Política

Sánchez ignora en su discurso a Cataluña, el problema que más le preocupaba hace una semana

Recuerda a Podemos que "millones de compatriotas" espera un acuerdo entre "dos tradiciones distintas de la izquierda"

Sesión de investidura: Pedro Sánchez, en el Congreso.

Pedro Sánchez durante su discurso de investidura en el Congreso de los Diputados. EFE

El presidente del Gobierno en funciones y candidato a la investidura, Pedro Sánchez, ha obviado las dos principales cuestiones que marcan la votación de su investidura esta semana y la nueva legislatura: el desafío independentista catalán y sus negociaciones con Podemos para formar un Gobierno de coalición. A esta segunda cuestión se refirió de pasada, y sin mencionar a Unidas Podemos por su nombre, al final de su discurso, que ha durado dos horas.

Durante su comparecencia, Sánchez no se ha referido al que –según ha expuesto en diversas entrevistas- será el principal desafío de España en estos 40 años: la reacción del independentismo catalán a la sentencia del procès, que se conocerá este otoño. El presidente había esgrimido ese argumento insistentemente para vetar la entrada de ministros de Podemos, especialmente de Pablo Iglesias, en su Ejecutivo. Tras dar marcha atrás en esta estrategia y plegarse a un Gobierno de coalición, Sánchez no ha vuelto a hablar de Cataluña hasta el minuto XXX de su discurso. Tampoco sobre su negociación con Unidas Podemos.

“No me puedo permitir el lujo de tener, ante una de las mayores crisis de Estado que vamos a vivir durante los próximos meses, a un vicepresidente del Gobierno que por lealtad lo único que haga sea mirar para otro lado o silenciar”, explicó el jueves pasado en una entrevista en La Sexta, en referencia al desafío independentista que se avivará en septiembre con la celebración de la Diada y tras la sentencia del juicio del procès. “Tengo que preservar el interés general de mi país”, se justificó.

En esa entrevista, Sánchez advirtió de que si Podemos no cambiaba de actitud y renunciaba a que Iglesias entre en el Gobierno, Sánchez no volvería a negociar con ese partido y España se vería abocada a elecciones el 10 de noviembre. Al día siguiente, el líder de Podemos se sacrificó obligando al PSOE a una negociación para formar un Gobierno de coalición que no deseaba. Tras conversaciones contrarreloj el pasado fin de semana, las negociaciones se han paralizado este lunes por la negativa del PSOE a ceder «carteras ejecutivas» dentro de la vicepresidencia de carácter social que le ofrece a Podemos.

En pleno paréntesis de las negociaciones, los diputados de Unidas Podemos, empezando por Iglesias, han mostrado su malestar al no aplaudir las intervenciones de Sánchez. Con Irene Montero fuera del Hemiciclo por su avanzado embarazo, Iglesias se ha mostrado serio durante el discurso del candidato socialista. Sólo a cinco minutos de que terminara una comparecencia de dos horas, Sánchez se ha referido a la «ilusión» generada entre su electorado sobre la posibilidad de que hubiera un «acuerdo» entre «las dos tradiciones distintas de la izquierda», a pesar de las «dificultades».

«Nada que merezca la pena es fácil», ha asegurado, tras afirmar que «tenemos tiempo para acuerdo» incluso después de la investidura. «Mucha gente tiene ilusión en que unamos nuestras fuerzas, inteligencia, sensibilidad para mejorar la vida de los ciudadanos. Debemos atender a esa llamada», ha asegurado. «Hasta ahora hemos hablado mucho de nuestras diferencias y estamos comprobando que no es sencillo alcanzar un punto de encuentro, pero nada que merezca la pena es gratis. Y lo que tenemos por delante merece mucho la pena», ha explicado.

«Tenemos sobre nosotros la mirada esperanzada de millones de compatriotas. Nos corresponde trabajar para culminar un acuerdo y después tenemos la posibilidad de sacar adelante todo en lo que coincidimos, todo lo que nos une, que se resume en muy pocas palabras: la promesa de la izquierda, un progreso ecológicamente sostenible y la distribución justa de ese progreso, o si lo prefieren en otras palabras, una sociedad de hombres y mujeres libres e iguales en armonía con la naturaleza», ha propuesto a Iglesias.

Mención velada

Durante su intervención, el candidato se ha referido a la crisis catalana de forma velada. Ha apostado por superar las «tensiones territoriales», a través de «la invocación de la ley y de la Constitución», por lo que será necesario «un proyecto colectivo de regeneración nacional, de progreso y de inspiración europeísta».

«La superación de nuestras tensiones territoriales no vendrá solamente de la invocación de la ley y de la Constitución y de su aplicación, sin duda alguna necesaria. Derivará de un proyecto colectivo de regeneración nacional, de progreso y de inspiración europeísta», ha asegurado.

En ese contexto, se ha preguntado «qué sentido tiene fomentar la desunión, la desagregación, la división dentro de España», y «levantar fronteras internas», cuando lo que hace falta es «más Unión Europea» y «derribar muchas fronteras externas». «Es ir contra la historia», ha advertido a los independentistas sin dirigirse expresamente a ellos. Además de recalcar que los países europeos solo son «gigantes entre gigantes» si están juntos, pero «cuentan poco» por separado, ha señalado que la UE ha sido «el espacio en el que se han superado las rivalidades nacionalistas que llevaron a dos guerras devastadoras» y ello por la vía de «compartir soberanía, no cederla». Con ese argumento, ha añadido que Europa «debe ser también el ámbito donde se superen las rivalidades dentro de los países». «El horizonte superador de nuestras propias tensiones internas», ha resumido.

Sánchez ha intentado comparar esta legislatura con la Transición al situarla como el inicio de una «segunda gran transformación» de España. Sánchez inició su discurso relatando los hitos del progreso del país desde que terminó la dictadura para anunciar otro ‘cambio de época’ que él aspira a impulsar con su Gobierno. «España  es un gran país, admirado y admirable. En el 75 inició una gran transformación, en esta legislatura les propongo que empecemos la segunda gran transformación del país», ha expuesto a los diputados.

 

En un discurso sin emoción y falto de compromiso, el candidato socialista ha insistido en que su investidura es necesaria para que «España avance» y salga del bloqueo político. Ha reprochado la «foto de Colón» que retrató juntos a Pablo Casado (PP), Albert Rivera (Cs) y Santiago Abascal, para reprochar que «el mismo cordón sanitario que le han puesto al PSOE es la soga que les ata a la ultraderecha».

«No estamos eligiendo entre izquierda o derecha, entre progresistas o conservadores, sino entre que España tenga o no Gobierno», ha asegurado el candidato, que ha desgranado propuestas poco novedosas en seis ejes: empleo y pensiones; revolución digital; desigualdad y justicia social; energía y cambio climático, feminismo y Europa.

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