Política

La dimisión de Roldán y Nart abre una brecha entre Rivera y los eurodiputados de Ciudadanos

Las buenas relaciones entre Garicano y los liberales europeos y la tendencia socialdemócrata de los cargos naranjas en la Eurocámara evidencian una crisis profunda que distancia a los naranjas de Madrid y Bruselas

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La dimisión de Roldán y Nart abre una brecha entre Rivera y los eurodiputados de Ciudadanos
Garicano y Rivera, en 2017.

Garicano y Rivera, en 2017. Europa Press

Resumen:

La inesperada dimisión de Toni Roldán por el giro derechista de Ciudadanos, seguida de la salida de Javier Nart de la Ejecutiva del partido horas después, ha abierto ya unas grietas insalvables dentro del partido naranja. Una de ellas se produce especialmente entre los siete eurodiputados electos en el Parlamento Europeo, encabezados por el candidato a las europeas Luis Garicano, y la dirección nacional. Roldán, quien asegura que se ha ido no porque él haya cambiado «sino porque Ciudadanos ha cambiado» y que ve a su partido «incapaz» de confrontar con «la extrema derecha», tiene un aliado máximo en Garicano. «Roldán llegó a Ciudadanos de la mano de Garicano», cuenta un dirigente.

Al menos cinco eurodiputados en Bruselas (Javier Nart, Soraya Rodríguez, Jordi Cañas, Maite Pagaza y el propio Garicano) comparten la visión de ocupar el centro del tablero político sin escorarse hacia la derecha populista. En otras palabras, apoyan pactar con el PSOE evitando que éste se vaya con Podemos y los nacionalistas. De los otros dos, José Ramón Bauzá, ex presidente de Baleares, procede del PP y no está clara su inclinación; lo mismo que Susana Solís, de perfil bajo y responsable de I+D+i de Ciudadanos, de tintes más conservadores que sus correligionarios en la Unión Europea.

Y aunque todas las piezas del dominó comienzan a caer a su alrededor, fuentes de la dirección nacional afirman que el compromiso de Luis Garicano al frente del grupo europeo continúa intacto. No tan precisos se muestran los responsables de comunicación del eurodiputado en Bruselas, que han cortado cualquier comentario: «No voy a decir nada», ha puntualizado la jefa de prensa a todo periodista que le solicitara declaraciones a la delegación.

El recorrido europeo trazado por Luis Garicano se parece más bien poco a la estrategia nacional diseñada por Albert Rivera y su séquito, según el cual el PP es el «socio preferente» y conviene más llegar de la mano de éste y, aún sin admitirlo, de Vox, a los Ejecutivos autonómicos y municipales que hacerlo con el PSOE, con el que sumarían mayorías parlamentarias en casi todas las regiones.

De hecho, ha sido el propio Luis Garicano quien ha impulsado, junto a Paco Igea, Fernando Maura y Javier Nart, una votación in extremis este lunes, justo después de que la portavoz nacional, Inés Arrimadas, ofreciese una rueda de prensa para tratar de blanquear la renuncia de Roldán. Ya pasadas las dos de la tarde, los miembros de le Ejecutiva se reunían para «revisar la estrategia del partido en relación con la investidura y abrir una vía de negociación con Sánchez«, un plan de los críticos que no ha surtido efecto y por cuyo motivo se ha producido la salida del número cuatro de Ciudadanos en Europa del comité ejecutivo: 24 votos a favor de continuar con el criterio del veto a Sánchez, cuatro votos en contra -el de los impulsores- y tres abstenciones.

Que los naranjas afrontan la peor crisis interna de la historia del partido es ya un hecho. Y que las disidencias se produzcan especialmente entre Madrid y Bruselas alejan a Rivera del sueño europeo. Recordemos que el profesor de la London School of Economics ha sido uno de los candidatos propuestos por el partido liberal ALDE para presidir la Comisión Europea.

Y no solo eso: Garicano mantiene excelentes relaciones con En Marche y la delegación francesa en la Eurocámara, llegando a incluir a un miembro del partido de Emmanuel Macron en las últimas listas a los comicios europeos; nada que ver con las tormentosas diatribas ocurridas la semana pasada entre En Marche y Ciudadanos, llegando a exhibir Rivera un apoyo inexistente de Macron a sus pactos con Vox. Garicano también es amigo de la todopoderosa comisaria de Competencia y azote de empresas como Google, Margrethe Vestager. Además, mantiene buenísimas relaciones con el portavoz de Renew Europe -antes ALDE- en el Parlamento Europeo, el ex primer ministro belga Guy Verhofstadt.

Crónica de una crisis anunciada

Las disidencias dentro del partido comenzaron desde el mismo momento en que el ultimátum de Rivera en la carrera hacia el 28-A se hizo efectivo tras los resultados que le auparon a tercera fuerza política y llave del gobierno socialista: que Ciudadanos votaría ‘no’ a la investidura de Pedro Sánchez, al que llegaron a calificar como «peligro número uno de España», aunque ello supusiese concesiones a los nacionalistas desde Moncloa y un Gobierno con Podemos o repetición de elecciones.

«El no a Sánchez fue un error», confiaba a El Independiente una persona bien relacionada con la dirección de Ciudadanos, una postura repetida por una parte de la militancia en redes internas del partido, que se mostraban favorables en grupos de trabajo de Telegram de pactar la investidura «por aquello de la altura de miras y de ser un partido de Estado», corriente suscrita a su vez por Garicano, Nart, Valls o Roldán. Y tres de ellos se han marchado por el rumbo absolutamente opuesto tomado por Rivera y Villegas.

Con el fin de aplacar a los críticos que se rebelaron contra la política de pactos, Rivera puso sobre la mesa un documento que suscribió la totalidad de la Ejecutiva, incluido Toni Roldán, que sofocó temporalmente la quema: viraje a la derecha sí, pero sin descartar al PSOE y sin acuerdos de gobierno con la ultraderecha.

Sin embargo, la presión de Vox para tener representación en las instituciones terminó por dinamitar la buena sintonía que había traído el contrato a las filas naranjas. Los matices constantes de ese veto, reuniones secretas incluidas, ha posibilitado la entrada de los de Abascal en puestos intermedios de los gobiernos municipales y autonómicos, todo ello con el beneplácito indirecto de Ciudadanos que se enrocan en defender la postura de que no han contravenido el acuerdo de no pactar, de facto, con Vox.

Pero los acuerdos indirectos, para muchos, también cuentan. Y es justo esa apertura sin complejos a la extrema derecha la gota que ha colmado el vaso para algunos pesos pesados naranjas. Ya lo avisaban fuentes internas hace un mes a este diario: que suscribir «cualquier acuerdo» con Santiago Abascal «provocaría grandes tensiones, cismas e, incluso, dimisiones dentro del partido» porque «dejar entrar a Vox marcaría a Ciudadanos para siempre».