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Un grupo de manifestantes pro europeístas ante el Parlamento británico. EFE

Internacional, Política

Diez claves para entender el Brexit en una semana crucial

Si el Parlamento rechaza el Acuerdo, como se prevé, May ha de presentar un plan B, pero sin margen de maniobra con la UE, salvo pedir una prórroga, incluso para volver a votar

Una semana en política puede ser una eternidad. Lo decía el que fuera primer ministro laborista británico Harold Wilson y bien lo sabe la actual premier, Theresa May. La líder conservadora pidió más tiempo a Papá Noel para afrontar la salida del Reino Unido de la UE. El Acuerdo que alcanzó con los Veintisiete el 25 de noviembre ha chocado con el escollo del Parlamento británico, donde finalmente el martes 15 de enero se someterá por fin a votación. Si no hay milagro de última hora, May fracasará en este primer intento.

Pero ahí no acaba este thriller, que tiene pendiente de un hilo a los Veintiocho y más allá. El primer ministro japonés, Shinzo Abe, se lo decía a May la pasada semana en Londres. “El mundo entero os está mirando y confía en que evitéis una salida sin acuerdo”. Quedan poco más de 70 días para el 29 de marzo, la fecha en la que el Reino Unido debería hacer efectivo su divorcio de los Veintisiete.

De momento nadie sabe cómo acabará el serial. Son múltiples los escenarios y la tensión dramática aumenta cada día. Acaba de estrenarse una película sobre cómo se fraguó el Brexit con un título desesperanzador, Brexit, the uncivil war (la guerra incivilizada), pero premonitorio si atendemos a los sucesos de los últimos días.

En la película, que puede verse en España en HBO, se describe la batalla política y mediática entre los artífices del Brexit, con sus juegos sucios y descomunales mentiras, frente a los defensores de un Reino Unido en la UE, desbordados por las nuevas formas de propaganda.

En la realidad, una diputada europeísta, Anna Soubry, fue abucheada recientemente en plena calle al grito de “nazi” y “fascista”. Soubry, que estaba en plena entrevista, terminó diciendo: “Esto es lo que está pasando en nuestro país”.

También fue zarandeado Owen Jones, icono de la izquierda británica y autor de The Establishment, a quien reprochaban engañar a la población con sus artículos. Uno de estos pendencieros activistas pro Brexit era James Goddard, defensor de que el Reino Unido expulse a todos los musulmanes. Los agitadores del odio y el miedo van a seguir dando guerra.

En esta semana crucial, preludio de un año en el que vamos a vivir peligrosamente, señalamos diez claves para orientarnos sobre qué significa ahora Brexit. La tautología de May (Brexit es Brexit) es, más que nunca, un enigma.

1. De dónde venimos: el socio díscolo

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Cuando la Unión Europea ha demostrado su sentido como alianza que garantiza la paz entre sus socios así como su bienestar, el segundo miembro por población y PIB, y una de las dos potencias nucleares, quiere abandonar el hogar comunitario.

La campaña pro Brexit se apoyó en datos falsos y sucia propaganda pero había un sustrato anti europeísta en gran parte de la población británica, lo que explica que aún después de conocer el abismo al que se aproximan un 38% prefiera dejar la UE

Reino Unido es el primer país que quiere dejar la Unión Europea y para ello ha invocado el artículo 50 del Tratado de Lisboa que permite el proceso. Sin embargo, si algo hemos aprendido desde que los británicos votaron a favor del Brexit el 23 de junio de 2016 (51,9% a favor y 48,1% en contra, una diferencia de un millón de votos) es lo extraordinariamente complejo que resulta romper una relación de 40 años, forjada entre 28 países. Para algunos incluso aún se antoja imposible.

En el blog del Real Instituto Elcano, el investigador senior Federico Steinberg señala que puede resultar sorprendente que “en el actual contexto de crisis constitucional británica –aunque no haya constitución escrita– tanta gente siga sin ver claro que el Brexit es un camino hacia ninguna parte”. Y añade que “el Reino Unido siempre fue un socio extraño en la UE”.

Recuerda Steinberg cómo los británicos se quedaron fuera en el arranque en 1957 y cómo Winston Churchill concibió al final de la Segunda Guerra Mundial unos Estados Unidos de Europa como garante de la paz pero sin incluir al Reino Unido. Cuando se dieron cuenta de que realmente su poder en el mundo estaba en decadencia, quisieron entrar y lo hicieron en 1973.

“Para los británicos, cada dossier europeo debía ser analizado en términos coste-beneficio. Esta estrategia les ha llevado a gozar de una situación especial en la UE”, dice Steinberg

“El Reino Unido siempre ha tenido una visión transaccional de su pertenencia a la Unión…Para los británicos, cada dossier europeo debía ser analizado en términos de coste-beneficio, y esta estrategia les ha llevado a gozar de una situación especial dentro de la UE”, escribe Steinberg.

