Francisco Oya Cámara (Barcelona, 1957) ha cometido dos pecados imperdonables para los inquisidores del nacionalismo catalán: impartir su asignatura en castellano y no seguir en clase como dogma el manual de Historia elaborado por Agustí Alcoberro, el vicepresidente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC). La dirección del IES Joan Boscà, junto al barrio barcelonés de Pedralbes, le ha abierto un expediente disciplinario y le ha prohibido cautelarmente dar clases a los alumnos de Segundo de Bachillerato. «Sólo he intentado ofrecer una visión de la Historia de España y Cataluña que no es la perspectiva canónica del catalanismo político», justifica.

Conocida es su labor al frente de la Asociación de Profesores por el Bilingüismo (APB), pero no tanto otros episodios de su biografía. Durante su etapa universitaria militó en el Partido del Trabajo -de ideología marxista-leninista y pensamiento maoísta- y en las elecciones autonómicas del 21-D iba a concurrir en la lista de la coalición electoral Unidos y Socialistas por la democracia por la circunscripción de Barcelona, candidatura finalmente no proclamada por la Junta Electoral. Ello no es óbice para que le llamen «fascista» en las pancartas que le han dedicado en el instituto y que el nacionalismo supremacista lo haya colocado en la diana por no ser correa de transmisión de la verdad única.


PREGUNTA. 
¿Se siente acosado por la dirección del centro por defender una visión alternativa a la que trata de imponer el separatismo?

RESPUESTA. Más que sentirme acosado es un hecho bastante objetivable que me han acosado. He tenido problemas espectaculares a cuenta de intentar ofrecer una visión de la Historia de España y Cataluña que no es la perspectiva canónica del catalanismo político, que es la que reflejan todos los manuales y especialmente el que hay en mi instituto: el elaborado por [Agustí] Alcoberro, vicepresidente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC). La prensa ha mostrado una serie de pancartas que me han puesto algunos alumnos de la CUP en la valla del instituto y dentro de la clase, han repartido volantes… Y todo con la connivencia como mínimo del director, que en ningún momento ha hecho ninguna investigación ni ha sancionado a ningún alumno por ello. No sólo eso sino que encima me ha abierto un expediente.

Es un hecho objetivable que me han acosado con la connivencia como mínimo del director, que no ha sancionado a ningún alumno»

P. ¿Qué razones aducen para justificar el expediente disciplinario que se le ha abierto?

R. Se justifica con diversas razones, alguna bastante pintoresca. Se dice que yo hago sufrir mucho a mis alumnos sin especificar por qué. También se sostiene que soy un machista, un xenófobo y un homófobo. El expediente da la impresión que lo han sacado, o al menos coincide, con un artículo calumnioso que apareció en un medio catalanista (El Món) sobre mí. El periodista que lo escribió ni siquiera cumplió con el código deontológico elemental de contactar conmigo para contrastar la información. Ya he presentado demanda de rectificación contra ese diario previa a una demanda por derecho al honor.

P. De seguir exclusivamente como referencia el manual de Alcoberro, ¿qué tendría que enseñarle a sus alumnos?

R. Tendría que contarles que, al menos en la época contemporánea, España es un Estado atrasado, violento y opresivo con Cataluña; que el catalanismo político es una ideología extraordinariamente potente que trae la modernidad, el progreso y la democracia. Tendría que contarles también que el catalanismo no tuvo nada que ver ni con la Dictadura de Primo de Rivera ni con el levantamiento del general Franco y, por consiguiente, no podría decir la verdad: el hecho de que Primo de Rivera se levantó porque tuvo el apoyo pleno de la burguesía catalana y que Franco recibió un apoyo extraordinario de Francesc Cambó, que montó un servicio de espionaje a su favor durante la Guerra Civil y que canalizó muchísimos fondos hacia el bando nacional.

Este tipo de cosas no debería decirlas para nada porque evidentemente no aparecen en el libro de Alcoberro. Tampoco que la industria catalana tuvo una protección absoluta por parte del Estado español durante la edad contemporánea y que gracias a eso pudo sobrevivir. Si hubiera habido un liberalismo económico en España y hubieran entrado los productos textiles ingleses, mucho mejores y mucho más baratos, la industria catalana hubiera desaparecido. Por supuesto, tampoco tendría que explicarles que una parte sustancial de los ingresos que obtuvo la burguesía catalana durante el siglo XIX se debió al tráfico de esclavos, con Cuba especialmente. Y todo esto sin ánimo de ser exhaustivo, ni mucho menos.

Con el libro de Alcoberro tendría que decirle a mis alumnos que el catalanismo político es una potente ideología que trae la modernidad, el progreso y la democracia»

P. De momento, se le impide cautelarmente impartir clases a un curso de Bachillerato. Y, en cambio, llama la atención que a los profesores de un IES de Sant Andreu de la Barca denunciados por humillar presuntamente a los hijos de los guardias civiles no se les abriera ni siquiera un expediente informativo.

