El PP de Madrid está en horas bajas por el escándalo del máster de Cifuentes y, lo que es peor, más dividido que nunca a nivel interno. No lo estuvo jamás durante el férreo control que ejerció Esperanza Aguirre (2004-2016) y consiguió mantenerse aparentemente unido después con la gestora y posterior nombramiento como presidenta del PP de Cristina Cifuentes, cuando la primera estaba asolada por la corrupción de sus antiguos colaboradores.

Hoy, sin embargo, la todopoderosa formación regional -la más importante del PP- se halla troceada entre los adeptos de Cifuentes y los que con la boca -cada vez menos- pequeña la tildan de «acabada» o «muerta políticamente». Reina el desánimo y, por regla general, en el partido nadie quiere que dimita porque obligaría a convocar una nueva gestora, que sería la segunda en un año. Solo que los tiempos no dependen de la bancada de la inquilina en la Puerta del Sol, sin mayoría absoluta: por un lado hay una moción de censura que presenta el PSOE y por otro está la investigación abierta por la Universidad Rey Juan Carlos (URJC).

Cala la idea de que Casado tendrá más puntos contra Errejón que contra una ex jueza muy popular

Tras la comparecencia en la Asamblea, obligada por la oposición, y -peor todavía- su rueda de prensa posterior ante los medios donde la presidenta regional se ha liado y ha admitido un trato de favor de la facultad, varios cuadros del PP madrileño empiezan a sondear posibles sustitutos. Y el más sonado es uno que ya planeaba en el ambiente: Pablo Casado, al que se apuntaba para competir con la aún dudosa Manuela Carmena en el Ayuntamiento de Madrid, ha pasado a ser el favorito a las municipales a serlo ahora de cara a las elecciones autonómicas. La propia Cifuentes puso en valor recientemente a Casado, que presidió las Nuevas Generaciones madrileñas de 2005 a 2013.

Pero ese tique electoral se ha resquebrajado y muchos en el partido creen que Casado haría mejor enfrentándose a Íñigo Errejón que a una ex jueza todavía muy popular a pesar de las divisiones de Ahora Madrid y con una carrera política prácticamente virgen más allá de la alcaldía. Las conversaciones off the record revelan la tendencia: «Haga lo que haga, a Cristina le van a disparar. Así que estaría bien preguntarse si será la mejor candidata en 2019», dice un diputado. «Casado cae bien en cualquier parte, por supuesto», añade.

Haga lo que haga le van a disparar. Hay que preguntarse si es la mejor candidata»

El argumentario popular para el caso del máster falsificado va a consistir en decir «todo queda en manos de la universidad». Y en equiparar la beca de investigación de Errejón (quien incumplió la cláusula de asistencia a la beca en la Universidad de Málaga) con el escándalo que acorrala a Cifuentes. Desde los cenáculos del partido se recomienda la táctica rajoyana de resistir y resistir. «Pero el problema es que cada minuto que pasa viviremos más ataques y más informaciones, y eso a un año de las elecciones puede ser letal», advierte un concejal.

El problema, indican militantes, es que el dúo electoral soñado por Génova está herido de muerte. Y la apuesta de subir a Pablo Casado de Cibeles a la Puerta del Sol es que dejaría una vacante. «Seguramente una mujer lo podría ocupar», declaran las fuentes. «Cantera hay». Otros apuestan por José Luis Martínez Almeida, el abogado del Estado que coordina la bancada popular en el Consistorio y que está en el origen de denuncias al equipo de Gobierno de Carmena como la de BiciMad o el Open de Tenis.

Aguirre habría salido a dar la cara. Cristina lleva dos semanas encerrada»

«Cifuentes surfeaba sobre las cenizas del aguirrismo y ahora se está llevando una lección», dicen acólitos de la otrora lideresa Esperanza Aguirre. «Purgó al partido de aguirristas por los escándalos de corrupción, y eso que ella está señalada por la UCO y podría ser imputada por Lezo«, recuerda uno. Lo cierto es que Cifuentes había logrado controlar todos los resortes, al igual que su predecesora; o, si no controlarlos del todo, mandar sin que nadie la rechistara.

Un ex aguirrista ironiza con las diferencias en la estrategia comunicativa de las dos últimas presidentas: «Esperanza hablaba por los codos, salía a comentar todo de manera hiperactiva, daba la cara, se echaba a llorar si se enteraba que sus colaboradores la habían engañado. Se mostraba ante las cámaras tal como era», evoca. «Cristina, en cambio, ha estado dos semanas encerrada. Dos semanas insoportables. Eso jamás lo haría Aguirre. ¿Y sabes por qué?», pregunta el aludido. «Porque estaba limpia», contesta con una sonrisa cómplice.