Política

Rivera pone su cargo a disposición de los militantes tras hundir a Cs hasta los 10 diputados

Los naranjas han tocado fondo con tan sólo 10 diputados y el 6,79% de los votos, que ha llevado al partido a pasar de tercera a sexta fuerza política

Rivera y Villegas, en la noche del 10-N. EFE

Noche negra para Ciudadanos. Sin presentar su dimisión tras la debacle electoral, el presidente liberal, Albert Rivera, ha puesto su cargo a disposición de la militancia esta misma noche, después de que las urnas sentenciasen prácticamente a muerte a los naranjas: logran sumar sólo 10 escaños, lo que les relega a sexta fuerza política por detrás, incluso, de Vox, Podemos y ERC.

Cuando la debacle ya era palpable, el líder naranja se reunía con el núcleo duro del partido en la cuarta planta de la sede de Ciudadanos en Madrid, justo antes de comparecer ante los medios de comunicación para anunciar la reunión de la Ejecutiva Permanente «urgente» este lunes previo paso de la celebración de un congreso extraordinario para que sea la militancia la que decida el «nuevo rumbo» del partido.

En su primera comparecencia tras constatarse la debacle, Rivera no ha aclarado, no obstante, si se presentará o no para tratar de revalidar su cargo al frente del partido ante las bases del partido.

«No me metí en política para tener un escaño, sino porque amo a España y la libertad», explicaba un Albert Rivera al frente de una cúpula naranja desolada, asegurando que no tomará el camino del «resto de líderes políticos» que atendiendo a una derrota no pone su cargo a disposición del partido. «Yo no estoy hecho de esta pasta», zanjaba.

Ya durante la campaña, Rivera anunció que no se aferraría al sillón y que, si se confirmaba el desastre, sería la militancia la que decidiese su futuro político, con Inés Arrimadas como la dirigente mejor situada para heredar un partido sumido en el desastre.

Lo de esta noche y tal y como ha especificado su líder, Ciudadanos ha experimentado «un mal resultado sin paliativos ni excusas». Los naranjas pierden cerca de tres millones de votos y 47 escaños, logrando atraer a tan sólo el 6,79% de los votantes naranjas. Los semblantes de la cúpula naranja eran radicalmente distintos hace siete meses, cuando la euforia se apoderaba de la sede de Alcalá, 253 después de conseguir 57 diputados y casi el 16% de los votos, el mejor resultado de su historia.

El naufragio pone de relieve otra consecuencia necesaria: pierden representación en la mayor parte de los territorios donde tuvieron representación el 28 de abril, y sólo resisten en Madrid, Andalucía, Comunidad Valenciana y Cataluña.

La mitad de la cúpula se queda sin asiento en el Congreso de los Diputados, entre ellos el secretario general del partido, José Manuel Villegas; el diputado por Toledo, Juan Carlos Girauta; o el secretario de Organización, Fran Hervías.

La intransigencia con el ‘sanchismo’ y la criticada deriva a la derecha llevó a los de Rivera a perder la oportunidad de formar un Gobierno estable de 180 escaños (123 del PSOE más los 57 que obtuvieron entonces los naranjas) y reclamar parcelas de poder para, una vez convocadas las elecciones, levantar el cordón sanitario al dirigente socialista arguyendo la situación «extraordinaria» ante la que se encontraba España con la repetición electoral y la situación de bloqueo.

Los naranjas concurrían el 10-N con la estrategia de volver a ser partido bisagra, con el compromiso del desbloqueo como principal promesa electoral, bien a izquierda desde la oposición o bien a derecha. Ante los malos presagios que daban las encuestas Rivera insistió en las últimas semanas en la necesidad de llevar a término una gran coalición entre PP, PSOE y Ciudadanos.

Pero la cifra de 10 escaños deja a Ciudadanos en el peor de los escenarios posibles: la irrelevancia en el tablero político, pues con este resultado se ve obligado a abandonar uno de sus pilares fundacionales: el de partido bisagra y pieza clave para el desbloqueo, que hoy sustituye por la irrelevancia política.

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