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Otegi, el calor que arropó a Torra en la fría Euskadi

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Otegi, el calor que arropó a Torra en la fría Euskadi
Quim Torra y Arnaldo Otegi.

Quim Torra y Arnaldo Otegi. EFE

Resumen:

En Vitoria hace frío. En ocasiones mucho frío. Ayer el termómetro no lo reconocía pero en Ajuria Enea se sentía, se palpaba. Sí, el frío se puede palpar. En San Sebastián el clima es más amable, y ayer también lo fue. Hizo calor, se sintió, se disfrutó. La delegación de la Generalitat sabía que la temperatura variaría, que la visita tendría dos caras. La fría mañana en la visita institucional en Ajuria Enea y el aliento vespertino rodeado de fieles.

En la Lehendakaritza el frío personal casi se tocaba. El almuerzo con el lehendakari Iñigo Urkullu y la hora larga de reunión, sin apenas acercamiento, no mejoró la temperatura. Tampoco lo hizo la comparecencia posterior ante los medios, cuando el lehendakari apeló a la “distensión” y a la búsqueda de acuerdos en la legalidad. A un metro de él, en el estrado de al lado, seguía haciendo frío, y se detectaba algo de sordera. El president Torra no se dio por aludido, no recogió el guante. Su objetivo era ganarse él a Urkullu. Pero Urkullu no quiere más decepciones, ya tuvo bastante con el que sufrió en su fracasada mediación con Puigdemont.

Pero ayer Quim Torra no quería cambiar de senda. No dudó en instar a Urkullu a visitar a “los presos políticos y exiliados”. También se reafirmó en seguir adelante, “la pantalla de la reforma del estatus ya la hemos pasado”, dijo. Ni rastro de distensión.

Calor abertzale

El intercambio de regalos, el almuerzo frugal- crema de alubias, merluza frita y torrija- en Ajuria Enea, y la reunión de sordos terminaron apenas tres horas después. La incomodidad de ambos fue evidente, Urkullu y Torra hablan distintos idiomas soberanistas.

Pero eso ocurrió en la fría Vitoria. Lo que realmente le hizo sentir el calor de casa estaba por venir. Sucedió a una hora de allí, en San Sebastián, en el Kursaal. Allí a Torra le esperaba el secretario general de EH Bildu, Arnaldo Otegi y los representantes más activos “Por el derecho a decidir” en Euskadi. Media hora de reunión después, en un abarrotado pabellón, cerca de 1.500 personas, ya habían elevado la temperatura al grito de “independentzia, independentzia!!”. Torra por fin sonreía. El preámbulo a su intervención siguió arropándole. En la primera fila, además de la plana mayor de la izquierda abertzale, le esperaba ‘el alma’ independentista del PNV, con Joseba Egibar a la cabeza.

“Somos compañeros de viaje”, proclamó entre aplausos la presentadora del acto de ‘Gure esku dago’. El president seguía sonriendo. “Estamos con vosotros”, proclamaba el portavoz de la plataforma Civil, Ángel Oyarbide. El abrazo dialéctico, lejos de la distancia que poco antes palpó con Urkullu, seguía arropándole.

Oyarbide no dudaba en recordar que el juicio contra los políticos catalanes que comienza en enero “también es un juicio al pueblo vasco”. Más aún, la arenga llegó hasta afirmar que se trata de “un juicio a la democracia”. Para terminar afirmando que a “la regresión” que sufre el pueblo catalán y su derecho a decidir “hay que hacerle frente de forma masiva. Hay que movilizarse por una democracia verdadera y una justicia justa. Hay que pasar de la solidaridad a la cooperación”.

Guiños a Euskadi

Ha pasado media hora y es su turno. Todos en pie, Otegi y Egibar incluidos, reciben al protagonista que corresponde con un «eskerrik asko” que completa con un “disculpas por mi vasco”. Y se arranca con las primeras frases en euskera… Primer guiño, “pocas noches como la de hoy me he sentido más orgulloso de representar a mi país, pueblo vasco y catalán siempre andaremos juntos hacia la libertad”.

Después llegó el discurso con todos los mensajes que de modo reiterado ha lanzado el independentismo. El riesgo de ruptura de la cohesión social en Cataluña, cosas de los ‘unionistas’, “no existe”, dijo. Y un rosario de frases épicas, “Su deseo de venganza es nuestra semilla de libertad”, “sonriamos porque vamos a ganar” y apelaciones directas “a los pueblos de España para que invadan sus calles con reivindicaciones en favor de un referéndum sobre la monarquía y la República.

No faltó en su mano tendida a la izquierda abertzale reiteradas llamadas a seguir juntos en el camino hacia la independencia. Y en especial a Otegi y el resto de procesados por el ‘caso Bateragune’ cuyo proceso puso en duda el Tribunal de Estrasburgo, “Gracias por vuestra lucha”.

El discurso estuvo dirigido en gran medida para desacreditar el juicio contra los “presos políticos”, la “venganza” del Estado. Un juicio en manos de “una Justicia sedienta de venganza” enfrentada a un proceso en el que “no vamos a aceptar ninguna sentencia que no sea la absolución”. Los ataques sonaron a repetidos, “las palabras como exilio o prisión vuelven a sonar con fuerza, no es una involución, simplemente se ha caído la máscara de la falsa transición”.

Sin vuelta atrás

Torra insistió en que ya no hay vuelta atrás, que los pasos dados no se reconducirán, que el objetivo es seguir construyendo la República, “hemos decidido retomar la iniciativa”. Una iniciativa que invitó al independentismo vasco para llevarla de forma conjunta a Europa, “¿nos lo planteamos?”. Y aseguró que el procés tiene ya un reconocimiento “internacional, a mi cientos de personas me paran cuando voy por Bélgica o Francia”, dijo. “¿Por qué tenemos que resignarnos al ‘no’ perpetuo del Estado?”.

Y a Sánchez le volvió a advertir que el independentismo catalán “no le aprobará los presupuestos”. Con el nuevo gobierno” todo sigue igual que como lo dejó Rajoy”. Defendió la victoria que supuso el 1-O “el día que el Estado fracasó y fracasará una y otra vez”.

Y así, durante una larga hora que terminó con Torra al grito de “Gora Euskadi askatuta” y el canto del ‘Els segadors’ y el ‘Agure zaharra’ que los presentes, papeleta en mano, tararearon al son de Kepa Junquera. Para entonces, el president ya había entrado en ebullición independentista y se atrevió a cantar en euskera, como lo hizo en varias ocasiones a lo largo de su intervención. Así transcurrió la primera visita institucional de Torra, entre el frío vitoriano y el calor donostiarra y sin que de regreso a Cataluña nada hubiera cambiado.

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