El partido de Pablo Iglesias se enfrenta estos días a una de las mayores crisis de su historia a costa del desafío soberanista y su estrategia catalana. Las encuestas pasan factura a Podemos y le hacen perder hasta una tercera parte de sus votos en el 26J como consecuencia de una cadena de tropiezos discursivos y de puestas en escena fallidas. Más allá de las previsiones electorales, la formación sufre un desgarro interno que Iglesias ha tratado de paliar en las últimas horas, tras los desmanes de la corriente Anticapitalista y de Podem Catalunya. La ambigüedad calculada de Podemos para captar el voto de los sectores soberanistas se ha acabado volviendo en su contra y ha hecho estallar un conflicto entre las distintas sensibilidades del partido.

El intento de Podemos por situarse en un término medio resultó frustrada

La improvisación inicial de Podemos en la cuestión catalana y la falta de una estrategia clara le hizo sufrir sus primeros bandazos antes del escenario del 1 de octubre. De esta indefinición pasaron después a intentar situarse en un punto medio del tablero político, entre los independentistas y los “inmovilistas”, en término en el que situaron a fuerzas como el PP, PSOE o Ciudadanos, ahora bautizados como “bloque monárquico”.

El intento por alcanzar este deseado centralismo resultó frustrado. A la vez que presumían de su “equidistancia” y pedían un referéndum pactado, los tropiezos discursivos del partido y su excesiva connivencia con los partidos separatistas llevó a proyectar en el imaginario colectivo la percepción de que Podemos se encontraba en más cerca del espectro catalán independentista que de la posición de un partido de ámbito estatal y defensor de la unidad territorial. Las críticas internas ignoradas, el cambio de posición respecto al referéndum, la tibieza ante el desafío de Puigdemont o el intento de utilizar la crisis para desgastar al PP forman parte de la cadena de razones que han llevado al partido de Pablo Iglesias al punto actual. Una razones que podrían resumirse, grosso modo, en las siguientes.

  1. Primeras turbulencias: del ‘no’ al 1-O a la “movilización legítima”. La indefinición de Podemos fue el primer error grave que provocó las primeras turbulencias. El cambio de posición en un breve espacio de tiempo puso al partido bajo la sombra de la sospecha. En la universidad de verano de Podemos el pasado julio, Iglesias defendió que si fuera catalán “no iría a votar” en el referéndum del 1 de octubre. Por entonces ya se producían las primeras tensiones importantes con Albano Dante Fachin, líder de Podem, que sí había llamado a participar en lo que consideraba una “movilización legítima”. Semanas después, los primeros espadas de Podemos se retractaron y consideraron el 1-O como un referéndum “legítimo”. “No tenemos que dar una consigna a nuestros votantes -sobre si ir o no a las urnas-, porque a la mitad no le va a gustar y no va a hacer falta”. “Cada uno tiene que hacer lo que quiera”, dijo Pablo Echenique, secretario de Organización, a principios de septiembre. La falta de una explicación clara para este cambio provocó desconcierto social y les puso bajo el foco para los siguientes movimientos.
  2. Cena secreta con Oriol Junqueras y posible pacto con ERC. El cambio de postura de Podemos, del ‘no’ al referéndum a considerarlo como una “movilización legítima”, coincidió en el tiempo con la cena secreta que mantuvo Pablo Iglesias y Xavi Domènech -de Catalunya en Comú- con el líder de ERC, Oriol Junqueras, que se produjo la misma noche de la manifestación por los atentados de Barcelona y Cambrils. En el encuentro, celebrado en la casa del empresario Jaume Roures, se puso sobre la mesa el apoyo de los republicanos para una moción de censura contra Mariano Rajoy y exploraron la posibilidad de una alianza ante unas elecciones catalanas. ERC no tardó en poner requisitos a estas peticiones: sólo investiría a un gobierno que permita un referéndum de autodeterminación. Éste fue un punto de inflexión y las posiciones del partido de Iglesias cambiaron a partir de ahí. Podemos empezó a referirse al 1-O como un acto de movilización legítimo. El secretismo en este encuentro por parte del partido morado, defensor de la transparencia, chocó entre los suyos.
  3. Tibieza ante la hoja de ruta del ‘procés’. “Puigdemont está planteando una hoja de ruta unilateral, que tiene toda la legitimidad del mundo para plantearla, pero que entendemos que no soluciona nada”. Echenique hacía esta afirmación el pasado 6 de septiembre en una entrevista en RNE, donde también evitó cuestionar la legalidad de la Ley del Referéndum, que se aprobó ese mismo día. El partido justificaba el desafío soberanista en la inacción del Gobierno central durante años y evitaba criticar frontalmente a la Generalitat, en un claro contraste con los ataques al Ejecutivo.