R. La situación es kafkiana. La Administración educativa no interviene para nada en el caso de los profesores del IES El Palau de San Andreu de la Barca a los que la Fiscalía ha acusado de humillar a los alumnos hijos de guardias civiles mientras que a los que somos constitucionalistas e intentamos matizar la información tergiversada que se da en los manuales se nos abren expedientes. Es el mundo al revés. Es lamentable que esté sucediendo cuando se está aplicando el artículo 155 y, por consiguiente, cuando el responsable directo de lo que sucede es el Ministerio de Educación. Por eso le decía que es una situación un tanto kafkiana.

P. ¿Se considera un represaliado por pensar diferente al nacionalismo?

R. Está constatado por diversos estudios que se han realizado que todos los manuales que se utilizan en Cataluña son adoctrinadores. Es un hecho también que si un profesor se dedica a seguir al dedillo estos manuales, sin intentar matizar la información, no tiene ningún problema. Y también es un hecho que cuando un profesor intenta dar una visión alternativa a la de esos manuales utilizando otro tipo de textos y de materiales didácticos, ese docente sí tiene problema.

P. ¿Teme que el expediente disciplinario pueda terminar en expulsión?

R. Soy funcionario de carrera, tengo mi plaza en propiedad en este instituto y a mí no se me puede expulsar así como así. Habrá que ver cómo se sustancia este expediente y qué es lo que sucede al final. De la misma manera que los profesores interinos tienen muchas más dificultades en este sentido porque la Administración puede dejar de contratarles, con los funcionarios de carrera ya no lo tienen tan fácil.

Si un profesor se dedica a seguir al dedillo los manuales [del nacionalismo], sin tratar de matizar la información, no tiene ningún problema en Cataluña»

P. ¿Se sienten amparados por el Gobierno?

R. Encuentro inexplicable que el Ministerio no esté tomando medidas. Entiendo que a veces los actos de gobierno son lentos y pueden llevar un tiempo, pero nosotros venimos denunciado esta situación desde hace tiempo y el Gobierno sigue sin tomar medidas. Esto me parece grave porque no hay que olvidar que los profesores de instituto somos funcionarios del Estado, no de la Generalitat. Y, por consiguiente, es el Estado el que debe protegernos cuando estamos en esta situación de acoso tan descarada como la que sufrimos en Cataluña por parte de inspectores de la Generalitat y directores de centros.

Sería muy  bueno que nos pusiéramos en contacto todos los funcionarios acosados y represaliados para intentar apoyarnos mutuamente y defendernos ante esta situación. Y lo vamos a hacer. Estoy empeñado en que podamos hacerlo. Esto no quita que la responsabilidad del Gobierno de la nación sigue estando ahí. No es posible dejar desamparados a funcionarios del Estado.

P. ¿Había vivido hasta una situación similar?

R. Si le digo la verdad, he visto varias situaciones similares. Tampoco es una cosa tan extraña para los que llevamos mucho tiempo en la enseñanza en Cataluña. La diferencia es que esto había sucedido cuando era la Generalitat la responsable directa. En cambio ahora está sucediendo cuando es el Ministerio de Educación el que tiene la responsabilidad directa de lo que sucede en Cataluña.

P. ¿Hay más compañeros que piensan como usted pero que no se rebelan por miedo a represalias?

R. No me cabe duda. Por diversos estudios sociológicos que se han realizado, es un hecho que la mayoría de los funcionarios de enseñanza en Cataluña son más bien pro-separatistas. Estamos hablando de un 70 %. Esto es producto de la política de personal que ha desarrollado la Generalitat y ya desde los años 90, con el programa 2.000 de Convergencia, ha procurado que entren solo los profesores con una ideología nacionalista para dar clases en los centros. Si el porcentaje de partidarios del separatismo en la sociedad catalana en general no llega al 50%, en el caso de los profesores de enseñanzas primaria y secundaria se eleva al menos al 70%. Sin embargo, todavía queda una parte sustancial del profesorado que somos constitucionalistas y somos el blanco de todo tipo de ataques en los centros, algunos insidiosos pero no de especial gravedad (colocarles malos horarios, desplazarlos a institututos que están lejos de sus domicilios…) y otros de acoso directo.

Es inexplicable que el Ministerio no esté tomando medidas; el Estado debe protegernos antes situaciones de acoso tan descarada como la que sufrimos en Cataluña»

P. ¿Qué ocurrirá entonces cuando se levante la aplicación del artículo 155?

R. Esa es una buena pregunta. No podemos ser muy optimistas. Si en plena aplicación del 155 están sucediendo estas cosas, si volvemos a tener un gobierno nacionalista en Cataluña podemos temernos lo peor en el sentido de que se inicie una auténtica caza de brujas, si es que no se está iniciando ya. Es urgente que el Gobierno de la nación prevea las medidas y los protocolos de protección a sus funcionarios.

P. ¿Cómo debería protegerles?

R. Estaría muy bien que se abrieran expedientes al menos informativos ante situaciones que se hayan denunciado, como acoso a los docentes. Esto para empezar. Y que de alguna manera el Gobierno pudiera dar instrucciones a los fiscales para que fueran receptivos a este tipo de denuncias.

