería la primera candidatura Borgen.

Los morados defienden la hipótesis Borgen alegando que Doménech es el único que puede hablar con partidos independentistas y no independentistas, aunque el acercamiento a las tesis soberanistas ha sido precisamente lo que ha llevado al partido de Iglesias a enfrentarse a una de las mayores crisis de su historia, que también ha tenido su reflejo en las encuestas. Los sondeos dejan a Podemos con 9 diputados, al igual que la CUP, pero en una cómoda situación: siendo la bisagra que puede dar el gobierno al bloque nacionalista o al constitucionalista. Consciente de su situación, Domènech muestra las llaves de su casa en todos los actos de campaña y anima al público a mostrarlas también, para hacer alarde de que su partido y su electorado son las llaves para un posible acuerdo.

El problema está en que la  única opción contemplada por Podemos -la unión con los socialistas y ERC- no cuenta con el apoyo del PSC de Miquel Iceta, que ya ha aclarado que no va a apoyar un gobierno con los republicanos. Tras este ‘no’ y ante el inmovilismo de Podemos, el escenario electoral más plausible sería una repetición electoral, una opción que en la cúpula de Iglesias no ven con tan malos ojos.

Por otra parte está la Operación Iceta, con la que el PSOE quiere impulsar a su candidato como futuro president del Parlament. Esgrimen, además, que tienen una posición más cómoda en las encuestas. La última, de El Periódico de Catalunya, le otorga la misma representación que a Ciudadanos y le posiciona como primera fuerza no nacionalista. Ante este panorama, el PSOE se siente suficientemente respaldado para apostar con fuerza con su candidato. Además, y a diferencia de Podemos, sí está dispuesto a entablar diálogo con el resto de fuerzas no independentistas.

Las acusaciones cruzadas han aumentado estos días. Todos buscan ser los protagonistas de Borgen y recurren a ella como la solución al conflicto pero ninguno de los aspirantes parece haber reparado en que la serie danesa no retrata unas líneas rojas tan definidas ni unos vetos tan claros como los que vemos esta campaña. Los acuerdos que consiguió el personaje de Birgitte Nyborg en la pequeña pantalla pasaron por dejar a un lado los reproches y poner delante la voluntad de consenso. Un escenario imposible de imaginar en plena campaña electoral y del que dependerá el acuerdo, con o sin Borgen, tras el 21D.

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