Cuando después de la crisis del euro, llegó la hora de potenciar la integración, dieron un paso adelante los euroescépticos. La oleada de xenofobia, alentada tras la crisis de los refugiados del verano de 2015, terminó de cerrar el círculo de un deseo de huida, que es una bomba de relojería para el Reino Unido, sobre todo, pero también para los Veintisiete.

En la consulta de 2016 los británicos formularon un deseo, irse de la UE, con el que rompen un contrato sin saber en qué condiciones ha de hacerse. La campaña del referéndum fue una guerra nada civilizada, como clama la película, que ha dejado al país más dividido y más débil.

2. Dónde estamos: el 15-E

Después de más de dos años de negociaciones, los Veintisiete y la primera ministra, Theresa May, llegaron a un Acuerdo sobre la salida del Reino Unido de la UE el 25 de noviembre de 2018. “Es un momento triste y una tragedia”, reconoció el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker.

Entre otras cuestiones, el acuerdo fija el coste del divorcio (unos 55.000 millones de euros), establece un periodo de transición hasta diciembre de 2020, prorrogable, en el cual se negociarán los términos de la relación futura, y evita la frontera interirlandesa.

Esta cuestión es la que más oposición suscita porque se establecen garantías (backstop) en virtud de las cuales el Reino Unido seguirá en el mercado interior mientras no se establezcan los términos de la nueva relación con la UE. Es una medida temporal, en principio, y depende de las dos partes para su aplicación. Es lo que solivianta a los brexiters que se ven ligados a la UE sin tener ni voz ni voto.

Pero es lo que hay; es la única fórmula posible de momento para que no haya una frontera que haga saltar por los aires los Acuerdos de Viernes Santo. Los Veintisiete solo están dispuestos a hacer aclaraciones sobre esta cuestión, pero no están dispuestos a renegociar.

Estamos muy preocupados porque no hay avances… No hay ni margen ni tiempo para renegociar”, afirma Jesús Carmona

“Desde Bruselas y Estrasburgo la semana se ve muy complicada. Estamos muy preocupados porque no hay avances y no hay tantas opciones, mientras el tiempo sigue corriendo”, señala Jesús Carmona, jefe de estudios sobre el Brexit en el Parlamento Europeo. “No hay ni margen ni tiempo para renegociar”, añade. El Parlamento Europeo ha de dar también luz verde al Acuerdo.

Tras perder a una decena de ministros, entre ellos dos titulares de la cartera del Brexit (David Davies y Dominic Raab), May logró que su gobierno aprobara el Acuerdo. May mantiene machaconamente que las opciones son tres: este acuerdo, no acuerdo o quedarse en la UE (deal, no deal or remain).

Antes del receso navideño, May se impuso en una moción de confianza de su grupo conservador. Ofreció no volver a presentarse en las próximas elecciones. Se salvó pero quedó en evidencia la enorme ruptura entre los conservadores; 117 diputados votaron en contra de May y 200 a favor.

En diciembre, la premier forzó que se retrasara el voto en el Parlamento hasta la próxima semana, con el argumento de que iba a volver a negociar con los Veintisiete. Después de cientos de horas de debate parlamentario, llegaremos al martes 15 de enero.

Los cálculos anticipan que no logrará el apoyo suficiente, ya que rechazan el acuerdo los laboristas, que cuentan con 257 escaños aunque habrá disidentes, sus aliados unionistas (10) y, sobre todo, más de un centenar de conservadores. A ellos se suman los nacionalistas escoceses que se plantean un nuevo referéndum de independencia si se consolida del Brexit. En Escocia voaron a favor de quedarse.

Depende de cuál sea el margen de la derrota habrá más o menos posibilidades de seguir adelante con el Acuerdo, con clarificaciones o algún retoque, en nuevas votaciones.

3. El órdago de May

Con el Brexit May se ha convertido en una maestra en el arte de la procastrinación. Va posponiendo la toma de decisiones y gana tiempo con la intención de que sea evidente que no hay alternativa al Acuerdo fraguado con los Veintisiete salvo el abismo.

Sin embargo, un parlamentario de su grupo, pero favorable a un segundo referéndum, Dominic Grieve, con la ayuda del speaker, el muy singular John Bercow, le han jugado una mala pasada en esta primera ronda de sesiones de enero.

Grieve, ex fiscal del Estado, ha planteado una enmienda para que si el acuerdo de May es rechazado el martes, tenga que presentar un plan B en tres días. May habría dilatado esa posibilidad al máximo, 21 días, pero ya ha perdido esa baza. Los medios británicos subrayan estos días cómo el Parlamento ha recuperado el control del Brexit, si bien su margen de actuación es limitado, dado que Bruselas no va a renegociar.