  4. El 1-O como arma contra el PP. Podemos ha utilizado cada paso del Gobierno en medio de la crisis catalana para intentar desgastar a Mariano Rajoy; una posición que contrastó con el discurso del PSOE, que sacó un perfil de Estado y se avino a apoyar las medidas pese a las diferencias políticas. En un argumentario interno, el partido morado acusaba a Rajoy de “criminalizar” al pueblo catalán y culpaba únicamente al Gobierno por la crisis catalana: “Nos han traído hasta aquí”. A lo largo de dos meses, han priorizado desgastar al PP y a los socialistas, con el consiguiente acercamiento a las posturas separatistas que finalmente le han pasado factura. Una posición que buscaba, en inicio, atraer a los votantes de ERC y facilitar una alianza con esta formación, y que ha terminado por volverse en su contra.
  5. Identificar las manifestaciones por la unidad de España con la “ultraderecha”. El partido de Iglesias ha sorprendido en los últimos tiempos situando a las manifestaciones por la defensa de la unidad de España en el ámbito de la “ultraderecha”. En un argumentario interno desvelado por El Independiente aseguraba que este tipo de manifestaciones “avivan el conflicto” y estaban “dirigidas por la ultraderecha”. “Lamentamos que en lugar de fomentar, obstaculice el diálogo cuando lo que hace falta para resolver el conflicto es diálogo y mediación”. El pasado fin de semana, Echenique también identificó la concentración en defensa de la unidad territorial con “los que odian a los gays, a los inmigrantes, a los rojos y a los catalanes”. “A lo mejor para unir cosas no es”, dijo en un tweet.
  6. Asumir las peticiones de Puigdemont. Podemos se unió a ERC y Puigdemont para pedir al Gobierno una negociación in extremis con la Generalitat a apenas dos semanas del referéndum, cuando la maquinaria del procés ya estaba en marcha y cuando los catalanes en el extranjero incluso habían votado ya.  También anunciaron un recurso ante el Tribunal Supremo para que suspendieran lo que consideraban una “intervención” del Gobierno en Cataluña cuando el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ordenó a la Generalitat enviar una relación de gastos e ingresos. Una denuncia que también había partido desde sectores independentistas. Iglesias también se sumó a los partidos soberanistas para pedir una mediación internacional entre Rajoy y Puigdemont una vez consumado el referéndum del 1 de octubre.
  7. Subestimar el poder de las ‘fotos’. En medio de la crisis catalana, a Podemos se le ha vuelto en contra una de las herramientas que mejor sabía manejar: el aspecto mediático y audiovisual. Los dirigentes morados han protagonizado en las últimas semanas media docena de fotografías con dirigentes únicamente de partidos independentistas. Por diferentes razones, se han sumado a las peticiones de PdeCat o ERC y han protagonizado distintos actos con ellos, subestimando el valor de la imagen y su impacto en el público, sin tener en cuenta el desconcierto que podría generar. Es lo que ocurrió cuando pidieron en el Congreso la libertad de los 14 altos cargos del Govern detenidos  por la preparación de la consulta ilegal y denunciaron que se trataban de “presos políticos”. Una ‘foto’ a la que después se sumaron otras muchas.
  8. Guiño al separatismo de Iglesias en la Diada. El 11 de septiembre, una cita de especial relevancia para el independentismo, Pablo Iglesias acudió a Cataluña. En su discurso, evitó vertir cualquier tipo de crítica o análisis sobre el referéndum convocado por Carles Puigdemont y se centró en sus ataques al PP. Al final de su intervención, el líder de Podemos cerró con una consigna utilizada tradicionalmente por quienes reivindican la autodeterminación catalana: “Visca Cataluña libre y soberana”. Un guiño a estos sectores bajo el riesgo de generar confusión en su electorado. En el mismo discurso, propuso a ERC un referéndum pactado si le respaldaba en una moción de censura.
