Ángel Gabilondo vivió la semana pasada durante la tensa investidura de la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso probablemente uno de sus últimos actos como líder de la oposición socialista en la Asamblea regional. A sus 70 años y tras cuatro ejerciendo la oposición en una legislatura atropellada en la que ha visto pasar a Cristina Cifuentes, Ángel Garrido o Pedro Rollán (interino), en el PSOE -en el que no milita- se le sitúa en el próximo Gobierno de Pedro Sánchez, siempre que prosperen las negociaciones con Unidas Podemos y salga adelante la investidura en septiembre.

Cuentan fuentes del primer nivel que el propio Gabilondo ya ha expresado a los suyos la necesidad de un cambio de aires. Influyen en la decisión la edad relativamente avanzada del catedrático de Filosofía y ex rector de la Universidad Autónoma, la tensión creciente que rodea la política y la imposibilidad de convencer a Ciudadanos de que pactaran con los socialistas para desalojar al PP del poder autonómico tras 24 años y una fuerte mácula de corrupción: la penúltima ex presidenta electa dimitió; su antecesor Ignacio González está siendo investigado y ha pisado cárcel, al igual que muchos de los colaboradores de Esperanza Aguirre, a la que la Fiscalía Anticorrupción pide imputar.

Gabilondo ya ha expresado a sus cercanos la necesidad de un cambio de aires

Por eso, relatan los testigos, hay consenso en el equipo de Sánchez de que Gabilondo tiene que regresar al Ejecutivo Central si es que las elecciones no se repiten, hecho que trastocaría esta y otras muchas hipótesis que solo prosperarían si se desatasca la investidura. «Hoy se manejan dos salidas para Ángel», explica un peso pesado. «O un ministerio o, algo que él mismo ha dicho que le gusta, el cargo del Defensor del Pueblo».

Para la Defensoría del Pueblo también se ha especulado con la posibilidad de nombrar a la ex alcaldesa de Madrid Manuela Carmena, actualmente más cercana a la órbita del PSOE que a la de sus antiguos aliados de Podemos, con los que rompió definitivamente en enero pasado de la mano de Íñigo Errejón. Gabilondo sin embargo está más próximo al presidente del Gobierno en funciones: en febrero de 2015 y a la vista del desastre electoral que se avecinaba, Sánchez fulminó al entonces candidato Tomás Gómez, liquidó el PSM, impuso una gestora y nombró a Gabilondo candidato autonómico. Resistió el empuje de Podemos y mejoró ligeramente en votos y escaños.

Ya fue ex ministro de Educación y podría ocupar una cartera de más peso

La otra opción para Gabilondo es volver a ocupar un ministerio, como cuando ejerció de ministro de Educación con José Luis Rodríguez Zapatero de 2009 a 2011. Se granjeó fama de dialogante al frente de una cartera en la que solía escasear esa virtud. Ahora el profesor universitario ha ganado puntos dentro del PSOE y podría incluso ocupar una cartera más ambiciosa que la de Educación: nadie ha cuestionado su liderazgo madrileño estos años en una formación donde vuelan los navajazos desde hace decenios y ha quedado primero en las pasadas autonómicas, aunque la suma con Más Madrid y Unidas Podemos no le ha alcanzado para gobernar.

Los resultados del PSOE madrileño han sido desconcertantes: un éxito sin precedentes en los municipios madrileños, plagados de mayorías absolutas y de ayuntamientos reconquistados (ahí está el caso paradigmático de Alcobendas o de Alcorcón), una victoria frustrante en la Comunidad y una derrota sin paliativos en la capital, donde Pepu Hernández empeoró los votos obtenidos por Antonio Carmona hace cuatro años, que ya de por sí fueron malos.

Gabilondo ha vivido con frustración no gobernar la comunidad tras los escándalos del PP

Gabilondo ha vivido con enorme frustración el hecho de que la izquierda no lograra mayoría a pesar de los escándalos del PP. Cifuentes cesó abrasada por la falsificación del acta del máster de la Universidad Rey Juan Carlos, y aun así y con todo los populares permanecen en la Puerta del Sol. Alejado de la grandilocuencia política, poco amigo de las frases mordaces pero vacías, el catedrático no entiende el cordón sanitario que le ha impuesto Ignacio Aguado, portavoz naranja, para echarse en brazos de Vox. «Ciudadanos no ha querido reunirse ni con el PSOE ni conmigo. No creo que sea ni necesario explicar por qué Madrid necesita alternancia y regeneración», protestó la semana pasada. «Esta investidura no augura estabilidad».

Díaz Ayuso le profesa respeto, según reconoció varias veces en su turno de réplica la presidenta autonómica, que fue protagonista de su propia investidura por sus salidas de tono: «Unidas Podemos y sus confluencias son los políticos más machistas que me he encontrado en mi carrera», espetó a Isabel Serra; Errejón es el «político más traidor de la historia de España», le soltó al líder de Más Madrid. En su alocución a Gabilondo, la mandataria madrileña se ahorró lindezas semejantes, aunque en la recta final final empleó 10 minutos hablando de su familia a pesar de que el portavoz socialista insistió en que sus preguntas sobre Avalmadrid no buscaban ninguna referencia personal.

Agrupación Única

Con sus altos y bajos electorales, en el PSOE madrileño, cuyo secretario general es José Manuel Franco, se respira estos días bastante tranquilidad. Si no hay elecciones generales en noviembre, para finales de año o principios del que viene habrá primarias para la denominada Agrupación Única de Madrid capital, esto es, fusionar las 22 agrupaciones de la ciudad (una por distrito además de la de Entrevías) y nombrar a un secretario general con un poder casi tan grande como el que ostenta Franco. Y a partir de ahí, buscar nuevos líderes en ayuntamiento y comunidad para 2023.