El problema es que nadie sabe qué podría contener ese plan B que lograra el apoyo de una mayoría en el Parlamento. Eulalia Rubio, investigadora en el Instituto Jacques Delors de París, considera que ese plan B podría ser “un ‘no deal’ manejable. De momento parecen muy optimistas sobre un ‘no deal’. Eso supondría que May renunciaría a su plan”.

Según Carlos Campillos, cofundador de Con Copia a Europa, “por un lado, esto puede suponer que los británicos aún no han entendido que la UE no va a entrar en una negociación de otro acuerdo a estas alturas. Por otro, puede ser una forma de evitar un escenario de no acuerdo”.

Quizá nos encontremos con un órdago final de May: convocatoria de segundo referéndum o de elecciones”, afirma Campillos

“Como May no puede bajar los brazos si el Acuerdo se rechaza el 15, sino que debe presentar una alternativa a la ruptura sin acuerdo, y que lo más probable es que la UE no quiera modificarlo, quizás nos encontremos con un órdago final de May: convocatoria de segundo referéndum o de elecciones generales”, añade Campillos.

Steinberg, sin embargo, cree que antes del 29 de marzo la Cámara de los Comunes votará a favor del Acuerdo, si bien señala que en este caso cualquier previsión es aventurada. “El martes lo van a rechazar pero antes del 29 lo van a aprobar. Quizá la Comisión haga un anexo, como el tema de Gibraltar. Podría ser una aclaración sobre el backstop. Si cae la libra, y se extiende la sensación de miedo, puede aprobarse”, afirma el investigador del Real Instituto Elcano.

4. Hacia dónde vamos: 29-M o prórroga

May reitera machaconamente que su objetivo es que el Reino Unido salga de la UE el 29 de marzo y que la única vía es el Acuerdo ya pactado. Para lograrlo incluso está intentado seducir a algunos laboristas y ha convocado a los principales sindicatos.

Asimismo, uno de sus ministros, Jeremy Hunt, de Exteriores, ha sugerido que si no consiguen el apoyo necesario, el Reino Unido podría quedarse en la UE. Habla de la “parálisis del Brexit”. El Tribunal de Justicia de la UE ha facilitado esta opción, ya que ahora solo depende de Londres suspender la activación del artículo 50. Tendría un coste político elevadísimo a no ser que se hiciera en una situación límite o hubiera consenso.

Son escasas las opciones que se ven factibles desde Bruselas. “Si el Acuerdo no se aprueba en Londres, un escenario en el que nos hemos volcado los dos últimos años, aparecen varios planes B en los que no hemos estado trabajando”, explica Jesús Carmona. “Una opción puede ser que May pida una prórroga y que los Veintisiete se la concedan por unanimidad. No se opondrían. Sería para convencer a los parlamentarios británicos, no para renegociar”, añade.

Si el Acuerdo no se aprueba, una opción es que May pida una prórroga, pero no sería para renegociar”, señala Carmona

La prórroga, que también sería necesaria en caso de un segundo referéndum o elecciones, debería ser limitada. El 26 de mayo hay elecciones al Parlamento Europeo y lo lógico es que el Reino Unido, si no se va a quedar en la UE, ya estuviera fuera o no participara.

Carmona alude a otras opciones, que también necesitarían esa prórroga, como el segundo referéndum o las elecciones, o la suspensión de la retirada. La salida sin acuerdo sería un escenario catastrófico, a su su juicio, difícil de amortiguar.

5. Qué quiere la oposición laborista.

Su líder, Jeremy Corbyn, desea que se celebren elecciones de nuevo. No se descarta que plantee una moción de censura, aunque no cuenta con apoyos suficientes. Los laboristas tienen 257 escaños en los Comunes.

Sin embargo, los laboristas están tan divididos como los conservadores sobre el Brexit. “Gran parte de voto laborista es pro Brexit. No han querido decir que quieren un segundo referéndum, porque Corbyn no quiere y muchos de sus votantes sí quieren el Brexit. Están divididos internamente. Pero no hay un plan alternativo. Un gobierno laborista habría llegado al mismo acuerdo que May”, afirma Federico Steinberg.

Si hubiera elecciones, Corbyn debería dejar claro si convocaría un nuevo referéndum o no, y muchos de los que apoyan que se consulte a los ciudadanos de nuevo se verían decepcionados si Corbyn no diera el paso.

6. Qué exigen los ‘brexiters’

Los partidarios de la salida, sea como sea, tuvieron su oportunidad al reunir las 48 cartas necesarias para intentar revocar a May como primera ministra y líder conservadora. Jacob Rees-Mogg, promotor de la rebelión, reconoció la derrota. Pero si May dimitiera al verse en un callejón sin salida, saldría a escena el ex ministro de Exteriores, Boris Johnson, muy popular entre las bases pero menos entre los diputados.