  9. A solas con el independentismo: En medio de una de las mayores crisis de la democracia, Podemos trató de llevar la iniciativa para reforzar su postura de referéndum pactado con el Estado y con garantías. Con este objeto han organizado una serie de actos que finalmente han fracasado estrepitosamente, con la ausencia de los partidos constitucionalistas y la única presencia de Podemos y dirigentes de formaciones partidarias de la independencia. Éste fue el caso de la Asamblea de Parlamentarios de Zaragoza, a la que sólo asistieron representantes de Unidos Podemos y sus confluencias, además de PdeCat, ERC, Compromís y PNV. Algo parecido ocurrió en la manifestación pro referéndum que organizaron en la Puerta del Sol de Madrid. Además de suponer un estrepitoso fracaso de convocatoria, allí solo acudieron representantes de Podemos, Compromís, Ahora Madrid y PdeCat.
  10. Represión post- referéndum: “Ningún argumento justifica el uso de la violencia contra la población civil. Se ha cometido un daño irreparable no sólo a Cataluña, sino a España”, dijo Pablo Iglesias el mismo día del referéndum, el pasado 1 de octubre: “No es ilegal que los ciudadanos depositen una papeleta en las urnas”, sino “usar pelotas de goma”. La estrategia post-referéndum de Podemos ha consistido en acusar al Gobierno de “represión” por las imágenes vistas durante la jornada en la que la Policía Nacional y la Guardia Civil trataba de impedir las votaciones frente a la pasividad de los Mossos. Mientras denunciaban duramente estos hechos, obviaban la convocatoria ilegal de Carles Puigdemont y le eximían de toda responsabilidad, aunque no avalaban los resultados de la consulta.
  11. “O empezamos a hablar de España o nos va a ir muy mal”. La estrategia catalana de Podemos fue fiada a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que adoptó un discurso más centrado en Cataluña que en clave estatal. Pablo Iglesias siguió puntualmente la línea de los ‘comunes’ para ganar rédito en ese territorio. El precio a pagar era perder apoyos en el conjunto del Estado, según advirtieron algunas voces dentro del partido. Una de ellas fue la de Carolina Bescansa. En reuniones a puerta cerrada, la cofundadora de Podemos expresó estas críticas, que fueron desoídas por la cúpula de Iglesias. “O empezamos a hablar de España o nos va a ir muy mal”, vaticinó, antes de que esta máxima se haya visto confirmada en distintas encuestas. Tras esta disensión, Bescansa fue purgada de una comisión parlamentaria, y la dirigente decidió mostrar abiertamente su posición. Irene Montero le pidió silencio y le abroncó para acallar unas críticas que ahondaron en el partido.
  12. Los gestos de Podem Catalunya. Podem Catalunya ha protagonizado episodios incómodos para la dirección nacional por el peligroso acercamiento hacia el independentismo. El primero de ellos se produjo durante la aprobación de la Ley del Referéndum, cuando una diputada quitó la bandera de España de la bancada del Parlament de la Generalitat. Dirigentes del partido catalán también acudieron a la concentración en la sede de la CUP para impedir el registro de la Policía Nacional, y la cuenta oficial del partido llegó a ofrecer su sede morada a los manifestantes. El último episodio, que ha provocado la ruptura y la intervención de Iglesias de Podem Catalunya, sucedió el viernes, cuando al menos uno de sus diputados catalanes no se opuso a la Declaración Unilateral de Independencia en el Parlament.
  13. Los Jordis, “presos políticos”: La detención de los líderes de las organizaciones soberanistas ANC y Òmnium, Jordi Sánchez y Jordi Ciuxart, provocó una dura reprimenda de Podemos al Gobierno. Los detenidos por impedir la actuación judicial en un registro en la Consellería de Economía de la Generalitat fueron calificados por Pablo Iglesias como “presos políticos” que fueron detenidos por convocar “manifestaciones pacíficas”. Una representación del partido morado incluso se fotografió en la puerta del Congreso de los Diputados con dirigentes de ERC, Compromís, PdeCat y Bildu para pedir la libertad de los acusados por la Audiencia Nacional. Los términos eran compartidos entre todas estas formaciones: “Presos políticos”.
  14. La importancia de la palabra: el 155, una “venganza” del Gobierno. El pasado viernes se produjeron dos hechos casi simultáneos: Puigdemont llevaba a votación y aprobaba en el Parlament la DUI y, horas más tardes, el Senado aprobaba la aplicación “gradual” del artículo 155 de la Constitución. El discurso de Podemos se limitó en un primer momento a censurar la “represión” estatal por esta medida, a la que consideran “inconstitucional”, y a pasar por alto la declaración unilateral, con tímidas críticas por considerarla “ilegal e ilegítima”. Además, asumieron que esta acción respondía a un acto de “venganza” del Gobierno; un término que el propio Carles Puigdemont ha utilizado en su declaración desde Bélgica.