Política

Las diferencias entre debates: libros, choque Casado-Rivera y tono mucho más bronco

La segunda vuelta del debate electoral a cuatro eleva los niveles de enfrentamiento incluso entre los futuribles socios de gobierno

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Las diferencias entre debates: libros, choque Casado-Rivera y tono mucho más bronco
Rivera ha acudido este martes con una fotografía enmarcada de Idoia Mendia (PSE) y Arnaldo Otegi (Bildu)

Rivera ha acudido este martes con una fotografía enmarcada de Idoia Mendia (PSE) y Arnaldo Otegi (Bildu) EFE

Resumen:

Bronco y hasta faltón. El tono del encontronazo a cuatro en Atresmedia ha sido mucho más duro que el celebrado en RTVE, con un debate menos encorsetado pero, sobre todo, con unos candidatos dispuestos a dar el todo por el todo en esta segunda vuelta lo que se ha saldado con aciertos, pero, también, con terrenos pantanosos.

Evidente ha sido el cambio de tono del líder del PP, Pablo Casado, mucho más proactivo y sin eludir el cuerpo a cuerpo contra Pedro Sánchez, pero, de forma muy llamativa contra su hipotético y futurible socio de gobierno, Albert Rivera, como deseaban muchos de los suyos. El candidato del PP le ha afeado el pacto de investidura con Sánchez en 2016 y su falta de experiencia de gestión, y ha saltado como un resorte cuando el líder naranja ha sacado a colación la subida de impuestos de Cristóbal Montoro en 2012 o la política de empleo de los gobiernos del PP.

«Facilitó la moción de censura de Sánchez»

Pero si ha habido un momento en que se ha mascado la tragedia entre ambos ha sido cuando el popular le ha espetado aquello de que «facilitó al moción de censura de Sánchez», sacándose la espinita que llevan los populares clavado en lo más hondo desde junio de 2018.

En definitiva, el candidato popular, mucho más presente que el lunes, no ha dejado escapar ni una, frente a un Rivera que, a lomos de su reseñable intervención en RTVE, ha optado por la interrupción permamente  y los «gadgets», hasta el estallido del candidato de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, que le ha acusado de ser «un impertinente y un maleducado» para pasar a exigirle «respeto». Iglesias ha acertado con el tono y la actitud, sin entrar en mucha refriega, pero con un tono de viejo profesor abroncando a unos chiquillos fastidiosos y molestos.

Momento cumbre de lo que Atresmedia ha llamado «el debate decisivo» ha sido ese desconcertante cambio de libros entre Sánchez, no pocas veces desaparecido en el debate, y Rivera, que ha tenido el cuajo de acudir con una fotocopia de la cuestionada tesis doctoral del presidente del Gobierno. Pero algo se debía oler Sánchez o, quizá, lo llevaba por si acaso, que le ha replicado con el libro de Sánchez Dragó sobre el líder de Vox, Santiago Abascal. La cosa prometía, pero no necesariamente para bien.

Esta vez Rivera ha colocado en su atril la foto de Otegi con Mendia

Sánchez, en cambio, no ha podido contrarrestar con otra ocurrencia la foto que Rivera ha colocado en el atril donde se veía al proetarra Arnaldo Otegi y a la líder del PSE, Idoia Mendia, brindando juntos para un reportaje, ni tampoco un largo pliego que ha desplegado con todos los casos de corrupción del PSOE y que luego no había forma de volver a enrollar.

Sánchez, que echaba mucho de menos a Vox y ha leído algunas de las declaraciones incendiarias de dirigentes de esta formación de la derecha populista a cuenta de temas tan capitales como la violencia de género, ha exhibido una carta que resultó «fake» al atribuírsela a la Junta de Andalucía y resultar que era de un particular que pedía al Portal de la Transparencia datos personales de los trabajadores que luchan contra esta lacra. Cosas del directo.

En taxi y jersey republicano

La disposición de RTVE beneficiaba la imagen de Pedro Sánchez y de Pablo Casado como presidenciables, los dos juntos, mientras que, en principio Albert Rivera y Pablo Iglesias, a la derecha, parecían destinados a una posición subalterna que luego no fue tal, sobre  todo en lo que respecta al candidato de Ciudadanos. En Atresmedia, Casado, con corbata corinto, se alejaba del epicentro que representa el actual inquilino de la Moncloa, el adversario a abatir, al tener a Pablo Iglesias por medio, más abrigado que el lunes con un oscuro jersey de marca republicana, sin Constitución que leer y en taxi, que para eso Podemos se ha puesto de lado del sector en su batalla contra las VTC.

Ana Pastor y Vicente Vallés se las han visto y deseado no pocas veces para poner paz en el vocerío cruzado entre Sánchez, Casado y Rivera. Nada que ver con el llamamiento que el lunes hacía Xavier Fortes a los mismos para que se interrumpieran «sin faltarse el respeto». Rivera le hizo caso, aunque con 24 horas de retraso.

Además, por fin se hablado de esas cosas a las que nunca se hace caso por falta de tiempo. Vallés les ha preguntado por sus propuestas en torno a la Cultura, sí, la Cultura, que también existe, como Teruel, para poner el colofón a este segundo debate, destinado a despejar dudas a los millones de ciudadanos que aún no saben a quién votar dentro de cinco días. Y otro cambio con respecto al lunes, Sánchez sí ha hecho una valoración de la cita antes de irse corriendo a la sede del partido.