A los brexiters no les da miedo una salida sin acuerdo y consideran el pacto que ha alcanzado May aún peor que quedarse en la UE porque durante el periodo de transición tendrá que pagar la factura del divorcio y seguirá bajo las reglas de la UE pero sin voz ni voto.

7. Salida sin acuerdo, terra incognita

Los medios británicos, como The Economist, han evocado la imagen del precipicio. Desde el 30 de marzo de 2019 el Reino Unido se relacionaría con los Veintisiete “como Uruguay o Tailandia”, en palabras de Steinberg.

La desconfianza mutua será enorme y eso afectará a cuestiones como la seguridad”, señala Federico Steinberg

“La desconfianza mutua será enorme y eso afectará a cuestiones como la seguridad.  Habrá aranceles, frontera en Irlanda del Norte, los aviones no despegarán… El impacto económico será tremendo”, añade.

El Banco de Inglaterra ha publicado un informe en el que prevé que el PIB perderá un 8% en cinco años, la inflación aumentará a un 6,5% y los tipos de interés un 5,5%. Los efectos serán peores que la crisis de 2008. “Entraremos en un territorio desconocido”, asegura May.

8. Qué son los planes de contingencia

La Comisión Europea, y también el Reino Unido así como otros países como Francia, Alemania o Italia, han comenzado los preparativos para intentar amortiguar el impacto de esa posible salida sin acuerdo. España anunciará sus medidas en febrero.

El Reino Unido va a movilizar 3.500 efectivos y está viendo cómo reforzar las conexiones entre Dover y Calais. Hay riesgo de desabastecimiento de productos frescos y de medicinas. No se descartan disturbios. Pese a todo, de momento, no se visibilizan los riesgos reales de una ruptura brusca entre el Reino Unido y los Veintisiete.

No llegan a convencer a la población británica de que el ‘no deal’ es verdaderamente peligroso”, señala Eulalia Rubio

“No llegan a convencer a la población británica de que el ‘no deal’ es verdaderamente peligroso. Mucha gente está esperando hasta el final si no hay Brexit”, afirma Eulalia Rubio.

Será un terremoto con impacto en los Veintisiete, pero sobre todo en el Reino Unido y en Irlanda. Los planes de contingencia ayudarán a contener el impacto pero no lo evitarán.

9. ¿Es posible un segundo reférendum?

“Sí. Es una posibilidad real y que se abre camino. Es la opción más acorde con lo que significa ser Parlamento: democracia representativa, representar a los ciudadanos. Un segundo referéndum sería el referéndum verdadero”, afirma Susana del Río, doctora en Ciencias Políticas, profesora del Máster Unión Europea del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.

May, sin embargo, mantiene que no sería democrático porque el pueblo ya se pronunció el 23 de junio de 2016 a favor de la salida. Eso defiende hasta ahora, pero las voces a favor de un segundo referéndum tienen cada vez más fuerza, sobre todo en las calles y entre los jóvenes.

“La Unión Europea tendría que extender el plazo del artículo 50 unos meses, quizá hasta el verano de este año 2019. En este caso, habría que atender a qué sucede con los británicos en relación a las elecciones europeas. Si en el nuevo referéndum el resultado fuese permanecer, el Reino Unido podría revocar unilateralmente el Artículo 50 y seguir siendo miembro de la UE. Que no hubiese Brexit, sería lo mejor para el Reino Unido, para la Unión Europea y su proceso de integración y para los ciudadanos británicos y europeos”, explica Del Río.

Habría que definir qué se pregunta: sobre el Acuerdo ya negociado como alternativa a la permanencia, o bien a la salida sin acuerdo. Hay quienes creen que sí que habrá Brexit pero el Reino Unido luego volverá a pedir su ingreso.

10. Una fecha inolvidable

En las previsiones del Financial Times para 2019 Philip Stephens plantea que in extremis el Brexit no se llevará a término.

“En el último momento el Reino Unido se rescatará a sí mismo de este daño autoinfligido. Brexit significa Brexit, dijo Theresa May en 2016, pero después de dos años de amargas disputas ni siquiera el partido de la primera ministra se pone de acuerdo sobre lo que significa en la práctica. Después del fracaso del Parlamento para acordar una versión del Brexit, la cuestión volverá a los votantes. En un segundo referéndum restaurarán la reputación del Reino Unido que finalmente no sacrificará su seguridad y bienestar por una obsesión ideológica”, concluye el FT. El autor reconoce que le guía más la esperanza que las expectativas, ese wishful thinking, vital para sobrevivir al abismo cotidiano.

La pelota están en el lado británico, aseguran en Bruselas. Pero de momento no saben qué hacer con ella. Si se mantienen los giros de guión y la intriga, estaremos esperando la medianoche del 29 de marzo como si fuera el  inicio de una nueva era.

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