Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se abrazan tras finalizar la votación de la moción de censura contra Rajoy. EFE

Política

Iglesias, el aspirante a ‘consigliere’ de Sánchez

El líder de Podemos aprovecha la debilidad de Sánchez y vuelve a la estrategia de la 'seducción'

Del ‘no’ a la investidura de Pedro Sánchez en 2016 a presentarse ahora como su mejor aliado. Pablo Iglesias escenifica estos días el nuevo rol de Podemos, que mientras tiende una mano al PSOE, hace números con la otra. Entre halagos y admoniciones, el líder de Podemos ha procurado esta semana proyectarse como el verdadero candidato presidenciable, en contraste con un Sánchez solo y necesitado de apoyos. El líder de Podemos busca capitalizar sus 67 diputados a costa de marcar el camino al que es el líder del Ejecutivo artiméticamente más débil de la Historia de la democracia. Busca el papel de ‘consejero’ del presidente y aspira en realidad a tener luz verde para entrar en el Gobierno.

La intervención de Iglesias este jueves en el debate de la moción de censura supuso una enmienda a la totalidad a su estrategia de 2016. Aquel año Podemos exigió entrar en el Gobierno y ocupar ministerios a cambio de brindar su apoyo al líder socialista, frustrando la oportunidad de un Gobierno del PSOE que hubiera evitado la llegada de Mariano Rajoy a Moncloa.

La intervención de Iglesias este jueves supuso una enmienda a la totalidad a su estrategia de 2016

La referencia de Iglesias a este pasado reciente tuvo tintes de perdón. “Más vale tarde que nunca”, reconoció este jueves, con un mea culpa que busca tejer nuevos lazos y aparentes lealtades hacia el nuevo presidente. “Le quiero pedir disculpas si no he sido capaz de trabajar con usted de manera más eficaz”, se dirigió Iglesias al líder socialista. “Quizá sí lo hubiera sido nos hubiéramos podido ahorrar ciertas cosas”, continuó. El diputado rebaja así el tono hacia el PSOE un año después de declarar la guerra al partido de Pedro Sánchez, a quien decretaron no dar “ni un minuto de descanso” en su documento interno Éramos pocos y llegó Sánchez. 

Ahora Iglesias no sólo no pone ninguna condición sino que emprende una estrategia de seducción. El dirigente se esmera en cuidar el trato personal hacia el nuevo líder del ejecutivo, a quien ahora envuelve en halagos y ofrece lecciones de estrategia política, sacando su perfil acuñado durante sus años de profesor universitario. “No puede ser humillado por los corruptos, tiene que parecer presidenciable, señor Sánchez”, recomendaba Iglesias desde la tribuna del Congreso al que minutos después se convertiría en presidente del Gobierno.

En unos meses Iglesias ha protagonizado un giro de 180 grados en su relación con el Partido Socialista, y lo hace frente a algunos  sectores de su formación, como la corriente Anticapitalista, que ha llamado a los morados a mantenerse en el papel de “conflicto y confrontación” para “presionar fuertemente a un gobierno débil”. El secretario de Podemos, que hace año y medio optó por elevar las condiciones a Sánchez ante las buenas perspectivas electorales, se acerca ahora a las tesis del ex número dos del partido, Íñigo Errejón. El ‘no’ de Unidos Podemos a Pedro Sánchez supuso la ruptura definitiva entre ambos que meses después se materializó en la batalla fraticida de Vistalegre 2.

Después de aquella Asamblea, Iglesias se propuso como meta probar su gobernabilidad y ensayar alianzas con los socialistas para asaltar el poder en territorios como Castilla-La Mancha, donde su secretario general, José García Molina, entró como vicepresidente en el ejecutivo autonómico de Emiliano García Page. Una circunstancia que el secretario general de Podemos recordó al nuevo presidente desde la tribuna. “Hemos trabajado juntos en comunidades autónomas y en ayuntamientos, y nos ha ido bien. Desde aquí le propongo que ganemos juntos las próximas elecciones”, le invitó Iglesias, en una nueva referencia para formar un “gobierno fuerte” que resulta imposible únicamente con los 84 escaños socialistas. “Demuestre que puede tener un gobierno más fuerte que el del PP”.

La bancada morada asumió como propio el éxito de la moción de censura, coreando el ¡Sí se puede! desde su escaño en el Congreso de los Diputados y con un aire triunfal que contrastaba con el gesto más moderado de la bancada socialista. Podemos se arroga el éxito de la iniciativa, un año después de “plantar una semilla que hoy da sus frutos”, en referencia a la moción de censura fallida de hace ahora un año.

El propio Iglesias se dibuja como el responsable del éxito de Sánchez, como defendió en la tribuna. “Llevamos tiempo intentando convencer a los distintos partidos de que la única salida es un gobierno progresista que sea capaz de dialogar con las fuerzas catalanas. Entre hoy y mañana el camino que llevamos señalando como única alternativa al modelo de PP y Ciudadanos se va a hacer realidad, por eso estamos muy satisfechos y muy contentos”.

Lo cierto es que Sánchez presentó la moción de censura tras una campaña de presión de Podemos y unas horas después de que Iglesias le animara directamente a hacerlo. “La sentencia de la Gürtel de hoy debería tener como respuesta una moción de censura de la oposición. Estamos dispuestos a apoyar a Pedro Sánchez si la presenta. La democracia no puede soportar delincuentes a los mandos del Gobierno”, venía a expresar el líder de Podemos sólo un día antes de que el ahora presidente registrara dicha moción.

Sánchez siguió esa senda y Podemos continúa con la estrategia de marcar los pasos del socialista. Una mano tendida que el PSOE no puede tomar ni rechazar del todo: los morados son aliados necesarios para aprobar iniciativas en el Congreso, y al mismo tiempo son su principal rival en el electorado de izquierda. El equilibrismo político de Podemos y PSOE en los próximos meses tiene ahora un punto de partida: el primero ha iniciado una fase de cortejo para entrar en el Gobierno, y el segundo se deja querer, mientras no haya compromisos sobre la mesa.

Esta etapa que da sus primeros pasos tendrá que tomar forma en las próximas semanas: si la sintonía se traduce en acuerdos de Gobierno, Podemos mantendrá un perfil más duro para justificar su entrada a un Ejecutivo formado por una fuerza del ‘régimen del 78’. En caso de que no se produzca, los de Iglesias mantienen que harán labor de “oposición”. La dureza de esta labor dependerá de las concesiones que ofrezca Sánchez desde su nuevo puesto en La Moncloa.

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