Abascal y Ortega Smith, en el mitin de Bilbao. EFE

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Los disturbios en Cataluña reafirman a Vox como tercera fuerza en las encuestas

Política

Los disturbios en Cataluña reafirman a Vox como tercera fuerza en las encuestas

Los sociólogos advierten que la respuesta violenta a la sentencia del 'procés' supone un gran revulsivo electoral para Santiago Abascal, que también sube por el hundimiento "insalvable" de Ciudadanos y el blindaje de su electorado

Hace seis meses, Santiago Abascal irrumpía en el Congreso de los Diputados con un resultado que, pese a comedido respecto a la euforia que transmitían las encuestas electorales, fue histórico: dos millones y medio de papeletas les proporcionaron una irrupción en la Cámara Baja con 24 asientos y el 10,26% de los votos. Pero esa alegría comedida les duraría poco: tan sólo un mes después, el ‘efecto Vox’ comenzaría a desinflarse y sólo lograrían mantener a la mitad de sus votantes en las elecciones europeas, único baremo comparable con las generales al votarse en todo el país. Hoy el escenario de cara a las elecciones generales del 10 de noviembre es completamente diferente.

En las semanas posteriores al 26 de mayo, la «resistencia» de la que hablaba el presidente de Vox en el palco del hotel Gran Meliá Félix de Madrid comenzaba a verse seriamente mermada a la luz de sucesivas encuestas que ponían punto y final a la ensoñación de la ultraderecha: las más halagüeñas situaban a Abascal en el 8,3% de los votos en agosto, cuando la investidura de Pedro Sánchez aún no se daba de todo por perdida -como la de Sociométrica para El Español o la de Celeste-Tel para eldiario.es– aunque otros sondeos como el de NC Report para La Razón bajaban hasta el 7,8%. La catástrofe era absoluta si se seguía al CIS de Tezanos, que pronosticaba una caída por debajo de la mitad de los votos cosechados el 28 de abril.

La situación hoy, con unas nuevas elecciones a la vuelta de la esquina, es radicalmente diferente. De la más absoluta irrelevancia en las encuestas, Vox ha escalado en cuestión de semanas hasta pugnar incluso por estar en el podio político en el Congreso, por detrás de PSOE y PP, que firma un meteórico ascenso.

«A día de hoy, que Vox es tercera fuerza política es una realidad incontestable» confirman varios expertos sociológicos consultados por El Independiente, que encumbran a los de extrema derecha y reafirman los datos publicados por las últimas encuestas -la de GAD3 para ABC les situaba con 33 escaños, misma cifra que el de SocioMétrica para El Español, mientras que el de Sigma Dos para El Mundo les otorgaba 31 escaños, pisándole los talones a Iglesias y ocupando la cuarta posición-.

Esa seguridad en cuanto a su veredicto converge en un nexo común que hasta ahora no entraba en las cábalas de los expertos y que «sin duda» supondrá un revulsivo para Vox en noviembre: el desafío independentista catalán, que ha estallado cuando apenas restan tres semanas para que se abran las urnas.

«Ni la situación política en Cataluña ni la sentencia del ‘procés’ en sí habría beneficiado de manera tan marcada a Vox si no se hubiesen producido los disturbios», una imagen «que impacta en la sociedad y que moviliza al electorado, en este caso al de Vox», asegura José Pablo Ferrándiz, investigador principal de Metroscopia.

Las fuertes protestas en Barcelona en respuesta a la sentencia del ‘procés’ ha dejado durante cinco jornadas una imagen demoledora en la ciudad y daños millonarios, una tensión que en la Consejería de Interior contemplan que pueda mantenerse hasta las elecciones y que, en clave electoral, «ha abierto un escenario absolutamente novedoso».

Precisamente, la falta de «moderación» y de una respuesta por parte de las instituciones «contundente, que calme la situación» supone «un factor político clave que se ha convertido en un punto de anclaje del votante de Vox», confirma el director general del instituto DYM, Carlos Rello. «Ante el fuerte cuestionamiento de la unidad nacional, el electorado que estaba desilusionado ahora está movilizado. Vox no está robando votantes al resto de partidos, está convenciendo a los suyos para que vayan a las urnas», aclara.

