El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, ha intentado dar imagen de normalidad en la excepcionalidad que vive estos días Cataluña. El Jefe del Ejecutivo ha realizado un viaje exprés a Barcelona para visitar en el hospital a algunos de los 300 agentes heridos en los disturbios de la última semana en protesta por la sentencia del procès. Sánchez ha pretendido actuar dentro de una normalidad institucional, pero su viaje ha revelado todo lo contrario.

Para empezar, la Moncloa ha mantenido en secreto el viaje del presidente hasta el mismo momento en el que tomaba el avión en dirección a Barcelona, con el objetivo de dificultar las protestas de los independentistas y los escraches que finalmente no ha podido evitar. Durante sólo cuatro horas, el presidente ha permanecido en la ciudad condal rodeado de extraordinarias medidas de seguridad.

Los medios de comunicación sólo han tenido acceso a las imágenes y el sonido facilitados en tiempo real por la Moncloa, que ha controlado cuidadosamente la información que se ha transmitido. No obstante, los móviles de los ciudadanos y las redes sociales han mostrado otra cara de la visita que los periodistas no han podido atestiguar: desde un escrache al presidente en el hospital donde visitaba a los agentes hasta extraordinarias medidas de seguridad como maletines antibalas y subfusiles en manos de su servicio de escolta.

A las ocho de la mañana, el propio Sánchez informaba de su visita a Barcelona a través de la red social Twitter. La Moncloa facilitaba a esa misma hora la última carta del presidente del Gobierno al presidente de la Generalitat, Quim Torra, recordándole «las obligaciones de todo responsable público: condenar la violencia de forma rotunda, amparar a las fuerzas de seguridad que la combaten, y evitar la discordia civil». Antes de montarse en el avión, a las 9,35h, Sánchez llamó por teléfono a Ada Colau para trasladar el «apoyo y la solidaridad» del Gobierno a la ciudadanía de la ciudad.

A las once de la mañana, Sánchez llegaba a la a Jefatura Superior de Policía de Cataluña junto al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. «En estos momentos es muy importante garantizar la moderación que representan las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para así garantizar esa convivencia que ahora mismo está puesta en cuestión. Yo creo que sois un ejemplo de profesionalidad y de vocación de servicio público, algo que estos últimos años se ha menospreciado en algunas ocasiones por la opinión publicada, no la opinión pública. Para aquellos que creemos en el servicio público y que tenemos vocación de servicio público es un orgullo poder compartir con vosotros este rato y sobre todo trasladaros palabras de agradecimiento, reconocimiento y solidaridad, de apoyo y sobre todo de ánimo porque no estáis solos, hay muchísima gente que a vuestro lado», aseguró a los mandos policiales.

«Es verdad que la crisis no ha acabado, tenemos que persistir, ellos probablemente quieran persistir, cronificar esta crisis, pero nosotros somos mucho más persistentes y mucho más cabezotas», añadió, según el vídeo transmitido por Moncloa, que informó de que Sánchez ha reconocido el salto de violencia radical con el que se han desarrollado numerosas protestas estos días.

«A mí me emocionó mucho a lo largo del fin de semana ver cómo había ciudadanos que se acercaban aquí hasta la Jefatura de Policía para depositar flores, ramos de flores y trasladar así el profundo agradecimiento de la sociedad a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado», ha explicado en otra de las reuniones con mandos policiales.

Tras destacar que allí había agentes procedentes de Madrid, Galicia o Andalucía, Sánchez ha asegurado que ese despliegue demuestra que «ha habido un trabajo de previsión silente» de la Guardia Civil y de la Policía Nacional que no se ha conocido hasta que han estallado los altercados. En ese sentido, ha celebrado la coordinación de ambos cuerpos con los Mossos y les ha agradecido sus «jornadas maratonianas» y el hecho de que doblen turnos para actuar sin apenas descanso.

«Es evidente que los radicales y los violentos han decidido que Barcelona sea el teatro de operaciones para trasladar fuera y también al conjunto de la sociedad española su contestación y para convertirlo en algo mucho más extraordinario de lo que ya es», ha explicado Sánchez, para agradecer la «entrega» de los agentes.

Acto seguido, el presidente acudió a los hospitales Sagrat Cor y Sant Pau para visitar a algunos antes heridos, donde fue increpado por los propios trabajadores sanitarios de los centros. Sánchez fue despedido de su visita al hospital Sant Pau al grito de «fuera, fuera», «libertad presos políticos» e insultos como «desgraciado» o «cabrón» que coreaban decenas de personas, entre manifestantes y trabajadores del propio hospital. En Sant Pau se agolpó un grupo trabajadores y manifestantes independentistas para realizar un escrache contra el líder del PSOE, al que increpaban con pancartas en que se pedía la «libertad de los presos políticos».

Tras ese rato incómodo que ha tensado al servicio de seguridad del presidente, Sánchez ha abandonado Barcelona en torno a las 14 horas.