La crisis interna que ha estallado con toda su crudeza en Ciudadanos, lejos de aminorar, pone el foco en otro destacado dirigente crítico, Luis Garicano, jefe de la delegación europea de la formación naranja además de vicepresidente del grupo de los liberales en Bruselas. Todos los ojos se vuelven hacia la persona que fichó al hoy dimisionario  Toni Roldán, a sabiendas de que él no comparte desde hace meses la estrategia de su jefe de filas, Albert Rivera, y que eso le ha supuesto hasta épocas de incomunicación con él.

El día de la famosa foto de Colón, que reunió a los líderes de PP, Ciudadanos y Vox, Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal, respectivamente, en el mismo escenario bajo el lema «Por una España unida. Elecciones ya», el pasado 10 de febrero, supuso un punto de inflexión en las relaciones entre Albert Rivera y Garicano. El economista le envió un whatsaap para afearle esa foto que consideraba «un error» por la idea que daba, no sólo de proximidad a Vox, sino de conformación de un bloque de centro-derecha. Con la convocatoria electoral, esa percepción quedó, sin duda reforzada. En respuesta a esas críticas de su cabeza de lista europea, el líder «naranja» no le habló durante semanas.

Y es que aunque Garicano se autodeclara un disciplinado dirigente, no han sido pocas las veces que ha marcado distancias con la línea oficial del partido. Este mismo lunes quedó de manifiesto al proponer, junto al eurodiputado Javier Nart, una votación para revisar la estrategia del partido en relación a la investidura de Pedro Sánchez y a la posibilidad de abrir una negociación con el hoy presidente del Gobierno en funciones. Ellos dos, junto al líder de Ciudadanos en Castilla y León, Francisco Igea, además de Fernando Maura, resultaron derrotados por una abrumadora mayoría de 24 votos a favor de mantener el veto a Sánchez. Ante tal desautorización, Nart decidió dejar su cargo en la ejecutiva del partido. Horas antes había sido Roldán el que anunciaba su marcha de Ciudadanos en una jornada, sin duda, muy negra para Rivera y que ha abierto la espita a otras salidas, entre ellas la del candidato que presentaron a la presidencia del Principado de Asturias, Juan Vázquez.

Creen que ha podido alimentar algunas de las críticas europeas a los pactos con Vox

Las alianzas con Vox, por mucho empeño que haya puesto Cs para desmentirlas, han constituido otro elemento de distanciamiento para Garicano, que las ha visto  con profundo desagrado. De hecho, se alineó a Manuel Valls y, también, a las críticas que vinieron del Elíseo por vía interpuesta. Sus compañeros de filas le reprochan no haber defendido entre los socios europeos los pactos alcanzados con el PP en distintas comunidades y ayuntamientos en su calidad de vicepresidente de Alde, el grupo liberal, que en la nueva legislatura tendrá otra denominación. Le acusan de falta de pedagogía para convencer lo indefendible, esto es, que Ciudadanos no ha pactado con los de Abascal, porque ya ni siquiera queda el argumento de que nunca se han sentado con ellos. Es más, creen que, incluso, ha podido alimentar parte de esas recriminaciones.

El «pulso» por Igea

El afamado economista, al que sus críticos reprochan un punto de soberbia difícil de administrar, también le echó un pulso a Rivera en las primarias de Castilla y León para las elecciones del 26-M. Resultó ser el mejor apoyo para Igea frente a la ex dirigente el PP castellanoleonés Silvia Clemente, avalada por la dirección estatal del partido. Igea concitó también el apoyo de Roldán, de Begoña Villacís y de Marta Rivera de la Cruz, entre otros, pero fue Garicano quien hizo bandera de la resistencia a Rivera.

Nada más conocerse públicamente la decisión de Roldán, Garicano, que también es responsable del Área Económica y Empleo de Ciudadanos, publicó un tuit donde elogiaba la labor de éste y adelantaba que «seguiré luchando por esas ideas» reformistas y regeneradoras para España, aunque no especificaba desde dónde ni de qué manera. Y muchos en Ciudadanos se lo están preguntando.