Política

Sánchez desespera a Iglesias

El líder de Podemos reclama una conversación sobre el Gobierno que el presidente no prevé tener hasta la investidura

El líder de Podemos durante su rueda de prensa para analizar los resultados electorales del 26-M.

«Pablo y Sánchez quedaron hace un mes que hablarían después de las elecciones. Hasta entonces todo serán puras especulaciones». En Podemos cuentan los días que pasan desde que el presidente del Gobierno adquirió ese compromiso con el líder de su partido. Casi una semana después de las elecciones municipales, autonómicas y europeas la llamada no llega y Pablo Iglesias empieza a desesperar. «Ya saben que hablaremos con ellos tras las consultas», responden en Moncloa, inmunes a las presiones de Podemos por esa falta de comunicación.

La frialdad de Sánchez hacia su «socio prioritario» empieza a hacer mella en el ánimo del líder de Podemos, que sólo mantiene una exigencia para formar Gobierno: su nombramiento como ministro. Atrás quedan peticiones como la Presidencia del Congreso, la entrada de dirigentes en segundos niveles de la Administración o los acuerdos globales en ayuntamientos y comunidades. La presión aumenta sobre su liderazgo y a Pablo Iglesias sólo le mantiene en pie frente a las críticas internas la posibilidad de formar parte del Ejecutivo. Si esa opción se desvanece, Podemos amenaza con implosionar.

El presidente del Gobierno es consciente de esa debilidad y haciendo gala de su perfil político más letal está dejando que Iglesias sufra su propio calvario. «Máxima institucionalidad», reiteran en Moncloa, que es incapaz de poner fecha a la sesión de investidura y la ronda de consultas de los portavoces con el Rey, contexto en el que se producirá la reunión entre el líder del PSOE y el de Podemos.

Hace tiempo que en Podemos sienten que Pablo Iglesias está de salida. Desde que empezó a preparar a su pareja, Irene Montero, como sucesora, y a dar prioridad a su vida personal con la formación de una familia, al líder del partido se le ve desencantado con la vida institucional. Ya casi ni se molesta en disimular. Iglesias ha explicado en público en más de una ocasión que la actividad parlamentaria le aburre, sobre todo después de haber hecho casi de todo en dos legislaturas: desde provocar segundas elecciones votando ‘no’ a Pedro Sánchez a protagonizar una moción de censura fallida para luego hacerle ganar otra al candidato socialista.

A Iglesias sólo le ha sacado del marasmo la campaña electoral, su hábitat natural, en el que se encuentra más cómodo, activo y protagonista, lejos de las servidumbres de la monotonía parlamentaria. El problema es que las de abril fueron sus terceras elecciones generales como candidato y desde 2015 no ha hecho más que perder apoyos. Electorales, políticos y humanos. La desintegración de Podemos con la salida de sus fundadores e ideólogos ha dejado a Iglesias rodeado de dirigentes generacionalmente más jóvenes que él -compañeros de su pareja- obligándole a buscar consejo en un nuevo jefe de gabinete, Pablo Gentilli, más veterano que él y que ha conseguido templarle durante la campaña electoral.

Iglesias ha pasado de rodearse de profesores universitarios como Íñigo Errejón, Luis Alegre o Carolina Bescansa o a asesorarse por perfiles como los de Juanma Del Olmo, Ione Belarra o Noelia Vera, dirigentes sin el bagaje político, la formación académica y la experiencia en Latinoamérica de los fundadores del partido. En este contexto, el aburrimiento político que sufre Iglesias le lleva a buscar una única salida: el Gobierno. Y en el PSOE no están dispuestos a aceptar esa imposición.

Pedro Sánchez quiere conformar un Gobierno centrista y convertirse en el nuevo líder de la socialdemocracia en Europa. La figura de Pablo Iglesias en su gabinete hace prácticamente imposible ese objetivo. «El problema no es meter a gente de Podemos en el Gobierno. El problema es que Pablo quiere entrar él», explican en Ferraz, que no deja de ver aristas a su incorporación al Ejecutivo en materia internacional (Venezuela, Bruselas), territorial (Cataluña), económica (impuestos, déficit), laboral…

Las recetas que expuso el propio Iglesias el pasado viernes en la XXXV Reunión del Círculo de Economía de Sitges no hacen más que acrecentar esos temores: reducción de la jornada laboral, bajar el impuesto de sociedades del 25 al 23% para pymes que facturen menos de un millón de euros, subir el IRPF a las rentas altas, crear un impuesto a la banca y a las transacciones financieras o reducir el IVA de los productos de primera necesidad, poner en marcha un programa de «inversiones estratégicas», «desterrar» las políticas de austeridad fiscal, crear una banca pública de inversión para la transición tecnológica, un plan de rehabilitación de edificios para la eficiencia energética y un plan nacional para la movilidad sostenible, entre otras medidas.

Pasan los días y el pulso del líder de Podemos va en aumento. El silencio de Sánchez desespera a Iglesias, que no deja de lanzar mensajes intimidatorios a la Moncloa. Desde su intención de votar no a la investidura del presidente, aun a riesgo de provocar una repetición electoral, hasta a rebajar sus pretensiones asegurando que lo importante «no son los sillones, sino comprometerse con las reformas». Cada día varía la estrategia dando muestras de su desasosiego.

Este viernes, ante 200 empresarios en Sitges, Iglesias volvió a la carga: «En esta época postelectoral el incumplimiento de los mandamientos es muy frecuente; una cosa es lo que se dice en campaña y otra lo que se hace. El sexto mandamiento -no mentirás- es seguramente el que más se incumple», reprochó. «La mejor opción que tiene el Partido Socialista para no incurrir en una incoherencia grave es articular un Gobierno de coalición estable entre PSOE y Unidas Podemos, sostenido por una base política sólida», reiteró.

En esa exploración de todas las medidas de presión posibles mientras Sánchez guarda silencio, Iglesias ha pasado de reivindicar un gobierno progresista de izquierdas en la campaña electoral a asegurar después que ese término ideológico está demasiado manido. Especialmente ha sido el énfasis en maquillar el carácter de izquierdas de la formación tras los buenos resultados conseguidos en la Comunidad de Madrid por el proyecto transversal de Íñigo Errejón, que está sentando las bases de un nuevo partido a nivel nacional mientras Iglesias ahuyenta ese fantasma vaticinando que acabará en las filas del PSOE.

Comentar ()