Y los de Santiago Abascal no iban a perder la oportunidad que la tensa coyuntura política les brinda de cara a las urnas. En los últimos días, ha sido el partido que más ha endurecido el discurso respecto al desafío catalán -frente a la Ley de Seguridad Nacional de Casado o el 155 de Rivera, él propone aplicar el artículo 116 de la Constitución y declarar el estado de excepción-.

Ante el fuerte cuestionamiento de la unidad nacional, el electorado de Vox que estaba desilusionado ahora está movilizado»

La proximidad de las elecciones ha provocado una respuesta dividida del constitucionalismo a la sentencia del ‘procés’ y en este marco, Vox ha convocado una manifestación en Colón, habitual escenario de los de extrema derecha para sacar músculo electoral -en la que esta vez no se repetirá la histórica foto con Casado y Rivera- para defender «la unidad de España», justo el mismo día en el que Tsunami Democràtic ha convocado nuevas acciones de protesta en Barcelona.

Aunque en menor medida, los expertos explican que la resistencia de Vox en las encuestas también puede deberse a otros asuntos de actualidad que se han producido en un momento crucial, como la exhumación de Franco y, en mayor medida, «el acercamiento de PP y Ciudadanos a los planteamientos de Sánchez» que hace que se pueda producir «un pequeño trasvase de votos».

Abascal trepa, Rivera se hunde

Si los pronósticos de Vox han dado un vuelco radical en cuestión de semanas, otro punto en el que coinciden los expertos es en que «la debacle de Rivera es insalvable». Esta situación, unida también a la caída, aunque menos pronunciada, de Podemos supone otro de los grandes motivos que justifican los buenos presagios para Vox de cara al 10 de noviembre.

Y ello ni siquiera implica un crecimiento exponencial en el número de papeletas. «Incluso manteniendo ese 10% de votantes, Abascal puede arañar escaños en aquellas circunscripciones donde Ciudadanos y Podemos los pierdan y escalar sin esfuerzo hasta la tercera fuerza política», desplazando a Rivera «a cuarto e incluso quinto lugar», afirma Rello, lo que conlleva otra consecuencia necesaria: apelar al voto útil «dejará de ser utilizada como arma electoral por el resto de formaciones para tratar de hundir a Vox», sentencia.

Abascal puede arañar escaños en aquellas circunscripciones donde Ciudadanos caiga, escalando sin esfuerzo hasta la tercera posición

El blindaje en el voto de extrema derecha, apuntalado por los últimos acontecimientos políticos es, precisamente, la baza con la que no cuenta Iglesias y mucho menos Rivera, que tiene «al votante más despistado, una tendencia que no ha logrado revertir y que es muy difícil que revierta en menos de tres semanas».

No obstante, los sociólogos llaman a la prudencia porque «las últimas semanas son siempre las más cruciales» y aún tiene que comenzar la campaña y celebrarse un debate electoral a cinco, donde también se deciden muchos votos. Ferrándiz alerta de una tendencia que han venido estudiando y que preocupa en los centros demoscópicos: la fuerte volatilidad del electorado español en el voto, algo que suele ser habitual cuando las elecciones se celebran de cuatro años en cuatro años, «pero sólo han pasado seis meses y ya hay un alto porcentaje de españoles que va a votar a opciones diferentes respecto al 28 de abril», advierte.

Y, de nuevo, Vox emerge como el partido al que menos afecta esa inestabilidad. «Es el partido con el electorado más fidelizado y al que menos afectará la abstención el 10 de noviembre», asegura el experto de Metroscopia, un objetivo al que los de Santiago Abascal ya está virando toda su campaña, con una demostración de fuerza en Vistalegre en el que incluso superó en número a la del año pasado, reuniendo a cerca de 13.000 personas y con la mirada puesta en Cataluña. Barcelona será el escenario en el que el líder de Vox dará el pistoletazo de salida a su carrera electoral con un «gran acto» el próximo 31 de octubre, en lo que será un guiño sobre el que girará el eje de su campaña: socorrer a las «víctimas» del «desorden, el caos» y el «separatismo golpista».