P. ¿Conoce que se haya abierto algún expediente por acoso a profesores en Cataluña?

R. Conozco unos cuantos casos porque, además de ser profesor en ese instituto, soy delegado sindical de CSIF. Y tenemos sobre la mesa varios casos de acoso. Tenemos que llevarlo con mucha confidencialidad porque esos profesores se sienten inseguros, se sienten algo asustados por todo lo que está pasando y porque algunos no son funcionarios de carrera, con lo cual las represalias podrían ser inmediatas por parte del Departamento de Enseñanza. A poco que podamos vamos a hacer públicos más casos de acoso en los centros.

Hay alumnos fanatizados que no quieren conocer los hechos reales; sólo les interesa la propaganda política que les han suministrado hasta ahora»

P. ¿Cómo reaccionan sus alumnos en clase?

R. Con los alumnos sucede como con la sociedad catalana en su conjunto: existe una fractura absoluta. Hay alumnos que son abiertamente separatistas y están absolutamente fanatizados y no quieren conocer los hechos reales, sólo les interesa conocer la propaganda política que les han suministrado hasta ahora.

Y, por otro lado, hay alumnos que se muestran ya críticos con todo esto, que se sienten descorazonados por las explicaciones que se les dan y lamentan que no se les pueda dar clase en castellano. Con la diferencia de que estos alumnos críticos no se manifiestan tan abiertamente por miedo a las represalias. Veo claramente que entre el alumnado hay una fractura cada vez más clara ante estas cuestiones, como ocurre con el resto de la sociedad catalana.

Pancarta contra el profesor Francisco Oya dentro de un aula del IES Joan Boscà de Barcelona.

P. ¿Qué papel han tenido en ese adoctrinamiento, a su juicio, los medios de comunicación dependientes de la Generalitat de Cataluña?

R. Los medios de comunicación públicos de Cataluña han tenido en general un papel bastante nefasto. Estamos hablando de TV3, la radio dependiente de la Generalitat y la prensa subvencionada. Han contribuido poderosamente a ofrecer la visión del mundo, la cosmovisión del separatismo, prescindiendo de cualquier otra. Y ello ha influido mucho.

Sin embargo, hay que decir que hay una pluralidad de medios informativos y aquella persona que no quiera ver TV3 puede cambiar de cadena. En cambio, no existe esta libertad dentro de la enseñanza. Sólo hay una red escolar dependiente de la Generalitat, con un programa y un número limitado de editoriales cuyos manuales son adoctrinadores. No hay ninguno que ofrezca una visión plural de la Historia de España y de Cataluña.

P. ¿Y el Estado no ha podido hacer nada durante años para frenar esta situación que usted describe?

R. En los últimos 20 o 30 años, el Estado no solamente no ha hecho nada sino que ha ido teniendo paulatinamente menos presencia en Cataluña. Le podría poner muchos ejemplos. Sin ir más lejos, el Ministerio de Cultura tuvo durante años una magnífica librería donde había todo tipo de materiales editados por los diversos ministerios en una zona céntrica de Barcelona. Esa librería desapareció y, en cambio, se abrió una dependiente de la Generalitat para vender libros en catalán en la calle Serrano de Madrid. Esto es simplemente un ejemplo. El Estado ha desaparecido prácticamente de Cataluña, con lo cual la única visión que tiene el ciudadano de a pie es que los que mandan son los catalanistas desde el gobierno de la Generalitat.

Esto es un tema que es preciso que se rectifique, que haya una presencia cada vez mayor del Estado en Cataluña y sería muy conveniente que se arbitraran medidas para que hubiera una oferta plural de enseñanza en Cataluña. Me estoy refiriendo a la posibilidad de que se estableciera una doble red escolar como había en la época de la Segunda República: una red que impartía las clases en catalán y la red de enseñanza del Estado, con clases en castellano y dependiendo exclusivamente del Ministerio. Esa sería una solución.

En los últimos 20 años, el Estado no solamente no ha hecho nada sino que ha ido teniendo paulatinamente menos presencia en Cataluña»

P. Eso supondría una cierta merma en las competencias en materia de educación a la Generalitat, ¿no?

R. No, no, no. La Generalitat seguiría con sus competencias, pero habría otra red paralela dependiente del Estado y los ciudadanos se apuntarían a la que quisieran. Otra posibilidad que plantean algunos grupos políticos sería retirar las competencias de educación a la Generalitat y que el Estado tuviera el exclusivo uso de una única red escolar. Son dos posibilidades de actuación. La situación no puede continuar así. De lo contrario, en unos años la mayor parte de la población habrá sido ya adoctrinada y será imposible si no es ya por medios prácticamente de guerra civil que Cataluña siga integrada en el conjunto de España.

P. ¿Tiene esperanzas en que se vayan a adoptar medidas?

R. A corto plazo no estoy muy seguro, lamentablemente. A medio plazo, el Gobierno de la nación, sea del signo que sea, no tendrá más remedio que coger el toro por los cuernos e introducir una serie de cambios importantes en el sistema educativo.